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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

la voz de mi amo

¿Qué haría hoy Mauricio Aznar con 55 años?

Seguiría porfiando en su oficio de cantor y probablemente experimentando con la música argentina y el jazz, según intuye su gran amigo Gabriel Sopeña.

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Foto de archivo de un concierto de Mauricio Aznar.
Luis Correas

Si Mauricio Aznar (Zaragoza, 26 de enero de 1964) viviese, tendría hoy 55 años prácticamente recién cumplidos. ¿Qué estaría haciendo? ¿Seguiría en la música? Y si así fuera, ¿qué clase de música estaría haciendo? A veces me hago estas preguntas ante el panteón de músicos ilustres desaparecidos en plena juventud o casi: Lennon, Hendrix, Elvis, Jim Morrison, Janis Joplin, Brian Jones, Kurt Cobain… Me temo que nos hemos perdido muchas cosas buenas de todos ellos, que seguirían activos. Y si no, basta con colocar la lupa en Bob Dylan, McCartney o el mismo Springsteen.

Con Mauricio pongo la mano en el fuego de que estaría inmerso en la música, de que, pese a los reveses comerciales de Golden Zippers, Mas Birras y Almagato, seguiría porfiando en el oficio de cantor aunque para eso se tuviera que echar a la calle cuantas veces fuera necesario, como ya de hecho hizo estando en Mas Birras, poniéndose a tocar en pleno paseo de la Independencia. La música la llevaba en vena desde que en su infancia, con doce años, ‘se bebió’ a Dylan, tras el regalo navideño que sus padres le hicieron con un lote de tres discos: Te recuerdo Amanda, de Víctor Jara, Tubullar Bells, de Mike Oldfield, y Desireé, de Bob Dylan.

Pero ¿qué música cantaría?, ¿qué grabaría, si hubiese oportunidad?, ¿seguiría con Almagato?, ¿seguiría con la fiebre de las chacareras y sus vivencias argentinas junto a los Carabajal?, ¿habría cambiado de estilo, dando uno de sus sorprendentes saltos? Imposible, evidentemente, adivinar el futuro pero probablemente hoy tendríamos a un Mauricio de vuelta al pop. Su gran amigo y colega Gabriel Sopeña así lo intuye por los hechos que se produjeron antes de morir, el 2 de octubre de 2010. “Teníamos 20 canciones compuestas con destino a un disco que grabaríamos en dúo con ayudas de artistas invitados como Bunbury, Amaral, Elena Rubio… No tenían nada que ver con Almagato, eran canciones de pop-rock con aires latinos”, me dice. Lamentablemente, ahí se quedaron aquellas canciones, o ahí están para ser grabadas cuando sea posible, bien por el mismo Gabriel o por otros artistas, como, por ejemplo, Bunbury, que tiene en sus manos una de ellas, La balada del matrero, por si un día la quiere grabar.

Lo que está claro es que Mauricio seguiría en activo y experimentando, según Sopeña. “Era un poco Dylan, siempre un paso por delante y en su cabeza anidaba la idea de llevar lo que estaba haciendo con la música argentina al terreno del jazz. También estaba muy interesado en trabajar con Javier Mas y, desde luego, decidido a volver al pop”.

Lamentablemente, y pese a la buena salud que exhibía (menudas columnas de piernas, debido a la bicicleta) y que yo mismo puede comprobar en mi casa, en una larga y sincera conversación que mantuvimos los dos muy poco antes de su fallecimiento, todos aquellos proyectos estallaron por culpa de una maldita jeringuilla. Gran pena. ¡Qué tesoros no tendríamos ahora en las manos y en los oídos! Mauricio, subestimado en su momento en la ciudad por el público y más por los jerarcas culturales del PP y del mismo PSOE que luego le tributaron un hipócrita homenaje, no digamos del repudio e indiferencia de Pirineos Sur, y con mucha mala suerte con el ‘bisnes’, que diría Labordeta, tenía madera de genio inquieto y creador. Me temo que no dio todo lo mejor que llevaba dentro, que aún le quedaban muchas cosas buenas por entregarnos. Ya digo, una pena.

Para otra ocasión dejo cómo se hizo rockabilly y formó su primer grupo, Golden Zippers, que resultó curioso y que en cierto modo explica su camino experimental y sus saltos estilíticos, no amoldado monolíticamente a géneros fijos. Y ya puestos, no está por demás evocar sus canciones con Mas Birras.

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