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La huella zaragozana de Ica Novo, el cantor argentino que guió a Mauricio Aznar

El compositor de la chacarera 'Del norte cordobés', que vivió en Zaragoza algo más de cuatro años a finales de los 70 y principios de los 80, murió hace dos semanas en su país.

Ica Novo toca la guitarra en su casa de Cosquín, en 2018.
Ica Novo toca la guitarra en su casa de Cosquín, en 2018.
Jaime González

El pasado 26 de abril, la cantante argentina Marián Farías, amiga de su colega de profesión y compatriota Ricardo ‘Ica’ Novo desde siempre, recordaba al cordobés recién fallecido con dos frases. “¡Hasta cuando volvamos a encontrarnos y cantar chacareras! ¡Te vas demasiado rápido Ica Novo, cantor!”. En la casa de los Farías acuñó Novo su chacarera ‘Del norte cordobés’, que como recordaba el diario ‘Clarín’ en el obituario del artista, era la canción de cualquier tipo de folclor argentino con más versiones distintas grabadas: 60.

Vegetariano en el país del asado, indómito y viajero, Ica pasó cinco de sus 70 años de vida en Zaragoza, años de juventud en los que apiló amigos y admiradores de su talento. Mucho tiempo después, ya entrado en la cincuentena, conoció y guió a Mauricio Aznar, el inolvidable líder de Más Birras, en su viaje iniciático por la tradición musical del norte argentino. Ahora se ha reunido en el más allá con otro cantor al que dobló en años de vida terrestre y que comparte con Novo la inmortalidad que confiere un legado artístico imborrable.

La hermana menor del finado, María Elena Novo publicó en Instagram un mensaje muy sentido el mismo 26 de abril, horas después del fallecimiento del cantor. “Ica, sos eterno en nosotros los que te amamos. María Zamba, el papi, la mami, la Lali, la Nuni y la Mica te están esperando. Dejás para todos tu música y tu poesía; obra maravillosa como pocas. Siempre orgullosa de vos, jamás transaste para ganar dos mangos más. ¡Imposible olvidarte, Ica eterno!”. Jaime González, desde Zaragoza, desgrana recuerdos y anécdotas de su amigo, al que por fortuna pudo visitar en Argentina durante el mes de junio de 2018, tras muchos años en desconexión.

El fundador de las bandas Amankay y Almagato era un adolescente cuando supo de Ica, y seguía siéndolo al conocerlo en persona. “Recuerdo la Taberna La Borina, en la calle Doctor Lozano Monzón: íbamos allá con la guitarra, te daban cacahuetes si pedías un porrón, y podías tocar lo que quisieras. En el piso de arriba había sinfonola, y en ella un single de vinilo con un son caribeño, ‘Cuando el hombre va en camino’, y una baguala, ‘El seclanteño’, cantadas por Ica. Drexler acaba de grabar una baguala. por cierto. Nos encantaban las dos canciones: así lo conocimos”.

González recuerda luego el local en el que vio tocar por primera vez a Novo. “Abrieron en la calle Sepulcro un garito, El Cafetín, que era minúsculo, con un escenario a la izquierda. Se inspiraba en el Cafetín Musiquero de Barcelona, punto de reunión para los que salían huyendo de las dictaduras militares de Chile y Argentina en los 70. Duró unos 10 años y allá tocaban Santi Lorén, el genial realizador audiovisual zaragozano que siempre ha sido un arreglista fantástico, o Julián Vildosola, Julián Córdoba de nombre artístico, chaqueño él; les acompañaba una excelente vocalista, Marjo. Julián era igualmente un gran músico, dominaba la trova y la chacarera”.

Cuando el local de Barcelona cerró, Vildosola lo reactivó en Zaragoza junto al propio Ica y Gonzalo Isasi. “Los Amankay éramos unos criajos, estábamos recién formados como grupo y fuimos allá a aprender: te hablo de finales de los 70”. Ica Novo vivió algo más de cuatro años en Zaragoza. “Me daba mucha envidia el tío -bromea González- porque solo era cinco años mayor, pero yo era un crío y él un hombre hecho y derecho con mucha vida a sus espaldas, un guitarrista fantástico que también dominaba el bombo. Encima era un guaperas de melena y barba pelirroja, que ligaba mucho”.

