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Un Real Zaragoza demasiado a remolque, sin lograr la iniciativa en el marcador

El equipo de Carcedo solo ha estado en ventaja el 19,5% del tiempo disputado en las primeras siete jornadas, un mal especulativo que ya viene de la pretemporada.

Cristian Álvarez, tras detener un ataque del Mirandés el pasado sábado, ante Lluís López y Raúl García.
Cristian Álvarez, tras detener un ataque del Mirandés el pasado sábado, ante Lluís López y Raúl García.
David Pérez/LOF

El Real Zaragoza que ha acuñado Juan Carlos Carcedo desde su llegada al proyecto en julio está manifestando serias dificultades para gobernar el tempo de los partidos. Manifiesta una tremenda carencia de gol, tiene severas dificultades para adelantarse en el marcador y, por ello, la mayor parte del tiempo de los partidos está a remolque de los rivales o, como mal menor, en la incertidumbre constante de los marcadores igualados, indefinidos y llenos de nerviosa incertidumbre. Como ya pasó el año pasado con Juan Ignacio Martínez ‘Jim’ y, en el anterior, también con Rubén Baraja y, brevemente, con Iván Martínez, estamos ante un Zaragoza que no disfruta del juego, no se gusta, no manda, no se impone por sus propias dotes al rival.

Los números son tan contundentes como explicativos y preocupantes. En las siete primeras jornadas de liga, el Real Zaragoza de presente solo ha ido por delante en el tanteo en 123 de los 630 minutos disputados (no se computan los aumentos, en el neofútbol mucho más amplios de lo tradicional, lo que llevaría la cifra real a alrededor de 700 minutos). Eso es solo el 19,5 por ciento del tiempo de juego. Muy poco. Sinónimo de problemas de solvencia y peso específico en la competición diaria.

Nunca tuvo ventaja el Zaragoza de Carcedo en las tres primeras jornadas, cuando se quedó sin marcar (razón irrefutable para tal efecto) ante Las Palmas, Levante y Cartagena, con dos empates y una derrota. Y tampoco lo hizo en el K.O. de Miranda en la última cita, por ese motivo tan contundente: el cero en el guarismo de su marcador particular. Han sido cuatro duelos a merced de los vientos ajenos donde, con fortuna, el equipo sumó dos puntos de 12 a base de sendas igualadas 0-0.

En las tres ocasiones donde sí vio puerta, con cuentagotas, una se le fue por el sumidero pues acabó tumbado por el Lugo 1-2. Ese día, los de Carcedo estuvieron por primera vez con ventaja en esta liga, pues marcaron el 1-0 en el aumento de la primera parte con el estreno de Simeone en tamaña tarea de enjundia. Pero ese importante botín solo les duró 11 minutos en la reanudación.

En Ponferrada, lugar del primero de los dos únicos triunfos hasta ahora rubricados por Carcedo y los suyos, la situación ventajosa de los blanquillos acumuló 72 minutos (desde el 11 hasta el 41 y desde el 50 al 90). Y la última escena de iniciativa zaragocista fue en el triunfo ante el Sporting por 1-0, que se tuvo durante 40 minutos.

Este parámetro denuncia un problema de capacidad de mando en los partidos; de pegada en la zona clave, la de los goles; de destreza para inclinar la balanza táctica hacia el lado zaragocista en los minutos de tanteo de cada inicio de los partidos. Porque el Real Zaragoza de Carcedo, cierto es, ha tenido varios comienzos efervescentes, especialmente en casa, como local. Pero, en cada caso, se le han ido al limbo sus primeras dos o tres oportunidades claras, aún con el 0-0 vigente. Y eso no es cuestión secundaria. Al contrario, en una liga como la Segunda División española esto es asunto mollar, el núcleo de una buena, mala o regular temporada.

Es un adagio, acuñado hace años con mucho fundamento, que, en la igualadísima categoría de plata, quien logra marcar primero tiene más de medio partido en el bolsillo. Y el Real Zaragoza está siendo incapaz en demasiados casos de aplicarlo a su favor, pese a disponer de opciones para ello.

No es un mal nuevo ni que sorprenda. Es otra de las herencias de los dos años precedentes, con el resorte causal principal en cada una de ellas centrado en la misma mácula táctica que persiste: la falta de gol. El equipo guarda tantas similitudes en el reparto de su plantilla que no es anormal que se clonen los problemas. Es, incluso, lo natural.

La pretemporada ya avisó

Si el análisis se centra solo en este curso, el del nuevo proyecto y el nuevo entrenador, Carcedo, este defecto de la falta de control en el timón de los partidos ya fue desnudado en buena medida en los amistosos de pretemporada, a veces tan engañosos, a veces tan fieles en los avisos de taras.

En los ocho bolos preparatorios, sobre un global de 720 minutos, el Real Zaragoza estival que jugó con el burladero admitido de un escenario meramente de pruebas y ensamblajes, solo estuvo 150 minutos en ventaja en los marcadores. Eso es el 20,8 por ciento. Es decir, algo muy similar a lo que acontece en la competición oficial.

Se incluyen, para que el estudio no sea acusado de sesgos, todos los envites con rivales menores, de Segunda RFEF (tres) y Primera RFEF (uno). Así, el primero ante el filial, el RZD Aragón, ayuda a edulcorar ese porcentaje, pues fueron 72 minutos de sencillo manejo del tanteador por mera superioridad en el nivel de adversarios. Lo mismo sucede con los 45 minutos (la segunda parte) que el Zaragoza estuvo ganando en Lérida, donde, eso sí, empezó perdiendo.

A partir de esas tardes menores, los números ya anunciaban algo. No se superó nunca al Teruel, al Nástic (de categoría inferior los dos), al Al Nassr saudí, ni al Betis. Y solo 5 minutos al Al Shabab, al final. Y los 28 de ventaja en Gerona (del 45 al 73) acabaron sin triunfo final. Es un mal y peligroso vicio tener que remontar siempre.

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