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educación

El móvil como fuente de conflicto: "Que haya un consenso entre la escuela y las familias sería vital, pero es una utopía"

Los psicólogos señalan que la adicción a estos dispositivos es uno de los principales "problemas de conducta" del que informan muchos padres. En Aragón, cada centro educativo regula su uso. 

¿Puedo -o debo- modificar la conducta de mis hijos o hijas respecto al uso del móvil?
¿Puedo -o debo- modificar la conducta de mis hijos o hijas respecto al uso del móvil?
Krisis'22

La adicción a los teléfonos móviles se ha convertido en uno de los problemas de conducta más habituales entre jóvenes adolescentes. Así lo indica el psicólogo Manuel Martínez, que ejerce como especialista en población infantojuvenil en la Asociación Aragonesa Pro Salud Mental (Asapme). 

Con motivo de la ponencia '¿Puedo (o debo) modificar la conducta de mis hijos o hijas?', este psicólogo zaragozano invita a las familias y a los centros educativos a tratar de buscar el "consenso" en el uso que los menores hacen de estos dispositivos para prevenir situaciones conflictivas que puedan surgir tanto dentro como fuera del aula, donde se ha convertido en un motivo cada vez más frecuente de expulsión. 

"Los móviles son una herramienta poderosísima si aprendemos a integrarla en la educación de nuestros hijos, pero los usos habituales que les dan la mayoría van en una dirección completamente opuesta con que exista una concentración, un saber estar y un aprendizaje en las clases", lamenta este psicólogo, que apuesta, en primer lugar, por poner unos límites claros en los hogares desde la infancia.

"Es muy habitual que los límites sean improvisados. Depende de quién los haga cumplir, porque generalmente hay dos figuras de autoridad en las casas y se producen desacuerdos -y ya no digo en parejas que estén separadas-. Lo que hacemos en psicoterapia cuando encontramos problemas de este tipo es realizar un contrato que pone por escrito una serie de límites concretos y una serie de mínimos que debemos exigir a los menores que viven bajo nuestro techo, independientemente de que los queramos con locura y les demos besos y abrazos", explica este profesional. 

Educar en positivo

Los requisitos de ese acuerdo entre las partes dependen ya de cada familia. Pero para este psicólogo se trata de hacer "trajes a medida" que hay que confeccionar desde muy pequeños, siendo "tajantes" respecto al uso del teléfono móvil y con unos límites que tienen que estar basados en la evidencia científica

"Esto se ve muy fácil con un chico de 15 o 16 años que te la está liando… Cuando no se ve tan fácil es cuando son niños encantadores de 6 años que se lo darías todo. Ahí esta el error, y ese es el caldo de cultivo donde hay que hacer el cambio de paradigma", afirma.

Redactar este tipo de contratos -asegura- no implica tener que recurrir a un profesional, pero sí que haya un cambio de paradigma en el modelo educativo hacia lo que los expertos consideran "educar en positivo". En algunos casos, como "cuando existe un fracaso escolar evidente", señala que puede ser útil exigirles colaborar en las tareas del hogar o tratar con respeto a otras personas. 

A ser posible, tienen que ser cosas sencillas, medibles y que ayuden en algo. "A cambio les daremos como premio la posibilidad de usar, por ejemplo, los dispositivos móviles o la 'play station' las horas que estimemos oportunas y que hayamos acordado. La clave es ir dando conforme veamos que la edad de maduración lo permite, y no solo conforme te vaya exigiendo cosas. De esta manera, además, asumen que las cosas que ellos disfrutan las disfrutan como consecuencia de otras tareas que quizás no disfrutan tanto pero que son obligaciones. Se fomenta un sentido de la responsabilidad en un contexto en el que se ha vuelto habitual que los adolescentes piensen que han venido a este mundo a hacer lo que les dé la gana con el teléfono móvil, porque ya les hemos reforzado esa idea desde pequeños", critica este psicólogo.

El psicólogo Manuel Martínez, en consulta con un adolescente.
El psicólogo Manuel Martínez, en consulta con un adolescente.
Asapme

¿Refuerzo positivo o castigo?

Según los últimos datos de la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares del INE, la utilización de las nuevas tecnologías por parte de los menores se encuentra, en general, muy extendida. El uso de ordenador por parte de los menores es muy elevado (95,1% frente al 91,5% en 2020) y aún más el uso de Internet (97,5% frente al 94,5%). Por su parte, el uso de móvil baja ligeramente respecto a 2020, pero aun así siete de cada diez menores de edad disponen de estos dispositivos, que cada vez se demandan a edades más tempranas. 

