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La carta de socorro de una orientadora de Huesca: "No hay recursos para atender a un crío al que le han tocado malas cartas"

Lola Giménez, orientadora en el IES Ramón y Cajal de Huesca, reivindica en un escrito enviado a los medios más recursos para evitar que estos menores "se pierdan" o caigan en la delincuencia.

Lola Giménez Banzo, orientadora del IES Ramón y Cajal de Huesca, se dirige al alumnado en el patio del recreo.
La orientadora Lola Giménez Banzo (de blanco, a la derecha), se dirige al alumnado en el patio del recreo.
L. G.

Lola Giménez Banzo lleva más de 20 años trabajando como orientadora en diferentes colegios públicos de Aragón. Su carta de socorro Salvar al alumno Juan, publicada en varios medios, defiende la importancia de invertir en Educación, Salud Mental y Servicios Sociales para que los chavales de familias desfavorecidas, a los que como ella dice "les han tocado malas cartas en la vida", puedan tener una oportunidad de mejora que subsane esas desigualdades de base. Cree en el poder transformador de la Educación para conseguirlo, pero subraya que hacen falta más medios que los actuales.

 

- ¿Cómo surge la necesidad de escribir esta carta y elevar así su malestar?

- La carta es como un compendio de diferentes situaciones que se viven continuamente en los institutos, en Educación y al trabajar con chicos menores. Nace un poco de la preocupación, de la falta de medios que se tienen en estos momentos. 

- ¿Se ha agravado por la pandemia?

- Sí. Nosotros vemos que las personas que trabajan con aquellos menores que no tienen la suerte de tener unas familias que estén pendientes, que estén fuertes y por la labor educativa, necesitan más recursos. Ante este tipo de situaciones entran a intervenir los servicios sociales de los Ayuntamientos, que siempre están faltos de personal y a raíz de la pandemia hay más dificultades de salud mental en los adolescentes. 

- ¿Cómo se detectan las necesidades que hay actualmente?

- En un primer momento, intervienen los servicios sociales de los ayuntamientos y de las comarcas. Y en un segundo momento, si ven que esos menores no pueden continuar y vivir con sus familias es cuando entran los servicios de protección de menores del Gobierno de Aragón, y aquí sí hemos visto que este año no se han sustituido bajas. Al contrario, es un servicio que está aumentando la problemática de los adolescentes y al que le faltan muchísimos medios de personal. Sabemos que son situaciones delicadas y que es difícil tomar la decisión de si ese menor continúa con su familia o pasa a un centro de acogida o a un recurso más especializado, pero sí que hemos notado que en la atención a menores del Gobierno de Aragón falta personal.

- ¿Qué dificultades presentan estos chicos?

-Todos estos menores suelen tener dificultades psicológicas y lo que existe en Aragón para atenderles a este respecto son las Unidades de Salud Mental Infantojuvenil, que están desbordadas. Tienen el mismo personal desde hace muchísimos años y necesitan psicólogos, enfermeras… porque no dan abasto. Las citaciones son para muchos meses y ven casos de anorexia, de riesgo de suicidio, de desbarajuste y otra serie de dificultades que hacen que los profesionales no lleguen, porque van al 150% de su capacidad. Vemos que en esta labor preventiva faltan recursos y estamos perdiendo a muchos jóvenes por eso.

"Faltan recusos y estamos perdiendo a muchos jóvenes por eso"

- ¿De qué medios disponen los centros educativos?

- En Educación antes había un orientador por instituto y ahora hemos pasado a ser dos. Los centros tienen más recursos para detectar dificultades pero el siguiente eslabón sigue con los mismos que hace años y ahí es donde se nos pierden los críos. Tendrían que tener más medios para eso. Hay menores desescolarizados que están paseando por Huesca en horario escolar y que cuesta encontrarlos y traerlos a los centros.

Estos chavales, que están en una línea roja, porque la calle lo que trae son consumos, necesitan ayuda. A más consumo, menor capacidad que tienen de seguir. Por eso fue la carta de socorro, porque vemos que se nos están perdiendo.

- ¿Cuáles son las situaciones más frecuentes?

- Observamos tanto consumo de drogas como chavales que están muy desmotivados en el ámbito escolar y se quedan en sus casas. Hay un servicio de absentismo que cita a las familias, pero las familias por esa falta propia de recursos que tienen y por las situaciones que han vivido no tienen la capacidad para hacer que sus hijos vengan a los centros. Faltan educadores que acompañen a las familias. Al final, tenemos un poco de todo: chavales que empiezan pronto con la calle, y la calle trae conductas delictivas: consumo, robos, vandalismo… Se escapan al cerro de San Jorge, por el barrio o por los patios de la zona de Torre Mendoza. Ellos tienen ahí su circuito y no tiene por qué estar relacionado con etnia gitana o con inmigración. A veces nos parece que se reduce a eso y no es así. 

