Van Morrison: ¡72 años y tres nuevos discos en siete meses!

Decididamente, Van Morrison es un león, un fiero león, un fértil león discográfico. Ahí es nada, con 72 años, tres álbumes nuevos en tan solo siete meses. Ni en los tiempos de los Beatles o los Rolling, cuando la fecundidad discográfica de aquellos grandes, pese a compromisos de todo tipo, giras e insanos hobbies personales, salían con un disco nuevo a cada dos por tres, ya fuera un single, un EP, un LP e incluso una película. Pero nunca tres álbumes en tan escaso tiempo, como acaba de hacer el irlandés.

Que la cifra se desbordaría aún más si se considera que hace un año exactamente se exhumaron al completo, en un triple CD, las azarosas grabaciones que hizo para el sello menor neoyorkino Bang del malvado Bert Berns, es decir, sus primeras grabaciones en solitario, tras dejar atrás a los Them, de las que salió el escuchimizado pero no menos jugoso ‘Blowin’ Your Mind!’ (ah, allí estaba ‘Brown Eyed Girl’). En resumen: cuatro entregas en solo un año, que se engordan con un DVD reciente con dos conciertos de 2016: uno, en el teatro londinense de la BBC; y otro, en la mítica Cyprus Avenue, o sea, en plena calle, de su Belfast natal. ¿Quién da más? Y a su edad.

Este viernes ha puesto en las tiendas ‘You’re Driving Me Crazy’, su álbum número 39, que, parafraseando el título, es para volver loco de contento a cualquier fan suyo: ahí es nada, ahogarle con remesa tan copiosa de material, y encima tan exquisita, con los precedentes ‘Roll With The Punches’ luciendo brillos del blues más genuino y ‘Versatile’ haciendo lo mismo pero en el terreno del jazz. Y anteayer, esta perla.

Perla, por cierto, sorprendente por cómo se ha fraguado: nada de años dentro de la ostra, sino tan solo dos días para brillar. Algo no milagroso, que estas cosas no son sobrenaturales ni producto de truculencia alguna, sino fruto del oficio, obra de grandes con el trasero pelado por los años y la destreza en la profesión.

Lo ocurrido es que, en ese incansable e imbatible camino laboral que lleva el autor de ‘Astral Weeks’, se puso en contacto con Joey DeFrancesco, eligió un listado de piezas entre ajenas y propias, y junto al mismo cuarteto de DeFrancesco, sin ensayo previo alguno, todos se metieron en un estudio de Sausalito y en dos tacadas sacaron adelante este fulgurante disco que, como el mismo Morrison –¡albricias, ha hablado!; poco y escueto pero lo ha hecho- ha confesado al New York Times, se tardó más en mezclarlo que en grabarlo, y es que así era como, según él, y no le falta razón, se grababan los discos antaño. Ni una de las 15 canciones que componen el disco necesitó más de dos tomas. Salieron, tal cual se escuchan ahora, a la primera o la segunda. Lo que visto así parece un prodigio; mas con tipos, como digo, con el trasero pelado en el oficio, nada de nada, es como encargarle a un veterano carpintero un taburete para el cuarto de baño. Lo tienes en un plis plas.

DeFrancesco es un consumado experto en el Hammond B-3, instrumento de cuyo sonido es hoy su mejor valedor y depositario, no en vano aprendió al dictado de su ídolo Jimmy Smith. Pero no solo eso, tocó y grabó con Miles Davis, quien al verlo en un show televisivo se quedó tan deslumbrado que se lo llevó de gira y luego lo fichó para tocar en ‘Amandla’ (1989). De ahí le viene que aprendiera a tocar también la trompeta al estilo Miles, y muy solventemente, como bien puede comprobarse en la espléndida ‘Magic Time’ de este disco. Morrison dice que es un músico excepcional y con el que ha congeniado estupendamente. No extraña: es la primera vez que al huraño león se le oye reír e incluso hacer exultantes comentarios de aprobación al final e incluso en medio de alguna pieza.

