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Los árboles crecen más rápido y viven menos tiempo

El estudio, que ha estado liderado por la Universidad de Cambridge y en el que ha participado, entre otros, Jesús Julio Camarero, investigador del Instituto Pirenaico de Ecología, ha analizado 1.768 coníferas vivas y muertas de los Pirineos y del Altai ruso.

Los árboles que crecen más rápido viven menos tiempo
Se han analizado 1.768 coníferas vivas y muertas.
Nature

La mítica frase ‘Vive rápido, muere joven…’, que pronuncia Humphrey Bogart en ‘Llamad a cualquier puerta’, es aplicable al resultado del estudio, que se publica en Nature Communications, que concluye que los árboles que crecen más rápido viven menos tiempo. Y concluye también que el cambio climático ha acelerado el crecimiento de los árboles con lo que su vida se acorta. Todo esto tiene consecuencias.

En la investigación, que empezó en 2004, que ha estado liderada por la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y en la que han participado el Instituto Federal de Invetigación suizo (Suiza), Centro de Investigación del Cambio Global y la Universidad de Masaryk (República Checa), la Universidad de Estocolmo (Suecia), la Universidad de Johannes Gutenberg (Alemania), el Instituto de Bosques de Siberia (Rusia), la Universidad Federal de Siberia (Rusia) y la Universidad de Basilea (Suiza), también ha contribuido el especialista en dendrocronología (parte de la botánica que establece la edad de un árbol y los cambios climáticos a los que ha estado sometido mediante la observación de los anillos de crecimiento anual) Jesús Julio Camarero, investigador del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), un centro de investigación integrado en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que cuenta con dos sedes: una en Jaca y otra en Zaragoza.

El estudio ha analizado 1.768 coníferas vivas y muertas, concretamente el pino negro (Pinus uncinata) y el alerce siberiano (Larix sibirica), que han crecido en sitios de gran altitud no perturbados, de los Pirineos y del Altai ruso durante los últimos 2.000 años. “Necesitábamos analizar los árboles en bosques menos densos, donde los árboles no hubiesen tenido que competir entre ellos por acaparar luz, suelo y recursos”, explica Jesús Julio Camarero. “En un bosque denso no se podía ver la correspondencia entre longevidad y crecimiento lento”.

“Encontramos que la edad máxima de los árboles se correlaciona significativamente con las tasas de crecimiento juvenil lento”, concluye la investigación. “Esto supone que al morir el árbol deja de retener el dióxido de carbono, que ha almacenado, y lo libera de nuevo”, anota el investigador del IPE-CSIC.

En duda la eficacia de las reforestaciones

“Por tanto, el valor de los bosques con árboles más antiguos es mayor de lo que se pensaba, no solo por su diversidad, sino por su capacidad para retener dióxido de carbono”, señala Jesús Julio Camarero. “Protegerlos debe ser una prioridad. Se debe velar por una buena gestión, que no altere sus características”.

Y es que este estudio pone en duda el valor de las reforestaciones. “Se suelen plantar especies que crecen muy rápido, pero quizás no sea lo más adecuado y se deba optar, además de por cuidar y gestionar mejor los bosques, por árboles que aunque tarden más tiempo en crecer, retengan por más tiempo el dióxido de carbono”, explica este especialista en dendrocronología.

Asimismo, esta investigación hace notar que el cambio climático, que está aumentando las temperaturas,  ha generado un desarrollo acelerado de los árboles. Con lo que se puede decir que los árboles están perdiendo parte de su eficacia para almacenar dióxido de carbono, pues, según la conclusión del estudio, al crecer más rápido, mueren antes y liberan el dióxido de carbono retenido.

  

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