- ¿Qué cree que falla en educación para que esto pase?

- El sistema educativo no termina de funcionar, no les engancha y si falta además esa autoridad y esa cercanía de alguien que les diga: 'Venga, al instituto', los perdemos y se están en casa, y entonces su futuro es muy negro y sin ninguna formación.

- ¿'Salvar al alumno Juan' habla de un alumno en concreto?

- Sí y no... Es una mezcla de varios de ellos. Hoy me he dado una vuelta por el instituto y los tres o cuatro habituales ya faltaban. Llamas a su casa, te dicen que no han llegado… Le escribo a la Unidad de la Policía y no siempre pueden pasarse. Llamaré a las familias, llamaré a absentismo, a la educadora… pero estamos un poco todos vendidos porque ninguno conseguimos llegar.

"Son todavía niños de 13, 14 y 15 años que si pusiéramos medios podríamos llegar a protegerlos y darles un futuro"

- ¿Cómo podría revertirse esta situación?

- Hace falta más personal en los Servicios Sociales; más personal en los servicios de menores del Gobierno de Aragón y en la Unidad de Salud Mental Infanto Juvenil (USMIJ). A nivel educativo, en los institutos, habría que intentar que haya algún programa diferente para esos alumnos a los que asignaturas como Lengua, Matemáticas y demás solo les suponen fracaso. Ellos ven que esas materias solo les hacen fracasar, y entonces rechazan este sistema. Para los que presentan trastornos de conducta faltan centros públicos donde atenderles. Hay alguno privado, pero poca intervención pública. Estos chavales ya los ves que ahora son menores, pero que el día que sean mayores su destino es la cárcel o los reformatorios, porque sus conductas de riesgo, de peleas, de consumos, de robos… les llevan a eso. Son todavía niños de 13, 14 y 15 años que si pusiéramos medios podríamos llegar a protegerlos y darles un futuro. Pero si no nos ponemos a ello, están vendidos a su suerte.

"Estamos en Huesca, que es una ciudad que con un poquito más de medios, reforzando todos los servicios podríamos llegar a todos los chavales"

- Se lo pregunta en su carta... ¿Llegaremos a tiempo de protegerlos?

(Suspira). Lo vemos día a día, y no hablamos de un Madrid o un Barcelona… Estamos en Huesca, que es una ciudad que con un poquito más de medios, reforzando todos los servicios podríamos llegar a todos los chavales. Todo es más fácil de solventar aquí, aunque la situación es común a otras localidades. Nosotros tenemos el Seminario Provincial de Orientadores, formamos nuestro grupo y compartimos todos un poco esa preocupación. También desde los sindicatos educativos. Estamos viendo que día a día se nos van escapando chavales del sistema, y que el sistema educativo no les convence porque ya vienen muy rotos y muy desbaratados. Esto es la gota que colma el vaso. El ver que llegamos a fin de curso y que no hemos conseguido hacer nada con los chavales, que la situación no puede continuar así, que Menores necesita más personal, que la Unidad de Salud Mental necesita más personal y que todo lo que es atención a la infancia necesita más recursos, porque no estamos llegando. 

"Se ha culpabilizado mucho a la calle, pero el encierro en casa ha sido demoledor"

- ¿Cree que es culpa de la pandemia el aumento del malestar en los jóvenes?

-Desde luego a raíz de la pandemia las crisis de ansiedad, que antes era algo totalmente ocasional, se han vuelto muy habituales. En los institutos, si detectamos una situación de riesgo de suicidio, todos los centros lo comunican a un servicio especializado de Educación que hay en Zaragoza y ese servicio hace un seguimiento. Se comunica a las familias y a Salud Mental Infanto-Juvenil. Más allá de estas conductas, los casos de chavales que se hacen cortes se han disparado en el centro. Se ha hecho viral y se ha vuelto costumbre que yo me encuentro mal y saco mi dolor haciéndome daño. Esto que antes a nadie se le ocurría o que era muy llamativo y excepcional, hoy en día tienes a chavales en clase jugando con la tijera porque le ha dejado la novia o con cortes en su cuerpo tapados por la ropa… Las situaciones de agobio y de ansiedad a raíz de la pandemia también han aumentado mucho. Ellos tuvieron un proceso, estuvieron muchos meses en casa sin relacionarse con los demás, y eso ha sido demoledor. Se ha culpabilizado mucho a la calle, pero en casa si tu única alternativa es una pantalla, el ocio deportivo saludable se pierde. Aquí lo que son las crisis de ansiedad se han disparado y muchas veces, a la vuelta de la pandemia, tú les pedías un deseo de Año Nuevo a los chavales y te decían: "Que nos vuelvan a confinar, estar en casa sin hacer nada". Acostumbrarse y desacostumbrarse a estar en casa para ellos supuso una situación diferente con la que muchos se sentían muy cómodos. Se han mezclado muchas cosas, pero desde luego vemos que esos son algunos de los retos hoy en día y pasan por mejorar la salud mental de los adolescentes.

