Despliega el menú
Zaragoza

zaragoza

La concordia del más allá en el cementerio de Torrero

El operativo en el Valle de los Caídos y Mingorrubio pone en evidencia que los cementerios son uno de los espacios simbólicos donde más difícil ha sido aplicar la ley de Memoria Histórica. En Torrero, gracias al consenso político de 2010, se celebran homenajes tanto a la República como a los Caídos por la Patria.

La espiral de la memoria, de Fernando Gallo y Miguel Ángel Arrudi, se restaurará el año que viene.
La espiral de la memoria, de Fernando Gallo y Miguel Ángel Arrudi, se restaurará el año que viene.
D. Marcos

El exiguo foco mediático que Cataluña deja libre estos días se centra en el Valle de los Caídos y el panteón de Mingorrubio. Los cementerios, acaso junto a algunas iglesias, son los espacios donde más problemas ha habido para aplicar la ley de Memoria Histórica vigente en España desde 2007. "En Torrero hubo un antes y un después en el año 2010. Entonces se consiguió un consenso político fundamental que favoreció a que todos los homenajes se hicieran con naturalidad", explica Blanca Blasco, responsable del camposanto zaragozano, que añade: "Lo importante es que éste sea un espacio de concordia y de todos". 

Ese año comenzaron a convocarse las llamadas ‘rutas de la memoria’, que en 2019  completarán más de 2.000 escolares de medio centenar de colegios. "Son muy demandadas por los centros educativos", explica Olga Larrubia, que hace tras años obtuvo la concesión municipal de esta actividad cultural, en la que se puede participar incluso gratuitamente previa petición al Ayuntamiento. Los paseos recorren tanto la tapia de ladrillo donde se hacían los fusilamientos durante y después de la Guerra Civil, como la Cruz de los Caídos por la Patria, que antaño, aún con símbolos franquistas y con el rimbombante nombre de ‘los Mártires en la Gloriosa Cruzada de la Liberación’, se ubicaba en la plaza del Pilar. Hay que recordar que, según el BOA, la exhibición de simbología franquista se multa con hasta 5.000 euros, y que el Ayuntamiento de Zaragoza retiró hace pocos años dos escudos preconstitucionales del puente de Santiago. Los gestores del complejo funerario han hecho en los últimos años un exhaustivo repaso de sus fondos patrimoniales para cumplir con lo dictado en las leyes y para resarcir a quienes durante largas décadas habían sido olvidados.

Desde 2012 se llevan a cabo en Torrero homenajes en el Día de la República, semejantes a los que los militares hacen a los Caídos por la Patria desde muchos años atrás. Además, también se han rendido honores puntuales a figuras relevantes enterradas en Torrero como Isabel Zapata (2016), Ángel Sanz Briz (2015) o Miguel Fleta, cuyo recuerdo es más sostenido en el tiempo (2012-2019).

La empresa de dinamización cultural Gozarte lleva a cabo también visitas por el complejo funerario en el que recuerdan la figura de Gumersindo de Estella, capuchino confesor de la cárcel de Torrero que asistió a muchos presos, o prestan especial atención al “pequeño pero muy valiente monumento” -explican- que erigió el alcalde Sainz de Varanda “A los mártires de la libertad y la democracia” en el año de 1981, “cuando las aguas no estaban precisamente en calma”.

A la figura de Sainz de Varanda -y a su afán de registrarlo todo con exactitud- hace varias referencias Pedro Villasol en el libro en el que relata sus 54 años trabajando en el cementerio. La publicación, que contó con la ayuda del historiador Víctor Lucea (hoy consejero de la DGA), permitió conocer algunos detalles de la historia del camposanto zaragozano que, sin la experiencia de Villasol, se hubiera perdido. Entre otros episodios, el del Tercio de Sanjurjo, que fue objeto también de un reciente homenaje en el que participó el Gobierno de Navarra y que después centró una polémica municipal al retirar ZEC la calle al alcalde Miguel Merino que fue precisamente quien facilitó las exhumaciones.

También en la exhaustiva publicación de Ramón Betrán, ‘La ciudad y los muertos’, se repasan los sucesivos proyectos y ampliaciones del recinto funerario y se detiene en hitos fundamentales que documentan, entre otros, el traslado a Cuelgamuros entre enero y mayo de 1961 de los restos de más de 3.560 combatientes que no ocupaban sepulturas ni nichos perpetuos de alquiler en Torrero. Un amplio apartado se dedica asimismo a la fosa común, de cuyo planteamiento inicial se cumplen ahora cien años, esto es, en 1919 se encargó el monumento al escultor José Bueno para el gran osario que se pondría en funcionamiento hasta años más tarde.

Blanca Blasco, que estos días está inmersa en los preparativos de Todos los Santos, informa de que al año que viene el tema central de la programación del cementerio será restaurar el memorial, esa espiral del recuerdo, que hace diez años pusieron en pie Fernando Gallo y Miguel Ángel Arrudi.

Extrañamente, en estos días de noticias previas por la exhumación de Franco, muchos medios analizan cómo será el dispositivo pero pocos recuerdan que fue en Torrero en donde se llevó a cabo el mayor operativos forense de la historia de España. Fue a raíz del hundimiento en 2009 de la manzana de nichos 24, que había sido construida a finales de los años 60. En total, aparecieron 34 nichos hundidos, de los que 20 estaban comunicados y hubo que volver a inhumar 2.157 cadáveres. El operativo que se instaló en Torrero invirtió más de 165.000 horas de trabajo y combinó las necesidades científicas con las urbanísticas y las humanas.

Etiquetas
Comentarios