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Recuerdos y recortes de periódico del tejido comercial del Gancho de Zaragoza

Varios comerciantes regresan a su infancia para caminar por la calle de San Pablo y aledañas, donde ya sus antecesores regentaban negocios.

Un montón de amarillentos recortes de periódico encuentran morada en una carpeta de cartón azul. Hablan de la vida comercial de la calle de San Pablo y aledañas en décadas pasadas. Las páginas de reportajes de HERALDO, Aragón Exprés o El Noticiero y los anuncios de tiendas que poblaban el barrio son el detonante de una explosión de recuerdos para herederos de algunas de las sagas de comerciantes de la calle. Por sus venas corre sangre comercial y en el Gancho encuentran su cuna.

"Madre mía", repiten una vez tras otra con el cartapacio abierto. Los hermanos Luis y Joaquín Monter, Andrés Gil o Juan Carlos Perdiguer regresan a sus años de calcetines altos y pantalón corto para encontrarse con las calles de su infancia. Definen el barrio de los 60 y 70 como un "hervidero de gente" que acudía a comprar desde otros puntos de la ciudad y también de fuera de la capital aragonesa, ya que en las inmediaciones había paradas de autobuses de barrios rurales y localidades cercanas.

"Esto era El Corte Inglés de Zaragoza"

"En la calle estábamos surtidos de todo", defiende Luis, de Muebles Monter. "Esto era El Corte Inglés de Zaragoza", añade al vuelo Andrés, uno de los herederos de las míticas 'palomitas del Pilar'. "Aquí lo único que no vendían eran coches, el resto de todo", apoya Juan Carlos de las centenarias Bodegas Perdiguer, un emblema del barrio. En el "corazón del Casco Viejo", como lo califican, el tejido comercial era diverso. En ambas aceras de la calle se podían encontrar hasta una centena de comercios de los más variado, casi tantos como números, como reflejó Ramón Perdiguer en el libro 'El barrio de San Pablo. Origen del comercio zaragozano'. Ultramarinos, tiendas de ropa, bares, lecherías, bodegas, negocios de hielo -donde los detallistas del Mercado Central compraban las barras para sus puestos-, una juguetería en la esquina de San Pablo con César Augusto, carbonerías, panaderías, pastelerías, dos churrerías o la botería Ramón Abadías que más tarde regentó Martina. También recuerdan una tienda de turrones, dos de lámparas y varias de muebles, un sector con arraigo en el barrio. "En la plaza había una de telas: en verano y en invierno, Retales Corrochano", interrumpe Gil. Estos vecinos forman parte de la Asociación de Comerciantes Casco Antiguo Sector Mercado -que en la actualidad preside Nacho Nieto, del Hotel Avenida y sobrino de Jesús Hernández, fundador de la entidad-, un colectivo que llegó a englobar a unos 200 socios. 

Algunos comerciantes de San Pablo, herederos del germen comercial del barrio.
Algunos comerciantes de San Pablo, herederos del germen comercial del barrio.
Francisco Jiménez

Cada día también levantaban la persiana la tienda y taller de bolsos de José Luis Berdejo -que ahora continúan su hijo Carlos y su nieta Marimar en Matías Carrica-, un par de imprentas, una tintorería -que estuvo abierta hasta hace unos años-, perfumerías o carnicerías y pescaderías que incluso abastecían al Ejército. Además, Monter recuerda un taller de joyería que se emplazaba en un pequeño habitáculo del patio del 19-20. Tanto Luis como el resto de comerciantes hablan de los números de la calle como si los llevasen escritos en la palma de sus manos. Monter hace memoria y resalta el entramado comercial que se trazaba en los pisos del barrio. Recuerda sastres, peluquerías, familias que fabricaban caramelos, otros que forraban tacones de zapatos o practicantes.

El pasado comercial del barrio de San Pablo no solo en los recuerdos de sus vecinos, también en el nombre de sus arterias: Aguadores, Cereros o de las Armas. Multitud de profesionales encontraron en los talleres y locales de este barrio una escuela de formación, los aprendices.

Los que estaban siempre al pie del cañón, día y noche, eran los hoteles, como el Bilbaíno, en César Augusto -actualmente el Avenida-, el Hotel París Centro -también de larga tradición aunque con otros nombres- o justo enfrente de este la Posada de las Almas. Este establecimiento, que data de 1705, aparece en ‘Episodios Nacionales’ de Benito Pérez Galdós y en sus habitaciones se han alojado Goya, Palafox o don Juan Carlos I cuando era cadete de la Academia General Militar, tal y como referencian en el mencionado libro.

El trazo comercial también se dibujaba por las calles vecinas, como en las desaparecidas Cerdán y Escuelas Pías -la actual avenida de César Augusto, donde los porches del Mercado jugaban un importante papel- o Torrenueva. Joaquín Monter abrió la tienda de muebles en la calle de Echeandía en 1968. Ahora esa vía es un conjunto de solares, un potrero y la espalda de varias casas de la zona que miran a calles más anchas. No era el único comercio dedicado al mobiliario que se podía encontrar allí, eran necesarios los dedos de dos manos para contarlos. "También había un señor que arreglaba camas, así que eran artesanos muy curiosos y tres tiendas de efectos militares", rememora Luis Monter, hijo de Joaquín.

Encontrar un local en la misma calle de San Pablo era una ardua misión hace unas décadas. "Mi padre estaba loco por abrir un local aquí y en aquellos año no había manera, era imposible. Todas las tiendas funcionaban", sostiene Luis Monter. El padre de Manuel Baños, de Almacenes Moncayo, tras una etapa en el Coso buscó instalarse en "la mejor zona comercial de Zaragoza en los años 60. Todas sus relaciones le marcaban hacia el Gancho".

Algunos comerciantes de San Pablo, herederos del germen comercial del barrio.
Algunos comerciantes de San Pablo, herederos del germen comercial del barrio.
Francisco Jiménez

"Recuerdo San Pablo como un auténtico hervidero de gente, sobre todo en Navidad. Me vienen a la cabeza las filas en el negocio de mi abuelo, donde llegaron a trabajar hasta 21 personas", cuenta Andrés. Él es nieto e hijo de Primitivo Gil y, por tanto, pertenece a la tercera generación de los Gil que hace patatas y palomitas. Tras el logo del niño apoyado en un gran cacahuete se esconde la historia familiar y también parte de la del barrio.

"Era una calle de muchas tiendas y de muchos amigos, porque la gran mayoría estudiamos en los Escolapios y hacíamos la vida aquí, teníamos de todo", coinciden estos compañeros de infancia. El crecimiento de la ciudad supuso un punto y aparte para este barrio. "El nacimiento del Actur repercutió. Las viviendas del barrio no cumplían con todas las comodidades y el comercio se debilitó con la aparición de las grandes superficies", considera Monter. Manuel Baños es más crítico: "El mayor problema es que las administraciones no han se cuidado de dinamizar y macizar el Gancho". Baños, presidente de la entidad hasta hace unos años, señala al tranvía como uno de los culpables de esta situación. "Las paradas de autobuses nos dejaban 2.500 personas a la hora y con el tranvía no llegan a 400", recrimina el comerciante de Almacenes Moncayo.

A pesar de la "decepción" y "frustración" que siente Luis al ver la calle en la actualidad, se muestra optimista porque ve una "regeneración" del barrio con la construcción de nuevos edificios que han llevado a familias jóvenes.

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