- Aparte de estos casos, estamos viendo que saltan cada vez más denuncias a los medios de casos de abusos sexuales por parte de menores. Incluso dentro de los propios centros. ¿Cree que han aumentado?

- Esto es como todo. Al final, vas a tener a un 90% de población infantojuvenil con unas familias normalizadas y un respaldo detrás… y luego va a haber una minoría que esté en estas situaciones. Tampoco es cuestión de dar una visión culpabilizadora de la adolescencia y "mira tú que malos son". Hablamos de una minoría que está en peligro o en riesgo por eso mismo, porque le faltan esos soportes sociales y es importante que la sociedad esté para estos casos, pero faltan recursos. Otro reto, por ejemplo, es la educación afectivo sexual, que aquí tenemos un programa y lo tiene que pagar la Amypa (asociación de madres y padres) porque no tienen dinero los centros…

Si tienes centros con unas Amypa fuertes y capacidad económica, tendrás más posibilidades que otros que no los tienen. Hay siempre una desigualdad de base.

- ¿Dónde pondría el foco?

- Lo importante sería reflexionar sobre cómo tener más medios en Educación, en Menores, en la USMIJ para poder intervenir antes de que sea tarde, y que seamos conscientes todos de que ahora es un problema social, pero a la larga lo será de seguridad para todo el mundo si no conseguimos que ellos encaucen su vida ahora.

- ¿Nos haría un alegato en defensa de la figura del orientador?

- Bueno... En verdad somos el último peldaño, junto con los profesores y el jefe de estudios. Nosotros estamos tanto para los que están bien como para los que no, pero sobre todo estás para apagar esa serie de fuegos que van surgiendo y que por mucho que lo intentas no siempre se consigue. Alguno sale, y el sistema de las FP básicas y otros recursos que hay para los chavales que no consiguen acabar la ESO sí que nos hace estar muy pendientes: "han venido, no han venido, dónde están o qué están haciendo...". La figura del orientador es vocacional, y con profesionales comprometidos se puede mejorar el sistema.

Lola Giménez, orientadora del IES Ramón y Cajal de Huesca, en una salida escolar con alumnos del centro.
Lola Giménez (de azul), orientadora del IES Ramón y Cajal de Huesca, de excursión con varios alumnos.
L. G.

- ¿Tiene el recuerdo de algún alumno que le haya agradecido su labor?

- Nos vienen mucho cuando necesitan algo… Más también a las profesoras o maestras de apoyo, que son las que están muchas horas con los chavales que tienen dificultades. Sí que suelen venir o hemos mandado a alumnos a FP básicas de hostelería, mecánica, etc. a los que vas llamando a ver qué tal les va o cuando al año que viene vas de visita a esos centros te saludan, te gritan por la calle o te dicen que están contentos, y eso siempre hace ilusión. Pero también creo que nuestro papel es hacernos invisibles, que sean ellos los que tengan la competencia y se vean capaces de lograrlo. En el instituto Ramón y Cajal intentamos además que los alumnos que salen en Bachillerato continúen con esa vinculación, que eso es algo que los concertados trabajan muy bien… Aquí intentas inculcarles un poquito esa autoestima de pertenencia; que ser del Ramón y Cajal implica ser buenas personas, comportarse, tener unos valores… Todo eso lo intentamos porque es un poco el ideario del centro, y para eso mantenemos el contacto con alumnos y sus familias. En verano, por ejemplo, intentamos asegurarnos de que todos consiguen plaza porque muchos dejan el instituto en 2º de ESO para ir a formaciones más básicas, y hasta que no nos aseguramos de que todos han llegado seguimos en contacto bien entrado julio. O si no les va bien, ese seguimiento del alumnado que sabemos que está menos protegido, que se ha tenido que sacar las castañas sin tanto apoyo familiar, ahí sí que tenemos que estar pendientes de que puedan tener un apoyo y tirar para adelante.

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