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Tercer Milenio

En colaboración con ITA

Naturaleza

Árboles: símbolos y testigos

Raíz. Sombra. Vida. Tiempo. Historia. Paisaje. Sobre su cuerpo leemos el pasado y vislumbramos el futuro que compartiremos.

Dos personas observan la encina milenaria, Carrasca de Lecina, en la provincia de Huesca, que es candidata a ser el árbol europeo del año 2021.
Si la naturaleza es madre, el árbol es nuestro hermano. Tan magnífica como solitaria en su singularidad, se alza la carrasca de Lecina, hermana mayor con la que convivir. 
Agencia EFE | Javier Blasco

Eres fuerte como un roble, fuerte como una carrasca, se dice. Y conmueve pensar en la resistencia de árboles que han visto pasar los años a cientos, bajo el frío y pese a las sequías, contra los vientos y sin que crecer a nuestro lado les causara daño. La mayoría son anónimos y desconocidos. Justamente, a veces la inaccesibilidad se convierte en la mejor protección. Otras, en torno a esos ejemplares de porte magnífico está el aprecio local o el cariño de sus propietarios. Es lo que salvó del hacha a la carrasca de Lecina, mientras sus hermanas se aprovechaban para hacer carbón vegetal. Contemplándola hoy, elegida Árbol Europeo de 2021, podemos leer parte de su pasado: "La copa es de un árbol solitario, que no compite con otros por la luz y desarrolla fronda, hojas en todas direcciones –describe Miguel Ortega, autor de la ‘Pequeña guía del lector de árboles’ y gestor de arboreo.org –; si hubiera estado rodeada de otros árboles, habría ganado más altura y no tendría ramas a los lados al no haber recibido las hojas suficiente luz". El ganado que acudía a sestear a su generosa sombra y se alimentaba de sus bellotas –hasta 600 kilos cuentan que daba cada invierno–, al abonar el suelo también la ayudaría a desarrollarse.

Con el metro en la mano, suma 16,26 m de altura y su copa cubre una superficie de 615 m². Pero mucho más dice de ella que tenga hasta nombre: la Castañera de Carruesco, por el dulzor de sus bellotas. Porque, cuenta este técnico del Espacio Salto del Roldán, "a diferencia del bosque, que es el reducto de lo malo, de lo negativo, donde estaban los fuera de la ley, las alimañas, el miedo, el árbol singular tenía su propio nombre y junto a él se celebraban ceremonias".

Robles y encinas eran sagrados para los pueblos indoeuropeos y servían de lugar de reunión. "Se les asociaba con el dios germano Thor, el celta Sucellis y el eslavo Perun, dioses del trueno y del rayo", relata el historiador de la Universidad de Zaragoza Antonio Peiró. En el caso de Aragón, "la encina o carrasca está ligada al mítico reino de Sobrarbe, que habría dado origen al de Aragón, cuando Garci Ximénez conquistó Aínsa gracias a la aparición de una cruz sobre un árbol, que le dio la victoria". Considera que, aunque es "un mito relativamente reciente -la primera vez que aparece la carrasca en el escudo de Aragón es en 1499, y solo se incorporó definitivamente a él a finales del siglo XVI-, puede ser más antiguo: una cruz (símbolo del cristianismo), roja (símbolo de victoria militar), sobre un árbol, puede significar la victoria del cristianismo sobre los cultos precristianos, más que sobre el Islam".

