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Las mercerías, entre la afición a las labores y la confección de mascarillas

La pandemia ha traído a nuevo público a las mercerías, en muchas ocasiones negocios generacionales. Estas tiendas han aumentado su oferta con la confección de mascarillas y el interés por las labores.

Las cintas métricas pegadas bajo el cristal del mostrador de las mercerías suman kilómetros de gomas medidos. Los muebles de hilos y las cintas de bies brindan una amplia gama de colores. El sonsonete de la máquina de coser marca el ritmo en algunos de estos establecimientos. Y las cajas de botones que se lucen en las estanterías han visto a varias generaciones de dependientas y clientas.

"Las mercerías tienen algo, tienen encanto, magia"

"Las mercerías tienen algo, tienen encanto, magia", coinciden a uno y otro lado del mostrador. Se encuentran los cierres, corchetes, tijeras, dedales o imperdibles de siempre, junto a innovadores productos que irrumpen en el mercado. Lo que no cambia es el trato personalizado. "Atendemos como si fuera para nosotras", repiten. Dan soluciones ante problemas, guían labores y aconsejan frente a dudas, como se puede comprobar con tan solo permanecer unos minutos en este tipo de establecimientos. También apuestan por la calidad de sus productos. "Te vienen porque las agujas de los bazares orientales se rompen, se doblan o se oxidan. Nuestros alfileres son buenos y nuestros hilos ni destiñen, ni les sale pelusilla", insisten.

La pandemia ha cambiado la vida de las mercerías de cierta manera. Se ha introducido nuevo género a la par que se han retomado labores de siempre, pero que muchos no habían hecho nunca. Según coinciden en varias mercerías de Zaragoza, se ha incrementado la demanda de tela de Panamá para punto de cruz, hilos para bordar, ganchillos, lana para punto o materiales para bolillos. Los tutoriales de Youtube han impulsado que un nuevo público se inicie en este tipo de manualidades. Junto con las fieles parroquianas, ahora acuden a las mercerías chicas cada vez más jóvenes y hombres en busca de productos concretos, esos que se recomiendan y utilizan en los vídeos. En las últimas semanas, con un nuevo confinamiento en la boca de la sociedad, estas tiendas han percibido más interés por todo lo relacionado con las labores.

Silvia Sánchez, en la mercería fundada por sus padres, Novedades París.
Silvia Sánchez con el muestrario de bies.
Oliver Duch

"Se está más horas en casa, en especial señoras mayores, y se ha notado un incremento del interés por todo este tipo de manualidades", sostiene Silvia Sánchez, de Novedades París, en la calle de la Torre Nueva de la capital aragonesa. En Ibarra, además de lo habitual, también piden productos de mercería para decorar álbumes de 'scrapbook', amigurumi -muñecos de punto- o botones para pulseras y anillos. "Ahora hemos introducido el macramé, que nos demandaban mucho", manifiesta Agustina Mallada, desde hace tres años al frente de este negocio de la calle de Las Vírgenes.

"Hemos conseguido mantenernos por las mascarillas"
Agustina Mallada, junto al mueble de bies de su mercería.

A pesar de ese interés por las labores, las mascarillas les han dado un "fuerte empujón". "El repunte de la mercería básica ha estado dirigida a la producción de mascarillas", apuntan en Novedades París. El aumento ha sido tal que se vieron obligadas a ampliar su abanico de telas: "Antes teníamos menos, para labores para bebés, pero ahora hemos comprado de fantasía y la gente viene periódicamente para preguntar por las novedades". Sánchez, la segunda generación de la familia que regenta el negocio, es clara: "Hemos conseguido mantenernos por las mascarillas, porque hemos perdido la Semana Santa y las fiestas regionales, no solo de Zaragoza sino también de los pueblos". "Y también se han suspendido las recreaciones históricas – apoya Mallada-. Así que las mascarillas son una muy buena ayuda". Por ejemplo, en Ibarra empezaron con dos colores de goma para mascarillas y ahora ya tienen dieciocho carretes diferentes. "Ya ni las recogemos en el cajón", ríen.

Ana y Belén Morales, de mercería Emperador.
Ana y Belén Morales, de mercería Emperador, este verano.
José Miguel Marco

Una bandeja del mostrador de la Mercería Emperador está dedicada en exclusiva a las mascarillas. Gomas, detalles de fantasía para decorarlas o piezas para ajustarlas. "El primer día que abrimos teníamos fila", recuerda Belén Morales. Como en el resto de mercerías, han percibido cómo ha cambiado la demanda, por ejemplo, ahora se compran bobinas de hilo con más metros que antes. Morales ama su trabajo y en la Mercería Emperador se nota el trato personalizado. "Es mi vida", sostiene esta comerciante de las Delicias. Su familia está dedicada al mundo de la mercería desde hace décadas y su madre abrió la tienda en la calle de Antonio Sangenís hace más de medio siglo.

Raquel García sigue la estela de su madre, en la mercería Ibarra.
Raquel García sigue la estela de su madre, en la mercería Ibarra.
HA
"Comentan que vienen a comprar el hilo de tal barrio y les digo que no, que lo compren allí, que luego se lamentarán de que cierran se mercería"

"Comentan que vienen a comprar el hilo de tal barrio y les digo que no, que lo compren allí, que si no luego se lamentarán de que cierran la mercería del barrio”, cuenta Mallada desde el centro de la ciudad. "Todas me dicen que por favor que no cierren las mercerías, que dónde irán a comprar el hilo. Mientras vengáis, estaremos", les responde Loli Artigas, de la Mercería Campillo de Las Fuentes. Mientras el hijo de Loli practicaba natación en la Alberto Maestro, ella encontró una mercería que se traspasaba y se lanzó a la piscina. En abril de 2021 cumplirá su primera década al frente de esta tienda, donde se vende también lencería, de la calle de Leopoldo Romeo que levantó su persiana en 1970. Artigas no ha conocido los años "eufóricos" del comercio, pero mantiene la ilusión y defiende el comercio de proximidad: "Si me piden algo y no lo tengo prefiero encargarlo para que no la compren fuera del barrio".

Loli Artigas en Mercería Campillo, en Las Fuentes.
Loli Artigas en Mercería Campillo, en Las Fuentes.
HA
"Un virus no va a tirar por tierra lo que tanto les costó sacar adelante a mis padres"

En algunas de estas mercerías recogen pedidos por Whatsapp. Novedades París, fundada en 1965, tiene mucha clientela de pueblos, personas que aprovechaban el viaje al Mercado Central para comprar sus labores. La venta por internet les permite servirles en la actualidad. Los padres de Silvia Sánchez le aconsejan que aguante y ella es clara: “Un virus no va a tirar por tierra lo que tanto les costó sacar adelante a ellos”.

Cuando se les pregunta por la continuidad familiar surgen los interrogantes. En Ibarra el relevo generacional está asegurado. Raquel García completó sus estudios en informática, pero ha decidido seguir el testigo de su madre y aprender tanto de ella como de las clientas. "Es algo diferente, que con el tiempo puede perderse. Para lo que yo he estudiado ya tendré trabajo, pero de momento quiero seguir con algo de toda la vida", afirma la joven. Ella es quien maneja las redes sociales. La mayoría de estos comercios han encontrado en Instagram y Facebook un escaparate donde mostrar sus productos y contar su historia.

El plano digital convive con las mercerías físicas. "Las fotos no permiten ver el color real ni el tacto", consideran en Ibarra. "Yo tengo la esperanza de que la gente siga viniendo al comercio de proximidad", confía Morales desde su mercería de las Delicias.

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