En el Cafetín eran habituales el poeta Ángel Guinda, los Puturrú al completo con Curro Fatás, Pepe Gros y Juan Labordeta… había una mezcla tremenda de burgueses y bohemios, y la música buena no faltaba. “Te contrataban por quincenas, tocabas a diario y hacías hasta cinco pases un sábado”, recuerda González. “Allí vimos tocar al charanguista potosino Florindo Albis y otro boliviano, el guitarrista Pepe Ramírez, siempre discreto y buena gente, un virtuoso que tocaba suave y también pintaba muy bien. Estuvo Edgardo Porcelli, la chilena Mónica Troncoso que cantaba flamenco… aquello duró unos cuantos años, luego tomó el timón María Lecha y más tarde llegaron otros dos gerentes: cerró en el 88 y creo que así sigue el local”.

Anuncio del Cafetín (arriba a la izquierda) en HERALDO. Año 1979.
Anuncio del Cafetín (arriba a la izquierda) en HERALDO. Año 1979.
HA

Ica desapareció un día de Zaragoza, así de pronto. “Llegamos a pensar que le había pasado algo malo -cuenta González- pero al cabo de unos años supimos que se había ido a Portugal con una chica. Luego, mucho después, nos llegó había estado en contacto con Mauricio en su viaje iniciático por Argentina: lo halló en Cosquín, donde empezó a conocer el submundo musical de la zona, acabaron en casa de Carlos Carabajal; Mauricio volvió envenenado por la música argentina, no pensaba en otra cosa”.

Ica tocaba temas de Silvio al principio, aparte de un tema de Daniel Toro, ‘La caja, el bombo y la quena’. Luego llegó ese paradigmático, ‘Del norte cordobés’, chacarera que compuso por un pique de la madre del músico Farías Gómez en su casa, en el que se cuestionaba su dominio del bombo y su aspecto, más de rockero que de folclorista. “La primera vez que oí esa canción fue gracias a unos argentinos que trajo Mauricio a Zaragoza: Esteban Sarlenga (actual subsecretario de Cultura en la ciudad argentina de Cañuelas, cercana a Buenos Aires) y Atilio Fischer. La tocaron en el sótano de Almau”.

Ica también compuso con Peteco Carabajal o el también desaparecido Raúl Carnota. “Al Ica lo vi por última vez en Cosquín en 2018 -rememora González- después de contactar con él a través de Facebook, con vistas a verlo en el viaje que iba a hacer. Llegué en avión a Pistarini y arranqué directo para el barrio de Martínez al norte de Buenos Aires, hasta su casa. Estaba más o menos bien entonces, aunque lógicamente se le notaba el paso de los años, como nos pasa a todos; vivía en una casita humilde llena de papeles con anotaciones, poemas, partituras… eso sí, tenía una habitación con batería, piano y guitarra”.

González cierra sus recuerdos del vate con escenas que parecen imágenes en movimiento. “Estuvimos en su casa tocando, hablando, me llevó a ver a un luthier porque yo quería comprar un charango Patagua… recordaba sus años zaragozanos. Me enseñó canciones nuevas en su línea visceral, porque nunca se adscribió a un estilo o escena concreta: incluso hizo himnos formales a Cosquín o Deán Funes, su pueblo natal, y ese año preparaba una canción dedicada a Messi, con vistas al Mundial de fútbol de ese año”. El vate cordobés no llegará a disfrutar del futbolista rosarino con la albiceleste el próximo otoño en Qatar, en el que quizá sea el último asalto del astro al trofeo más codiciado del planeta fútbol. Sus canciones, sin embargo, sí le han valido un título mundial a Novo, aunque lo niegue la parca: el de cantor inmortal.

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