Imponente pino del Escobón, en la comarca Gúdar-Javalambre (Teruel)
Imponente pino del Escobón, en la comarca Gúdar-Javalambre (Teruel)
Eduardo Viñuales

Singulares

Sobrarbense es la carrasca de Lecina, uno de los 19 árboles catalogados oficialmente, junto a seis arboledas, como singulares en Aragón. Una etiqueta que también los protege. Longevidad, vigor, rareza, dimensiones espectaculares... son criterios que justifican su inclusión. Pero "también ser muy queridos a nivel local, como el enebro de Sabiñán, que fue comprado por la asociación de vecinos de la localidad", recuerda Eduardo Viñuales, naturalista del Departamento de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente del Gobierno de Aragón. "No los más viejos –sus dueños los plantaron hace cien años–, pero sí posiblemente los más grandes de Aragón, son el cedro, la secuoya y el pinsapo de la Torre Nuestra Señora del Pilar, en Daroca, unos ejemplares excepcionales, que no pertenecen a especies autóctonas y fueron cuidados con esmero por Rafael Esteban, que falleció hace pocos años". Otros casos destacan por ser "testigos de un pasado, como la solitaria sabina de Villamayor, lo único que queda de lo que debió de ser un bosque".

Si el ser humano no hubiera intervenido, "la península ibérica sería un bosque casi toda", indica Viñuales. "Incluso vemos bosques de pino negro acantonados en lugares inaccesibles porque allí no los cortaron ni les prendieron fuego, no solo para leña, sino también para ganar terreno para los pastizales. Hoy hay muchas superficies agrícolas y urbanizadas".

En Aragón, un 28,6% de la superficie es monte arbolado y un 29% monte no arbolado. "En pocos kilómetros, hay una gran diversidad de climas, paisajes y especies: desde el valle del Ebro, donde encontramos especies muy termófilas y de zonas bajas como el pino carrasco, el más propio del área mediterránea, el que más resiste la sequía, junto con la sabina albar, que es más continental, hay un escalonamiento de especies; pasaríamos a la encina –recorre, ganando altura–, el árbol más emblemático y abundante de España, quejigos, robles, hayas, abetos, un árbol nórdico, en los valles más cerrados..., hasta llegar a los últimos árboles de la alta montaña: el pino negro, la sabina rastrera y el enebro común".

En la actualidad, el número de árboles va en aumento. "Se dice que la bombona de butano salvó muchos bosques y, mientras en las fotos de Ordesa hechas por Briet a principios del siglo pasado vemos muchas laderas taladas, totalmente aprovechadas para combustible, actualmente, con el abandono de ciertas actividades tradicionales y la despoblación del mundo rural, el bosque se ha expandido grandemente, ha ganado mucho terreno sobre todo en el Pirineo, zonas rurales, la sierra de Albarracín...". Pero Viñuales resalta que no son bosques del todo maduros. "Un bosque climáticamente equilibrado –dice–, sano, completo, sería un bosque añoso, con ejemplares de todas la edades, desde el anciano hasta el bebé, donde cada uno va buscando su sitio". No hay muchos en Aragón "y están empezando a estar protegidos por esa orden del Gobierno de Aragón de árboles y arboledas singulares o se encuentran dentro de espacios protegidos, como el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido o los parques naturales de la Sierra y los Cañones de Guara o el Moncayo, donde esta donde está uno de los bosques de hayas más sureños de Europa".

Cuánto vale un árbol

El valor de un árbol se extiende, como hacen ramas o raíces, en todas las direcciones. Además de proporcionar madera o leña, de ser refugio de biodiversidad y retener el suelo fértil, son sumideros de CO₂. Según datos de 2017, en Aragón la biomasa arbórea (incluyendo también la parte subterránea) almacenaba del orden de 175 toneladas de CO₂, un 74% absorbidas por coníferas y un 26% por frondosas.

También atesoran información que los científicos son capaces de extraer. Literalmente, mediante una barrena forestal, los dendrocronólogos recogen toda la secuencia de anillos de crecimiento radial. Así determinan la edad de los ejemplares, pero, sobre todo, reconstruyen el clima del pasado. El equipo del geógrafo Miguel Ángel Saz, de Unizar, ha estudiado el crecimiento radial de los árboles más viejos de España para encontrar que 2003 y 2013 fueron los años más cálidos de los tres últimos siglos. "Esta y otras reconstrucciones –explica– nos permiten analizar cómo fue el clima en tiempos en los que no había habido una intervención humana masiva sobre el sistema climático terrestre que cambiara la composición de la atmósfera y son fundamentales para evaluar la posible excepcionalidad del clima actual".

