Despliega el menú
Aragón

urbanismo

¿Cómo serán las ciudades después de la pandemia?

La historia demuestra que otras enfermedades como el cólera o la peste generaron cambios sustanciales en la configuración de las ciudades. Los confinamientos y la distancia social pueden condicionar las urbes post-covid, según los arquitectos y urbanistas aragoneses.

Una de las infografías del estudio de la arquitecta Naia Gallardo.
Una de las infografías del estudio de la arquitecta Naira Gallardo.
Naira Gallardo

Que si ‘smart’, que si ‘slow’, que si antropocéntricas y que si ávidas de supermanzanas. Las ciudades son entes vivos, que reflejan y se adaptan a las circunstancias sociales y difícilmente permanecerán ajenas a este crudo 2020 de pandemia mundial. Sociólogos, arquitectos y urbanistas reflexionan cómo son y cómo deberían ser las urbes del futuro y tiene por costumbre añadir adjetivos como “sostenibles”, “compactas”, “amables”, “igualitarias”… Las restricciones en la lucha contra la covid y la amenaza de nuevos confinamientos hacen que se baje el balón al suelo y se pongan sobre la mesa medidas concretas para, por ejemplo, disuadir de construir más minipisos o crear espacios públicos más amplios en los que no se produzcan aglomeraciones. También habría que repensar la eclosión del turismo masivo, la ubicación de los servicios asistenciales, los sistemas de ventilación del aire...

“En realidad no es algo nuevo. Las epidemias del siglo XIX, por ejemplo, aceleraron los traslados de cementerios a las afueras de las ciudades o provocaron la ejecución de infraestructuras de saneamiento”, explica Ramón Betrán, director de Servicios de Planificación y Diseño Urbano del Ayuntamiento de Zaragoza. Cuenta, por ejemplo, que en Londres, después de la Gran Peste de 1666 y el Gran Fuego de 1667, “se desencadenó un potente mecanismo especulativo que, so pretexto del aire libre y la descongestión, desperdigó la población por el entorno metropolitano. Entonces se reconstruyó ‘la City’ con edificios no residenciales en buena parte”. Betrán publicó hace unos meses ‘La ciudad y los muertos’, en el que cuenta la historia del cementerio de Torrero y los cambios históricos de los hábitos funerarios: en la antigüedad las sepulturas eran urbanas y hasta el siglo XIX los terrenos en los que se levantarían el camposanto eran poco menos que un “alejado y desastroso pudridero sin apenas significación social”.

Ramón Betrán es el director de Servicios de Planificación del Ayuntamiento de Zaragoza.
Ramón Betrán es el director de Servicios de Planificación del Ayuntamiento de Zaragoza.
Heraldo

“También en París, Viena y otras ciudades se justificaron con pretextos sanitarios muchas de las demoliciones y aperturas viarias de la segunda mitad del siglo”, explica Betrán, sabedor también de que a las epidemias medievales de peste o cólera propiciaron normativas municipales que apostaban por calles más anchas y bulevares. Muchos años después esa idea la retomaron arquitectos como Haussmann, Le Corbusier o, por ejemplo, Ildefonso Cerdá para crear en 1860 su popular cuadrícula del Eixample barcelonés como respuesta a la insalubridad de la ciudad ‘intramuros’. Dicen que el lema de Cerdá era ‘ruralizar la ciudad y urbanizar el campo’, algo que vuelve a estar completamente vigente este 2020.

“La gente ahora quiere abrir terrazas, cuando antes se cerraban por el cierzo”

“Lo que ha traído la pandemia es un cambio de mentalidad respecto al teletrabajo y, al mismo tiempo, un incremento del aprecio por el espacio exterior, el aire limpio y la naturaleza en general”, opina el arquitecto zaragozano Alberto Sánchez. “Esto combinado fomentará cierta migración de las ciudades al campo como ya ha pasado en otros países con anterioridad, aunque a nosotros nos haya hecho falta la covid para darnos cuenta”. Sánchez habla con conocimiento de causa pues él mismo trabajó para la World Monuments Fund, cuya sede física está en la planta 24 del Empire State Building de Nueva York, desde su casa de Used, en la comarca de Campo de Daroca. “Hay incluso quienes han visto en la victoria de Biden en Arizona el efecto de gente que trabajaba en tecnología en la zona de California y que se ha mudado a la América interior”, apunta. Sánchez, máster en Conservación del Patrimonio Histórico de la Universidad de Columbia con una beca Fulbright y responsable de la cuenta de @casadepueblo, recalca que para que este fenómeno se produzca “se tiene que dar una condición fundamental: que exista más disponibilidad de vivienda, con servicios y en condiciones, en el medio rural”. “A corto plazo puede haber un movimiento hacia urbanziaciones o municipios más próximos a entornos urbanos. No obstante, también se ve en las dinámicas de mercado que municipios como Cuarte de Huerva ya no ofrecen las ventajas competiticas de precio de hace veinte años”.

