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Los peñistas del Real Zaragoza, "en un sinvivir" y con "impotencia y frustración"

Vicente Casanova, presidente de la Federación de Peñas, transmite la incertidumbre que vive la afición a la espera del desenlace del parón por la pandemia de la covid-19. "El equipo tiene que estar en Primera sí o sí el año próximo", dice.

Vicente Casanova, segundo por la derecha, junto con otros peñistas (Carlos Asín y los hermanos Sancho) en una fotografía tomada poco antes del parón de la competición para un reportaje en HERALDO sobre el Real Zaragoza invicto y lanzado en la segunda vuelta de la liga.
Vicente Casanova, segundo por la derecha, junto con otros peñistas (Carlos Asín y los hermanos Sancho) en una fotografía tomada poco antes del parón de la competición para un reportaje en HERALDO sobre el Real Zaragoza invicto y lanzado en la segunda vuelta de la liga.
Oliver Duch

Camino de los dos meses de parón de la liga sine díe, las noticias diarias en torno al fútbol se centran el los regentes de la LFP, de la Federación, en el sindicato de futbolistas AFE, en el Consejo Superior de Deportes (el Gobierno), en los protocolos desde el punto de vista médico y físico, en los test de detección de la infección cuando los equipos vuelvan a poder trabajar, en el ámbito jurídico y normativo a aplicar en las competiciones si al final no se pudiese acabar lo que resta de torneos... El receptor masivo de estas informaciones, sin embargo, es el aficionado al balompié, por ser legión millonaria en todo el país y allende las fronteras. 

Los seguidores de los equipos, los hinchas, los peñistas, los simpatizantes de los viejos clubes, asisten con máxima atención al devenir diario de este colapso sin precedentes. En el ámbito del Real Zaragoza, Vicente Casanova es desde hace largo tiempo el presidente de la Federación de Peñas, con una cifra cada vez más cercana a los 200 colectivos peñistas asociados, con muchos miles de correligionarios blanquillos unidos por el amor al zaragocismo en pura esencia. Y él explica a HERALDO cómo está viviendo esta época sin parangón junto a su junta directiva.

¿Cuál es el estado de ánimo de los zaragocistas que aglutinan las peñas en cientos de rincones de Aragón y de toda España?

La primera preocupación, la número uno, es la sanitaria, la social, la del riesgo vital que tiene esta pandemia mundial. Es terrible la cantidad de gente que está muriendo. Pero, por debajo de ese nivel de prevalencia, es obvio que la pasión del peñista del Real Zaragoza, su ocio, su leitmotiv cada fin de semana, es su equipo. Y con todo parado, esa parte importante de la vida de los zaragocistas, sean peñistas o no, también se ha parado. Es algo muy fuerte, inexplicable. 

¿Qué comentan entre sí, en sus grupos de chat, en sus redes sociales, en sus llamadas telefónicas personales?

Cada día es un hervidero. Estamos en un sinvivir. Vivimos la actualidad del equipo con la respiración contenida, esperando el desenlace de esta temporada en la que, cuando todo se paró el 8 de marzo, estábamos acariciando con la punta de los dedos el ascenso a Primera División, o sea, lo que venimos soñando desde hace casi 8 años. Cada información su surge en cualquier punto del mundo sobre el coronavirus y el fútbol nos genera una reacción que compartimos enseguida. 

¿Y cómo lo ven?

Pues el punto de partida es claro: todos teníamos la fe de que esto iba a acabar bien por fin este año, el ascenso lo teníamos bien encarrillado. Y ahora, con la aparición de este nuevo escenario, tan inconsistente, aparecen fantasmas que hace mes y medio eran impensables. Como esas teorías que dicen que, por cuestiones normativas, el Real Zaragoza podría acabar no subiendo a Primera. Eso significaría un daño muy grave al equipo y a toda la afición. Estábamos en un momento impecable que se nos ha roto. 

Pero la idea principal de La Liga, la Federación y el Gobierno es jugar las 11 jornadas que restan y que sea el césped quien decida. 

A ver... entre la afición se tiene la sensación de que, todo lo que no sea estar en Primera el año próximo, será difícil de asumir. Cuando se paró el torneo veníamos de ganar en Málaga, con la moral por todo lo alto, con 5 puntos de ventaja sobre los primeros perseguidores, al borde de ser líderes. Si ahora, por lo que está pasando, esto no sucediera, iba a ser difícil de digerir, un golpe anímico muy, muy difícil de soportar. Incluso superior a aquel de la Promoción perdida en Las Palmas por 6 minutos. 

Es decir, que nadie se imagina entre la afición que, en un caso extremo, pueda desembocar todo en una decisión que haga seguir jugando al Real Zaragoza en Segunda en lo sucesivo.

De ningún modo. En la competición íbamos lanzados, con gran ventaja adquirida, invictos en toda la segunda vuelta. Se han jugado ya 31 partidos, casi el 75 por cien del total. Si se reanuda la liga, habrá que confirmar sobre el campo esa trayectoria. Pero, si no fuera así por lo que fuese, creemos que el Real Zaragoza tiene que estar en Primera como sea, sí o sí. 

A fecha de hoy, ya habrían pasado 6 jornadas de las 11 que faltan. Todo estaría ya muy avanzado. Este día a día programado con viajes, hoteles y actividades seguirá siendo motivo de comentario entre las peñas.

Impotencia es una palabra que define bastante bien lo que sentimos. También frustración. No es esta la realidad que pensábamos estar viviendo ahora respecto del Real Zaragoza y la liga de fútbol. Teníamos muchos desplazamientos ya montados, Lugo, Gerona... también queríamos ser decisivos en los partidos de La Romareda, había miles de personas implicadas a tope. Y no podemos hacer nada de eso. Es como cuando ves a alguien a quien quieres mucho en un apuro serio y no puedes ayudarle. Se nos ha ido de nuestro alcance el día a día del equipo.

Y, para la afición, no solo el presente es anómalo. El futuro que viene, de manera indefinida por ahora, será con fútbol a puerta cerrada, sin público en las gradas. 

La afición está ahora mismo desactivada. Y el fútbol sin afición es quitarle la esencia con la que nació hace más de un siglo. Esto tiene mucho de sentimiento popular, de pertenencia grupal. Sin afición, el fútbol será otra cosa bien diferente, mucho más fría y analítica, con menos pasión y sin temperatura ambiental. Pero, en este sentido, hemos de resignarnos porque, desde el punto de vista sanitario y social, es lo que procede hacer. 

Tienen ante sí un largo tiempo de espera hasta que pueda volver, en la medida en que se pueda, cierta normalidad. 

Particularmente, ese es mi sueño: poder volver cuanto antes a un estadio. Yo creo que muchos, muchos, nos hemos dado cuenta de la importancia que el fútbol tiene en nuestra vida. Esta ausencia total de deporte, de pasión semanal, de relaciones humanas en torno al fútbol que ha generado esta pandemia nos tiene descolocados. Nadie había vivido algo así jamás, ni siquiera en el verano, en las vacaciones entre temporadas. 

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