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Del pirulí a los Chimos, las lamineras reliquias en las tiendas de caramelos

Dulces Catalina o Caramelos Alcaine son algunos de los históricos templos para los "fieles" golosos de Zaragoza. No atraviesan una buena situación, pero confían en que mejore.

La infancia de varias generaciones sabe a Chimos, cuba-libre, Natas, piedras del río o a sardinas de chocolate. Los niños de antaño dieron inocentes caladas a cigarrillos -ahora llamados barritas- y puros de chocolate y también masticaron los Mastia. Las joyas no eran de metales preciados, sino de caramelo, como los anillos. Esos bocados de los años 70, 80 y 90 todavía se pueden encontrar en comercios especializados en la capital aragonesay comparten carameleras con gominolas veganas -elaboradas sin grasas animales- o con otras aptas para el ramadán.

La pandemia ha sido "un mazazo" para estas tiendas de caramelos, como para tantas otras. Los días previos a Semana Santa no vendieron los detalles para colgar en la palma del Domingo de Ramos ni monas de chocolate para Pascua. La pasada primavera no hubo celebraciones, como bautizos, comuniones o bodas, "un fuerte" del sector. El verano tampoco comenzó con las fiestas de fin de curso de los colegios en las que se reparten caramelos. Unos meses estivales con pocos turistas y sin campaña del Pilar. Halloween ha sido la última festividad, la última cuenta de este rosario, para la que solían vender dulces a colegios, particulares, urbanizaciones u otros comercios que los repartían esa tarde y noche. Ahora piensan en la Navidad.

Las típicas carameleras de Dulces Catalina.

"Suelo vender polvorones, turrones artesanos, guirlache… y también materias primas para hacerlos, como harina de almendra y obleas para los mazapanes caseros o anisetes para los guirlaches", cuenta Chayo Cerdán, al otro lado del mostrador de Dulces Catalina. Esta tienda del entorno de la plaza de San Felipe de Zaragoza abrió sus puertas hace 80 años, primero en la calle de Joaquín Gil Berges y ahora en Fuenclara. Han cambiado la ubicación -por unos metros-, pero los clientes son tan fieles a este comercio como a sus lamineros caprichos. Algunos compran lo mismo ahora que hace décadas con pesetas, ya sea para ellos o para regalar.

Dulces Catalina, una tienda especializada en caramelos desde hace 80 años.
Dulces Catalina, una tienda especializada en caramelos desde hace 80 años.
Guillermo Mestre

Otras de esas chucherías tienen que dar obligatoriamente para el recuerdo, porque se han dejado de fabricar, como las Virginias dobles -esas que eran dos pequeñas ruedas de frutas- o las gominolas de menta. "Dulciora ha cerrado y la ha absorbido Lacasa, que ha mantenido las Pikotas o los Gummys, pero no las lágrimas de menta o los gatos negros de regaliz", relata Cerdán. Los clientes las siguen pidiendo, estar solo unos minutos en la tienda lo demuestra. El empeño de esta comerciante por mantener estos dulces reductos es total: "Intento seguir trayendo los productos que siempre se han vendido, como los Piropo, un caramelo que tiene más de cien años".

"Las tiendas de caramelos no son para niños, es de adultos"

El público de estas tiendas es mayor, coinciden Cerdán y Miguel Ángel Roc, de Caramelos Alcaine, en la avenida de César Augusto. "Son personas que están internas en residencias, que tienen una hora pasa salir y no vienen", dicen ambos. Chayo, además, echa de menos a algunos clientes: "Desde marzo no les he vuelto a ver y eran fijos de todas las semanas". Esa fidelidad de la que habla se evidencia cuando un señor entra por la puerta y ella pone sobre el mostrador lo que iba a comprar, sin mediar palabra. "Ya iba a la otra tienda, cuando íbamos al Cine Fuenclara", admite con su bolsa de 'naranjicas' sobre la mano a la vez que recuerda que los comercios de proximidad son un “nexo” de la sociedad.

Caramelos Alcaine, en César Augusto desde 1926.
Caramelos Alcaine, en César Augusto desde 1926, en una imagen de archivo.
Guillermo Mestre

En la actualidad se ha cambiado el repiqueteo de los cinco duros en el mostrador por el 'click' en la página web o en las redes sociales, así Chayo ha conseguido atraer a un público más joven. "Gracias a Facebook he captado otro tipo de público, adultos que fueron niños en los 70 u 80 -cuenta Cerdán-. Además, alguna vez nos han pedido 'kits' con dulces retro para cumpleaños".

Dulces Catalina, una tienda especializada en caramelos desde hace 80 años.
Chayo ordena las frutas de Aragón.
Guillermo Mestre

Las celebraciones siguen siendo un fuerte para estos negocios, que a los detalles para los invitados ha sumado la organización de los 'candy bar'. "Cuando ya dijeron que se podían celebrar los reestructuramos porque ahora tiene que ir todo empaquetado. Antes se ponía un kilo de gominolas en un bote y ahora tienen que ir envasadas de dos en dos o de tres en tres. Eso ha incrementado el precio por la bolsa, pero no por la mano de obra, si tengo que estar dos horas más, pues estoy porque son momentos difíciles", señala Cerdán, que se arma de optimismo para asomarse al futuro. "Vamos respirando, saliendo la cabeza, como podemos", confiesan en Caramelos Alcaine, con personal en el ERTE.

"La compra diaria ha descendido después del confinamiento, estamos trabajando al 50% porque la gente tiene miedo a perder el trabajo. Si antes gastaban 10, ahora son 6 o 7", lamenta Roc. Este comerciante comenzó haciendo frutas y guindas y terminó poniéndose al frente de este negocio, que data de 1926. "Hay menos dinero, menos movilidad y menos de todo. Esto es alimentación, pero no de primera necesidad", añade desde este histórico comercio que comenzó siendo un colmado.

Estas dulces tiendas en el confinamiento

Durante el encierro de primavera permanecieron cerrados al público, aunque comenzaron iniciativas, como grabar vídeos para que la clientela supiera a través de Facebook los productos que había en la tienda, por si los querían encargar. "Para el Día de la Madre nadie podía salir y nos encargaron bastante detalles para mandar a las madres y también padrinos que quisieron obsequiar con una mona de chocolate a sus ahijados en Pascua", recuerdan en Dulces Catalina.

Tuvo una "buena aceptación", pero aun así la situación no "no es la mejor". "Tengo muchísimo que agradecer al dueño del local: me ha condonado el alquiler. Si no fuera por él, no sé si estaría aquí", se sincera Chayo Cerdán. "No compran y los gastos se mantienen -apostilla Ros en una conversación casi idéntica-, la vuelta no ha sido igual". Ni para las tienda ni para algunos caramelos, que han cambiado su envoltorio de sobre por el de mariposa para abaratar los costes. 

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