Alberto Sánchez, durante una conferencia sobre la conservación del patrimonio.
Alberto Sánchez, durante una conferencia sobre la conservación del patrimonio.
Heraldo

“El panorama urbanístico parece acusar un giro hacia un nuevo paradigma territorial en busca de equilibrios entre las áreas metropolitanas y los paisajes rurales”, escriben en su blog los arquitectos Enrique Grávalos y Patrizia di Monte. Esta reflexión viene al caso de la exposición que se vio truncada con la pandemia en el Guggenheim (‘Countryside, the future’), que versaba sobre los “territorios invisibles con posibilidades de impulsar nuevas formas de habitar” y que habían quedado ocultos tras la fascinación de las grandes ciudades. En el estudio de Grávalos-DiMonte es constante la reflexión acerca del espacio público y cómo, ante la supresión del mismo por el confinamiento, “gran parte de la ciudadanía traspasó las fronteras abriendo las ventanas para expandir su propio espacio doméstico”. Esa actividad en los balcones evidencia “la necesidad de dotar de una dimensión pública a las obsesiones privadas a través de un escenario común”. Estos meses la pareja de arquitectos ha ido comentando una serie de películas como ‘El hombre ilustrado’ (Smight, 1969), basada en un cuento de Ray Bradbury, o ‘Nueva York, año 2012’ (Robert Clouse, 1975) para lanzar un debate sobre el espacio público en tiempo de cuarentena.

Naira Gallardo Ruiz, arquitecta y máster en Rehabilitación.
Naira Gallardo Ruiz, arquitecta y máster en Rehabilitación.
Heraldo

La arquitecta Naira Gallardo Ruiz comparte el cambio de percepción que se está produciendo del espacio público. “Caminar por una calle Alfonso atestada ya no es algo placentero, sino una experiencia más parecida a hacer ‘puenting’, porque puedes sentir que pones en riesgo tu vida”. “Ahora buscamos más distancia, reducimos el contacto, nos sentamos en el banco más alejado… A la par ha cambiado nuestro modo de habitar el espacio doméstico y crece la demanda de áticos, pisos con terrazas, viviendas con zonas verdes… Consumimos un tipo diferente de espacio al aire libre recuperando el contacto con la naturaleza”, comenta. Gallardo, conocida por su defensa de la Harinera de Casetas y por proyectos paisajísticos en Alcalá de la Selva, va aún más allá al apuntar la baza que ha jugado el mundo y la vida virtual en esta pandemia. “Antes la plaza, el ágora, el espacio público era el lugar común donde ser visibles. Protestas, movimientos reivindicativos, ese “echarse a la calle” que suele decirse. En el confinamiento el lugar para ser ciudadanos se mudó a las redes. Pero -ojo- porque en lo virtual seguimos solos, en nuestros domicilios, confinados. Y en lo virtual ya no consumimos sino que se nos consume, nuestros datos, nuestra exposición, nuestro tiempo...”.

"Caminar por una calle Alfonso atestada ya no es algo placentero, sino una experiencia más parecida a hacer ‘puenting’"

Otras cuestiones que preocupan a los urbanistas es la necesidad de producir un aire más puro en las ciudades, algo que se conseguiría con el incremento de su masa forestal y con la progresiva erradicación del tráfico privado. Zaragoza es afortunada en disipar la contaminación atmosférica gracias al cierzo, que ha provocado también una curiosa contradicción:“La gente ahora quiere abrir terrazas, cuando antes se cerraban por el viento”, apuntaba hace unos días José María Ruiz de Temiño, gerente de Zaragoza Vivienda.

Hasta hace unos días, en los antiguos depósitos de Pignatelli pudo verse la muestra colectiva ‘Pre Imaginarios’ con proyectos de arquitectura e imaginarios sobre la ciudad post-2020. La muestra, organizada por Arte+Investigación Cultural, incluía montajes interactivos y buenas dosis de creatividad para -por ejemplo- batallar contra las ciudades dormitorio, que en algunos países han sido foco de contagios. Los mercados locales, el diseño de parques, los barrios autosuficientes o las terrazas y veladores también eran objeto de atención en una muestra que, de fondo, evidenciaba que las ciudades tienen 5.000 años de historia, han superado crisis y pandemias, y así lo seguirán haciendo.

Etiquetas
Comentarios