 

"Hoy la tendencia es a darles todo lo que tengo a mis hijos porque puedo, y luego conforme me van demostrando que no son dignos de ello los voy castigando. Lo que proponemos en las consultas es el paradigma contario: 'Te quiero con locura, te cuido, te alimento y te ayudo en lo que haga falta, pero el teléfono móvil, la 'play station' o salir con tus amigos son derechos que debes disfrutar, pero te los vas a ir ganando'", ejemplifica este psicólogo, que fija también en la infancia la edad "ideal" para empezar a crear y modificar conductas. 

"Siempre es más útil el refuerzo positivo que el castigo, pero partiendo de un contexto en el cual todos los reforzadores se dan de serie, la única alternativa que tienen los padres es castigar"

Para ello, Martínez advierte de que siempre es más efectivo el refuerzo positivo que el castigo. "Pero cuando partimos de un contexto en el cual todos los reforzadores se dan de serie, la única alternativa que tienen los padres es castigar. Lo ideal es que esta manera de hacer las cosas se vaya haciendo desde el principio, porque luego te llegan con 15 años a consulta, les presentas este paradigma de educar en positivo y piensan: '¡bah!, de qué le voy a hacer caso yo al loquero este, si mis padres van a acabar cediendo'", explica. 

Apocalípticos e integrados

Ricardo Flores, director del IES Miguel Catalán: "En la pandemia todos hemos levantado el pie del acelerador; les hemos dado más libertad para usar el móvil y ahora les cuesta más no usarlo"

En este sentido, los profesionales consultados explican que la pandemia ha jugado también un papel negativo fomentando la dependencia o adicción a los móviles y otros dispositivos tecnológicos que han incrementado su presencia dentro y fuera del aula. "En la pandemia todos hemos levantado el pie del acelerador, les hemos dado más libertad para usar el móvil y ahora les cuesta más no utilizarlo", reconoce Ricardo Flores, director del IES Miguel Catalán, uno de los institutos más grandes de Aragón, con casi 1.700 alumnos. Este docente, que lleva más de ocho años en el centro, explica que cuando llegó a este instituto el móvil era el regalo estrella de las familias al pasar los hijos a la ESO. "Ahora ya hay alumnos que en 5º de Primaria tienen móvil e incluso están en redes sociales. Tienen tan interiorizado ese mundo que cuando llegan aquí, les parece que es retroceder a otro siglo", comenta este profesor. 

En Aragón, a diferencia de otras regiones que siguieron la estela de Francia, no hay una norma que prohíba el uso del móvil en la escuela, sino que depende de cada centro y su Reglamento de Régimen Interno (RRI). "Creo que aquí tendemos más hacia lo contrario, a normalizar que los teléfonos forman parte de nuestra vida, y el camino es ese. Pero con esto pasa como con los libros. Son algo maravilloso y queremos que los menores lean, pero eso no quiere decir que en clase de Matemáticas se pongan a leer El Quijote", compara el psicólogo de infanto-juvenil Manuel Martínez, preocupado por el aislamiento y las consecuencias negativas que tiene para los adolescentes el uso abusivo de las pantallas

Más allá del ciberacoso o del ciberbullying, que a la vista está que ocurre y se ha hecho más invisible, lo que notamos también es que hay una dificultad para interactuar socialmente con la gente. Los chicos en consulta te dicen: "Sí, sí me relaciono. Estoy toda la tarde jugando a la play con amigos". Estas formas de relacionarse en sí mismas no son malas, el problema es cuando esa es la interacción social habitual. Las cosas han cambiado, pero eso no quiere decir que asumamos como normal que los chavales no sepan relacionarse", subraya este psicólogo, al hablar de que la pandemia ha reducido las alternativas de ocio de muchos jóvenes "al mínimo".

