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Las artesanas de gafas de Zaragoza y el amor ciego por su oficio

Las hermanas Grao continúan dando vida al taller de su padre y ofrecen las gafas artesanales en una tienda del centro de la capital aragonesa, junto a una amplia gama de bisutería de Gayoso.

Hay modelos de gafas que no se olvidan, como las de Audrey Hepburn en 'Desayuno con diamantes'. Pueden ser de mariposa, hexagonales, de ojo de gato o de estilo cleopatra, entre otras. Dan una dosis de personalidad, aunque popularmente no gozan de una buena fama. Lo del "cuatro ojos" ha hecho mucho daño. Las zaragozanas Isabel y María José Grao llevan gafas y con mucho orgullo a la par que estilo, nada de lentillas.

Desde que son niñas se han criado entre gafas y en la actualidad hacen gafas de forma artesanal. Su padre, José Grao, comenzó el oficio de 'gafero' -como lo denominan- y se lo transmitió como un preciado y valorado legado. "Emocionalmente, sentimentalmente, significa mucho poder continuar con lo que nos enseñó mi padre", dice María José. "Es un orgullo tremendo. Además, tenemos amor hacia nuestro oficio, es la mejor herencia de nuestro padre. Su formación es un tesoro", coincide su hermana Isabel.

Algunos de los modelos que se pueden encontrar en el comercio Grao-Gayoso.
"La gente demanda originalidad, un producto diferente, hecho con cariño y de calidad"

Tomaron el testigo y pisaron fuerte en plena movida. "Hacíamos disparates y se vendían de maravilla", rememora Isabel, que aprovechaba la maestría de su padre en el oficio para crear tendencia. Una tendencia ante la que ha parpadeado hasta Martirio, clienta de estas hermanas desde hace tiempo. "La gente demanda originalidad, un producto diferente, hecho con cariño y de calidad… las claves del comercio de proximidad", cuenta María José Grao. Hace 8 años que esta firma de gafas, lupas y bisutería dio el salto a las calles de la ciudad: se instalaron en el concurrido paseo de Fernando el Católico de Zaragoza, donde ofrecen más productos de moda, la mayoría artesanales.

María José Grao en la tienda de Zaragoza.
María José Grao en la tienda de Zaragoza.
Toni Galán
"La gafa es probar, probar, probar, probar…¡probar un montón!"

"La gafa es probar, probar, probar, probar…¡probar un montón!", sostiene María José. Conoce bien el producto y aconseja a las clientas, tanto en cuestión de estilo como de técnica, apuntando pequeñas correcciones para que la gafa ajuste mejor. "Yo no soy capaz de decirle a alguien que le queda bien una gafa cuando no es así", manifiesta con sentimiento de franqueza. María José es el último eslabón de una cadena que comienza en Torrero, la punta del iceberg.

Isabel Grao en el taller de gafas artesanales de su padre, en Zaragoza.
Isabel Grao en el taller de gafas artesanales de su padre, en Zaragoza.
Guillermo Mestre

En una parcela de ese barrio se esconde un templo para los ojos. De una de la paredes, custodiado por San Pancracio, hay una pequeña fotografía donde aparecen retratados tres hombres: "Es mi padre con unos amigos". Isabel no recuerda cuándo empezó a trabajar en el taller junto a su con su progenitor, no obstante, hace memoria y calcula que hará unos 40 años.

"Los talleres tienen un alma especial"

"Los talleres tienen un alma especial", asegura Isabel y el de Grao Gayoso tiene el espíritu de su padre, de José. De él cuentan que era ajustador y "el típico manitas". En la pequeña pocilga donde sus padres criaban cerdos montó el taller y construyó cada máquina. Allí atendía a los vecinos del barrio y "les hacía precio". La "inquietud y necesidad" le llevaron a fabricar gafas de forma artesanal, en una época en la que "se trabajaba a mano", recuerda Isabel. Después de terminar la jornada en sus empleos acudían a este rincón de Torrero, donde trabajaban hasta las tantas de la madrugada.

Taller de gafas artesanales de Grao Gayoso, en Zaragoza.
Taller de gafas artesanales de Grao Gayoso, en Zaragoza.
Guillermo Mestre

Encima de la mesa todavía están las gafas de José, esas que utilizaba para fabricar molduras con precisión. En las estanterías del taller están las cajas de cartón tal y como las dejó su padre, etiquetadas con su letra. Algunos de esos modelos se han convertido en clásicos, con algunas remodelaciones, pero, por lo general, cada año estrenan nuevas colecciones. "Haces mil dibujos para diseñar unas gafas", resalta Isabel. Primero las dibuja en papel de vegetal, para después pegarlas en una plancha de acetato y más tarde cortarla con una fresa y se redondean, entre otros procesos. "Pasan por todas las máquinas", destaca. Tras dos días -"y con suerte"- las gafas están terminadas. Sin embargo, en ocasiones requieren modificaciones: "La gafa terminada es simétrica, pero nosotros no somos simétricos".

La materia prima, acetato que proviene de Italia, les permite esa adaptación. "Es el único plástico sintético de origen natural, hecha a base de celulosa, algodón y maderas", explica Isabel, quien también menciona que antes eran de celuloide.

"¡Los 80 fueron un filón! La creatividad era desbordante"

Junto a las gafas, la bisutería es otro fuerte de esta firma. Al frente está Javier Gayoso. "Cuando conocí a Isabel yo era un joyero hippy. ¡Los 80 fueron un filón! La creatividad era desbordante", rememora con nostalgia. Fue entonces cuando en las gafas de este taller zaragozano empezaron a aflorar los detalles metálicos. Con meticulosidad ordena las diminutas piezas que corta gracias a una máquina de control asistido para ordenador y suelda con acetona. Es un puzzle que convierte en joya.

Javier Gayoso en el taller donde hace bisutería, en Zaragoza.
Javier Gayoso en el taller donde hace bisutería, en Zaragoza.
Guillermo Mestre

Cuarenta años más tarde, ese "joyero hippy" diseña unas dos colecciones al año y hace gala de su vena artística en la tienda de la capital aragonesa y de todo el mundo, a uno y otro lado del charco. Por ejemplo, se venden en museos de Madrid, Barcelona y otras ciudades europeas.

Tras la primavera, la acogida fue "muy buena", tal y como señala María José en la tienda de Grao Gayoso. Hasta el 23 de diciembre estarán en la Feria de Artesanía de la Sala Multiusos de Zaragoza mostrando sus trabajos, justo hasta un día antes de Nochebuena. Papá Noel lleva gafas en la cara, tal vez también un vale por unas artesanales en el saco. María José dice que, al igual que los Reyes Magos, es un asiduo a la tienda. Desean que este año también les visiten.

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