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Almau: "Sobrevivimos a la guerra y sobreviviremos a la pandemia"

El propietario de Bodegas Almau, establecimiento con 150 años en Zaragoza, no se rinde pese a la crisis de la hostelería. 

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Miguel Ángel Almau, en Bodegas Almau.
Oliver Duch

Bodegas Almau se fundó en 1870. Y ahí sigue, en la calle Estébanes, en el castizo Tubo zaragozano. Este año que se extingue ha cumplido 150 años. Tiempo duro para celebraciones…

Desde luego. Ha sido año de aniversario, pero ha sido durísimo, el más duro de los que he vivido en el establecimiento. Estuvimos 50 días cerrados, pero seguimos adelante. Sobrevivimos a la guerra y sobreviviremos a la pandemia.

Cerró Pascualillo, también en el Tubo; la semana pasada se despidió el Artigas…

Se trata de establecimientos de mucha tradición; pero los dos fueron por jubilación. En cualquier caso, la crisis de la hostelería por la pandemia es evidente.

¿Cómo es posible no sufrir la erosión del tiempo y seguir siendo moderno 150 años después?

Usted viene por aquí y quizá sepa la respuesta. Creo que sí lo sabe... Yo le contaré la historia.

Vamos con ella.

Nacimos desde el mundo del vino a granel en el Campo de Borja. Nosotros, mis hermanos Francho y Noé y yo, somos la cuarta generación. La saga la inició mi bisabuelo Dionisio.

Dionisio: clara evocación al dios del vino…

Así es (sonríe). Se trasladó a Zaragoza y montó Bodegas Almau. Mi bisabuela Trinidad Nogués se quedó el negocio cuando enviudó.

Nogués, apellido de Borja.

Claro. Familia de Juan José Nogués, que fuera portero del Barça. En principio traían vinos de la zona. Sus hijos, mi tío abuelo Félix y mi abuelo Miguel, son la segunda generación. El negocio ya funcionaba. Antes fue peor con la guerra: estuvieron los dos en el frente y regentó el establecimiento Trinidad. Félix no tuvo descendencia y el negocio lo heredó mi padre, Miguel, hijo a su vez de mi abuelo Miguel. En 1975 se casaron mis padres, Miguel Almau y Cecilia Trujillo.

Allí arranca la tercera generación.

Exactamente. Mi madre transformó el establecimiento y lo dejó tal y como está ahora.

De lujo. Estos anaqueles estimulan a cualquiera…

Mantenemos los vinos a granel. Los traemos desde siempre desde Málaga, Jerez, el moscatel de Valencia… Y tenemos hasta 800 referencias de vinos. Y diseños elaborados de anchoas, que han ido creciendo con los certámenes de tapas de Zaragoza.

Hay hasta tapas de documental…

Es cierto. Se llama ‘Tierra de cierzo’. También trabajamos la croqueta, la salmuera…

Vinagrillos para hacer sed…

Los vinos merecen ser bebidos...

La terraza, fetén, de lo más ‘cool’ de Zaragoza.

Nació en 2006, en una iniciativa del Colegio de Arquitectos, el Ayuntamiento y la propiedad. Es una invitación artística que se llama ‘Los vacíos cotidianos’.

El libro de firmas del local también merece un subrayado.

Y eso que solo recoge firmas desde que me dio por comenzar a recopilarlas. Los actores que pasaban por el Teatro Principal, como Alfredo Landa, Mari Sampere, Alfonso del Real, Concha Velasco… También, los grupos musicales, pues la bodega era punto de cita de Más Birras, Tako, Distrito 14, Niño Gusano, Ixo Rai, Violadores del Verso… Y Labordeta, Amaral, Bunbury… Y por supuesto, Puturrú de Fuá.

El añorado Pepe Gros casi formaba parte del decorado…

Qué grandes momentos con Pepe... También, pintores, como Pepe Cerdá, Sergio Abraín, Broto, Aurensanz, Isidro Ferrer, Grañena, Cano… Y Forges y Mingote.

Y políticos...

Políticos de todos los colores. Pepe Atarés siempre le daba dos besos a mi madre. Ahora, Lambán y Jorge Azcón, que hasta nos han firmado sus mascarillas. También, arquitectos como Alday o Zaha Hadid.

Y directores de cine para contar esta preciosa película de Bodegas Almau…

Trueba, Bigas Luna, Álex de la Iglesia… Todos estamos de celebración por estos 150 años, pese a la pesadilla del coronavirus.

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