En España, "los árboles más viejos datados mediante cronología los tenemos en la sierra de Cazorla (Pinus nigra) y el Parque Nacional de Aigüestortes (P. uncinata). En ambos casos se han extraído muestras de árboles que rondaban e incluso superaban los 1.000 años y no es inhabitual en esa zona encontrar ejemplares que superan los 800. Esto no excluye la posibilidad –reconoce Saz– de que tejos, sabinas o encinas puedan superar esa edad, pero no han sido datados de forma objetiva con esta técnica".

Aunque se le coloca ese adjetivo, seguramente la carrasca de Lecina no llega a milenaria, pero eso no le quita valor. A menudo, más aún tratándose de árboles singulares, se asocian monumentalidad y larga vida, pero la relación no es tan clara. Desde el Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC), Jesús Julio Camarero ha datado sabinas con diámetros de 20-25 cm que alcanzaban los 1.450 años de edad, mientras olivos monumentales de gran porte (más de 1 m de diámetro) rara vez superan los 400. En general, "un menor crecimiento está asociado a una mayor longevidad", concluye. Así que no se puede predecir la edad de un árbol por su tamaño.

Es más, han observado que los árboles que crecen más rápido viven menos tiempo. “Encontramos que la edad máxima de los árboles se correlaciona significativamente con las tasas de crecimiento juvenil lento”, señala este experto en dendrocronología del IPE al comentar una investigación en la que ha participado, liderada por la Universidad de Cambridge y que ha analizado 1.768 coníferas vivas y muertas de los Pirineos y del Altai ruso. Además, el crecimiento acelerado motivado por el cambio climático acorta su vida y esto hace que los árboles estén perdiendo parte de su eficacia para almacenar dióxido de carbono. "Al crecer más rápido, su probabilidad de vivir mas tiempo disminuye, morirán antes y almacenarán CO₂ menos tiempo", explica Camarero. Por tanto, "el valor de los bosques con árboles más antiguos es mayor de lo que se pensaba, no solo por su diversidad, sino por su capacidad para retener CO₂ ".

¿Y qué será de los árboles y bosques aragoneses en el futuro? Los estudios constatan que "el límite del bosque está ascendiendo por el abandono del pastoreo de alta montaña y el aumento de temperaturas. Hay muchos ejemplos en los Pirineos. En 2050 esperamos que haya árboles a mayor altitud y que crezcan más rápidamente". Pero los situados en sitios intermedios, como las zonas secas del Sistema Ibérico, "pueden sufrir más por las sequías y crecer menos o morir", advierte Camarero. Los cambios también afectan a la estructura de los bosques: volverse "más espesos y homogéneos los hace vulnerables frente a incendios, plagas, sequías...". Ayer, hoy y mañana, hermanos nuestros en el paisaje y la vulnerabilidad.

Sendero de los Quejigos Centenarios, en Guara
Sendero de los Quejigos Centenarios, en Guara
Eduardo Viñuales

Abrir los ojos

En la naturaleza hay muchas cosas invisibles, en las que nadie repara; a veces, planear una visita con algo determinado en la cabeza no deja ver otras maravillas. Al mismo tiempo, atraer demasiada atención sobre unos pocos árboles, y más sobre uno en concreto, como la ya famosa carrasca de Lecina, hace también temer que su popularidad, "si los visitantes no se comportan, pueda hacerla entrar en declive", señala Miguel Ortega. Una valla evita que la gente se suba y cause a la corteza pequeñas heridas. Y no es buena idea abrazar estos ejemplares singulares. "Si son pocas personas, no pasa nada; pero si cada fin de semana recibe un aluvión de abrazos de gente que quiere hacerse la foto, se acaba pisoteando la zona de las raíces".