En el ámbito educativo, hacer cumplir la norma choca a veces con la apuesta por la innovación en la que se haya inmerso el sistema, proclive a incorporar cada vez más el uso de tecnología y dispositivos móviles en el aula para fomentar un aprendizaje lúdico. De hecho, la mayoría de los centros consultados prohíben el uso del móvil con esta salvedad. "Aquí no está permitido a no ser que un profesor lo vaya a utilizar pedagógicamente y la norma se aplica con más o menos laxitud. Tenemos alumnos mayores de edad, de ciclos formativos, que si los ves que van con el móvil no se lo vas a quitar. Les dices que lo guarden y te hacen caso. El 90% lo entrega sin problemas y al otro 10% tratamos de persuadirlo de que lo entreguen, pero unos poquitos prefieren ser expulsados", indica el director del IES Miguel Catalán, cuyo Reglamento de Régimen Interno (RII) distingue lo que es chatear o distraerse de grabar imágenes o vídeos, que se castiga con un día de expulsión, con posibilidad de librarse de esta a cambio de dejar el móvil en depósito hasta que lo recojan los padres. 

A este respecto, Flores comenta también la disparidad de opiniones que hay entre las familias, y con la que toca lidiar también en muchos centros. "Es como el libro de Umberto Eco 'Apocalípticos e integrados'. Los apocalípticos piensan que el móvil es una medida que hasta los 20 no van a dejar disfrutar a sus hijos, y luego están los que se lo regalan en 5º de Primaria porque es el mundo que les viene... Los dos tienen parte de razón. Viendo esta situación, nos estamos proponiendo adelantar la formación sobre el uso positivo del móvil que hacíamos antes en 3º a 1º de la ESO. No queremos ser unos 'viejos retrógrados' que prohíben, pero choca que en primero todavía los hay que no tienen móviles y luego las familias se quejan... A veces es complicado hacer cumplir la norma", resume Flores, que de manera anecdótica cuenta la experiencia de dos alumnas del centro que habían estado de intercambio un trimestre en un colegio privado de Inglaterra. "Me dijeron que cuando entraban allí, lo tenían que dejar en una caja y recogerlo a la salida. Entonces les pregunté si lo hacían los alumnos y me dijeron: 'Profesor, son ricos y llevan dos. Uno lo dejan en la caja y otro se lo dejan en el bolsillo. Esto empieza a ser incontrolable -pensé yo-".

Patricia Urraca, profesora del IES Avempace: "En el centro solo pueden usarlo en los recreos, pero yo lo utilizo como herramienta en el aula. Yo y muchísimos docentes más"

En el IES Avempace, la profesora Patricia Urraca, que es tutora de un grupo de 4º de la ESO, se muestra contaria a prohibir taxativamente el uso de los mismos, si bien el RRI del centro así lo establece (salvo en los recreos y cuando se hace necesario para la práctica educativa). "En el centro solo pueden usarlo en los recreos, pero yo lo utilizo como herramienta en el aula, yo y muchísimos docentes. Mi alumnado de 4º y de Bachillerato lo suelen llevar encima por este motivo, y si algún chico no tiene móvil por el tema de la brecha digital, que suele ser uno, les dejo el mío para hacer la actividad. Para mí el uso del móvil es una herramienta más que estamos desaprovechando si la prohibimos en las aulas. Pero por supuesto el uso tiene que ser didáctico y controlado, para que no estén todo el día colgados de estos aparatos", concluye esta profesora de Lengua Castellana y Literatura. 

La misma opinión comparte el psicólogo infanto-juvenil Manuel Martínez, quien del lado de los docentes subraya la importancia de lograr un consenso entre la escuela y las familias, educando tanto en casa como en el colegio sobre el uso responsable de las nuevas tecnologías. "Sería vital, pero es una utopía. Nos consta que la realidad que se vive en los centros es una y la que existe en las casas muchas veces es otra. Hay familias que piensan que no deberían llevar los móviles, pero no tienen ganas de controlarlo después... Y creo también que uno de los principales problemas de los docentes es que no tienen herramientas para actuar en estos casos. La pérdida de autoridad es constante y a nivel tecnológico hay que evolucionar todavía un poquito. Buscar alternativas, cambiar el paradigma en la manera de enseñar y dotar de herramientas a los profesores. Es una situación de ambivalencia, pero observamos que conforme se ha ido renovando la plantilla, la intención es integrar el uso del móvil en el aula. Trabajar con contenidos audiovisuales de manera paralela ayuda a llamar la atención de la gente y que esté más motivada en lo que está haciendo… Al final, cuanto más gamificada esté una clase, menos posibilidad hay de que surjan conductas de estas escondidas. La alternativa pasa un poco por ahí, pero estamos todavía lejos de que se utilicen las TIC en el 90% del temario, porque eso implica dinero y muchas veces no lo hay", concluye Martínez.

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