Otra razón para la rapidez con que se grabó es que se echó mano de siete piezas del repertorio del irlandés, en tanto que el resto son piezas que todo jazzista o bluesmen conoce: desde la celebérrima ‘Everyday I Have The Blues’ a estándares de Cole Porter, John Mercer, Ray Charles, Eddie ‘Cleanhead’ Vinson… y la que da título al álbum, ‘You’re Driving Me Crazy’, una pieza que el cantante de los años 20, Walter Donaldson, compuso y cantó entre las decenas de piezas que fabricó a lo largo de su carrera, especialmente desde que empezó a trabajar en la editorial de su amigo Irvin Berling. Sinatra, Billie Holiday o Louis Armstrong cantaron este ‘You’re Driving Me Crazy’ que aquí recrean Morrison y compañía bajo los patrones más preclaros del swing; y disfrutando, como puede comprobarse en los mismos gritos de asentimiento de Morrison en mitad de la pieza. Insólito en el hosco león.

De las piezas propias de Morrison, el catálogo se centra en una selección se diría que aleatoria, que lo mismo que es esta podía haber sido otra sin dificultad: cualquiera de su repertorio blues-jazzístico, que no es precisamente corto, sería válida, y cuando no, se encuadra en ese formato lo mete en marco y punto, caso de ‘The Way Young Lovers Do’, del cimero ‘Astral Weeks’, que aquí pasa de ese curioso espacio swing-latino-pop-rumbero al bop más burbujeante. ‘Goldfish Bowl’ viene del álbum ‘What’s Wrong With This Picture’ (2003); ‘Evening Shadows’, de ‘Down The Road’ (2002); ‘Magic Time’, con un magnífico solo de trompeta arrancado a Miles Davis, daba título al álbum de 2005; ‘Have I Told You Lately?’ es de ‘Avalon Sunset’ (1989); el instrumental ‘Celtic Swing’ es de ‘Inarticulate Speech Of The Heart’ (1983); ‘All Saint Days’ viene de ‘Hymns To The Silence’ (1991) y finalmente ‘Close Enough For Jazz’ está encartada en ‘To Long In The Exile’ (1993).

Con este disco, Van Morrison retoma el rumbo del jazz y el blues que mamó desde jovencito y en el que, tras una larga discografía y aperturas diversas a otros géneros como el folk, el rock, el pop o el soul, ha vuelto a concentrarse por completo, tal y como muestra en sus dos álbumes precedentes, los citados ‘Roll With The Punches’ y ‘Versatile’. El plus añadido en esta entrega es la inclusión del órgano. Volver a escuchar blues con el Hammond B-3 bien presente, y a cargo de un maestro actual del instrumento como Joey DeFrancesco, es remitirnos a discos míticos no ya de Jimmy Smith, que por supuesto, sino a los de Brian Auger y sobre todo a aquellas gloriosas ‘supersessions’ de Al Kooper junto a Stephen Stills y Mike Bloomfield de 1968 o a sus Blues Project. Ah, y conviene no olvidar la radiante presencia de la hija de Morrison, Shana, que luce palmito vocal en dos duetos, especialmente en el cálido ‘Have I Told You Lately?’

Vale, es música una y mil veces oída, trilladísima, pero quién le pone peros, por ejemplo, a un Boticelli por muy arcano y visto que sea. El arte es arte antes, ahora y después. Y más si sale de manos de grandes maestros y doctores en la materia, como es el caso. ¿O hay que pedirle a Van Morrison, como esos pelmas que tienen crucificado a Mick Jagger, que lo deje por añoso y viejo? Ya, ¿y si le apetece?, ¿y si sigue porque se encuentra en forma?, ¿y si no se arrastra en el escenario, sino al contrario?, ¿y si la voz sigue intacta? Pues eso, larga vida. Por cierto, en junio, el fiero león irlandés, el yayo más increíble y productivo del rock, encabeza el cartel del Azkena vitoriano. ¡Qué añadir!

Esta entrada fue publicada en Internacional. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *