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El legado aragonés que viste sombrero

Empresas familiares y artesanos continúan el oficio de sombrereros en Aragón, una prenda de cabeza que cada vez se luce más en las calles.

Sombrerería Ararás, en la plaza de San Felipe de Zaragoza.
Sombrerería Ararás, en la plaza de San Felipe de Zaragoza.
Toni Galán

"En enero, bufanda, abrigo y sombrero". Al menos, eso dice el refranero popular. Las prendas de cabeza son aliadas en invierno para luchar contra el frío, pero también en verano, cuando crean sombra. Las fotografías en blanco y negro delatan una costumbre más arraigada hace unas décadas que en la actualidad para vestir este tipo de complementos, no obstante, en los últimos años -tal y como señalan los sombrereros- se ha retomado esta tendencia.

Aragón tiene un pasado sombrerero, que actuales artesanos y empresarios -en algunos casos sagas familiares- se aferran en conservar. En el censo de 1890 se detalla que había 58 sombrereros en la Comunidad y 22 en el registro de 1892. Esa cifra se mantuvo similar en 1901 y 1910, cuando se cifró en 27 profesionales en el sector. A partir de entonces el oficio fue en descenso, encontrando 18 artesanos en las páginas del censo de 1934. La mayoría de ellos se situaban en las capitales de provincia, por ejemplo, eran usuales los anuncios en la prensa que pedían aprendices para sombrererías de la ciudad de Zaragoza.

Destaca la tradición en un pueblo turolense: Tronchón. Esta localidad del Maestrazgo creó tendencia, tanto que algunos modelos de piel de conejo llevan su nombre. La manufactura sombrerera fue una de sus principales actividades desde el siglo XVIII hasta los pasados años 70 -"base de sustento", se definió en crónicas de HERALDO-. En la hemeroteca también se encuentran reportajes donde se cita que se trataba de negocios familiares, en los que trabajaban "cinco o seis mujeres y dos o tres hombres". El primer paso era limpiar la piel del animal para terminar con retoques, como la implantación de abalorios; un proceso de unas dieciocho fases en total.

Hace casi un siglo comenzó la vida sombrerera de una empresa zaragozana y a día de hoy la tercera generación -Abel, Ángel y Ana María Gabardós- continúan con la estela familiar. Sus padres, Antonio y Abelina, reabrieron Ángel Gabardós Galindo Sucesores con un taller en el barrio de San José. Ahora la fábrica se ubica en Plaza y la tienda en la plaza de Santa Marta de Zaragoza. En las estanterías se descubren gorras y sombreros de multitud de cuerpos de seguridad, entre otros estilos. "Fabricamos todo tipo de prendas de cabeza -aseguran-, salvo cascos".

Fotos históricas de Ángel Gabardós
Fotos históricas de Ángel Gabardós
Ángel Gabardós

Sus creaciones se pueden ver en coches patrulla, pero también sobre la pasarela, en películas, en recreaciones históricas, de procesión, en eventos deportivos o en tradiciones, como la tamborrada de San Sebastián. "Hacemos lo que nos pide el cliente", determina Gabardós. La pandemia también ha introducido nuevos productos, como mascarillas. Las realizan con todas las garantías, con tejidos homologados, puestos que se afanan en proteger antes que preservar su estética.

"La gente venía y nos pedía sombreros, así que nos dimos cuenta de que teníamos que volver a la venta de prendas de cabeza"

No es la única sombrerería familiar que se encuentra en Aragón, Ararás es otro ejemplo. Los antecedentes de este comercio se remontan a 1930 en Huesca, cuando se culminó el edificio en cuyos bajos se ubica. Estaba regentada por Candelaria Coarasa y unas décadas más tarde, en 1950, tomó las riendas Francisco Becerril y más tarde cedió el testigo a Pilar -madre de Javier Mate-. Él recuerda el negocio familiar, a sus tíos detrás del mostrador. Tras un periodo con la persiana abajo, Mate retomó el negocio como tienda de decoración. "La gente venía y nos pedía sombreros, así que nos dimos cuenta de que teníamos que volver a la venta de prendas de cabeza, eso que ya no se vendía hacía 20 años”, relata Javier.

Los primeros pasos de la nueva vida fueron con las propuestas más básicas, pero pronto sumaron modelos más sofisticados, tanto en la tienda física como la digital, una plataforma que está en continua actualización y que les ha permitido expandirse y abrirse a nuevos mercados.

En Huesca se emplazan en la calle de Ramiro II El Monje y en Zaragoza en la esquina de Torrenueva con la plaza de San Felipe. En ese mismo local ya hubo una sombrerería que cerró hace unos 6 años. Mate leyó un artículo en Heraldo.es que informaba del traspaso y se acercó. Descubrió que ya había pasado un tiempo de la publicación del reportaje y que entremedias había sido un despacho de pan, pero el local estaba disponible. De esta forma, los sombreros regresaron a este rincón de la capital aragonesa en octubre de 2019, donde se pueden encontrar productos de proveedores nacionales e internacionales.

"Además de dar estilo, abrigan"

"Hay gente que viene de paso y descubre de primeras, otros ya nos conocen y también hay quien que no sabe que está de nuevo en esta esquina. Te dicen que venían a la anterior con su abuelo, su padre…", relata Nilza Lucena, al otro lado del coqueto mostrador. En las estanterías lucen decenas de modelos, de otros tantos colores, de diversos tejidos y de un amplio abanico de precios. Lucena desconoce el número de sombreros que suman las columnas de estas prendas apiladas. "Además de dar estilo, abrigan. Hay un dicho que cuenta que el calor se va por la cabeza", considera Lucena.

Susana Corrochana, en su tienda de la plaza de San Pedro Nolasco.
Susana Corrochana, en su tienda de la plaza de San Pedro Nolasco.
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Esa expresión también se repite en otros negocios de la ciudad, como en Celeste & Cía, en la plaza de San Pedro Nolasco -junto a la calle de San Juan y San Pedro-. "Mi familia ha tenido siempre tienda de confección, empecé Bellas Artes e hice cursos de sombrerería", narra Susana Corrochana, entre tocados, pamelas, gorros y sombreros. Fieltro, tejido de sinamay, crin, tul o buntal son algunas de las bases con las que se trabajan en este taller, aunque también los realiza con telas concretas de vestidos para ir a juego. "El proceso depende del material, pero normalmente se moja y se le da productos para endurecerlos. Se ponen en hormas -dice mientras señala una hilera de ellas-, entonces se estiran y se moldean. Hay veces que tienes que teñir el tejido, otras no. El último paso es adornarlo".

"Zaragoza es una ciudad donde hace viento, frío, sol... es una ciudad perfecta para ir con sombrero"

Corrochana lamenta que la pandemia le ha afectado: "Mi fuerte son las bodas y los sombreros se pusieron de moda porque se celebraban en fincas y al aire libre. Sin embargo, desde marzo está bastante fastidiado". En cambio, este año ha vendido más sombreros de invierno, puesto que se hace más vida en la calle. "Había un poco de sentido del ridículo de 'no me pongo sombrero porque me parece que me miran'. Pero Zaragoza es una ciudad donde hace viento, frío, sol... es una ciudad perfecta para ir con sombrero", determina Susana.

"En cuestión de sombreros, la gente viene y se prueba, porque a lo mejor vas con una idea y luego te ves mucho mejor con otra. Entonces, es probar, probar y probar", recomienda Corrochana. La boina clásica ha sido un éxito este año, porque es fácil de llevar, al igual que los borsalinos. Susana se ha abierto a nuevas vías para vender, incluso, atiende a personas de fuera de Zaragoza a través de videollamadas de Whatsapp.

De Teruel, a las cabezas del cine y la televisión

Araceli Sancho, la sombrerera turolense que se ha creado un hueco en las series y películas españolas
Araceli Sancho, la sombrerera turolense que se ha creado un hueco en las series y películas españolas
A. S.

Araceli Sancho no da con su primer recuerdo de un sombrero, cree sería a través del cine. Lo que sí que tiene claro es que su primer sombrero lo compró en Londres. Tras una formación en filología inglesa se volcó en lo que dice que es su vocación: “La vida te va llevando”. Es valenciana, donde se atesora gran tradición sombrerera, por ejemplo, con Sombreros Albero, que tiene una sede en la Gran Vía de Zaragoza. En la actualidad, Sancho reside en Teruel, donde regenta una sombrerería, en la que vende sus trabajos artesanales. "Hace unos años, en Teruel había cuatro o cinco sombrererías. Hasta los años 50, casi nadie salía de casa sin sombrero", indica.

Tocados diseñados por Araceli Sancho
Tocados diseñados por Araceli Sancho
A. S.

Araceli hizo un curso de iniciación y luego algunos más especializados, pero defiende que hay que ser "muy autodidacta". El 100% de los trabajos de Araceli son por encargo y el 80% dedicado al espectáculo y al cine. Uno de los últimos trabajos ha sido la serie 'Dos vidas', de Televisión Española.

Esta artesana es una de las pocas profesionales que intenta preservar las técnicas. Pertenece a la Asociación Española de Sombrerería, entidad que tiene como objetivo preservar el oficio, una meta para descubrirse la cabeza.

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