Hay muchos árboles que ver y abrazar. De camino a Lecina, incluso. Eduardo Viñuales invita a "abrir los ojos" a tantos árboles maravillosos porque "lo que se conoce, se quiere y se protege". Y anima a descubrir el Sendero de los Quejigos Centenarios de la Cara Norte del Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara o, en Colungo, además de los anises y fuera de catálogo, la olivera de Nadal, "enorme y preciosa"; en Buera, un jardín de los olivos reúne todas las variedades. "Es un Aragón desconocido y precioso".

Entre la tierra y el cielo

Por Andrés Ortiz Osés Filósofo y antropólogo

El árbol es la vertical erecta que surge de la horizontal plana, lo aéreo que emerge de lo telúrico, lo celeste que sale de lo terrestre. En la mentalidad occidental el universo es un árbol cósmico que hunde sus raíces en el inframundo, afirma su tronco en el mundo y se proyecta en la copa a través de sus ramas, hojas y frutos. Sin embargo, en la mentalidad oriental, el árbol cósmico del universo está invertido, pues tiene sus raíces en el cielo y su follaje en el mundo inferior.

La mentalidad occidental funciona de abajo arriba, ascensional y evolutivamente, mientras que la mentalidad oriental lo hace de arriba abajo, descensional e involutivamente, por ósmosis o emanación, condensación o encarnación. Pero en ambos casos el árbol representa la mediación de los contrarios, la tierra y los cielos, lo profundo y lo superior, lo de abajo y lo de arriba. Y es que el reino vegetal media entre el reino mineral y el reino animal, entre la dureza de lo pétreo y la ductilidad de lo animalesco, entre lo inhumano y lo humano.

Finalmente el propio árbol simboliza al humano como microcosmos que aúna la horizontal cerrada y la vertical abierta. Por eso el hombre articula con el árbol una especie de hermandad o fraternidad ecológica, considerando con José Martí que vivir es plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Plantar un árbol es un tributo a la naturaleza, escribir un libro es un tributo a la cultura y tener un hijo es un tributo y atributo de la humanidad. Esta hermandad del hombre y la mujer con el árbol les permite escribir en su corteza desde antiguo o bien inscribir su amor en forma de corazón en su tronco o finalmente leer y escribir en su maderamen convertido en papel. De este modo o modulación, el árbol literal revierte en árbol simbólico.

La madera propia del árbol simboliza la materia primordial del mundo, madera-materia que proviene del latín ‘mater’ (madre). El árbol y su maderamen obtiene así un origen matriarcal y femenino, así como una proyección patriarcal o masculina. De ahí nuestro hermanamiento y su simbología, ya que el árbol representa al humano como un tronco o cuerpo entre el espíritu, alma o mente y sus bajos instintos animalescos. Por lo demás, el árbol de la vida es también el árbol de la muerte y la regeneración o renacimiento, tal y como comparece en el árbol de la cruz del crtistianismo, y tal como está implícito en el árbol típico de la Navidad.

No extrañará por tanto la divinización de los árboles en la mitología antigua, así como la veneración moderna de ciertos árboles bajo los que el humano encuentra protección simbólica o cobijo ritual. Así el roble vasco de Guernica o la encina pirenaica de Sobrarbe, el abeto nórdico y las palmeras mediteráneas, las sabinas de los Monegros o la carrasca milenaria de Lecina en la actualidad. No hay que olvidar que los viejos dioses tenían sus árboles predilectos, o que la Virgen María se aparece entre árboles. El árbol simboliza y condensa el tiempo de nuestra existencia, por eso la savia del árbol es significativa o simbólica del sentido de la humanidad sobre el humus terrestre.

El árbol es materia o material simbólico del sentido humano, al tiempo que el símbolo y el simbolismo humano adquieren un sentido arbóreo o arborescente. La savia convertida en sabiduría. El árbol arraiga nuestra alma en tierra y proyecta nuestra imaginación a los cielos.

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