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Nieves y Solana: el fútbol a puerta cerrada, según dos zaragocistas que lo vivieron

El portero jugó en 1977 con el Real Zaragoza el final de un partido ante el Valencia (8 minutos) en el Bernabéu de Madrid. El lateral disputó, en el mismo estadio, el histórico Real Madrid-Nápoles (de Maradona) en 1987.

Dos fotografías del último partido oficial a puerta cerrada en la historia del Real Zaragoza, en el Santiago Bernabéu de Madrid en mayo de 1977, frente al Valencia: solo se jugaron 8 minutos, tras haberse suspendido el choque tres días antes en Mestalla en el 84 cuando el cuadro aragonés debía lanzar un penalti con 1-0 en contra.
Dos fotografías del último partido oficial a puerta cerrada en la historia del Real Zaragoza, en el Santiago Bernabéu de Madrid en mayo de 1977, frente al Valencia: solo se jugaron 8 minutos, tras haberse suspendido el choque tres días antes en Mestalla en el 84 cuando el cuadro aragonés debía lanzar un penalti con 1-0 en contra.
Juan G. Misis/Archivo Heraldo Documentación

Vamos hacia un periodo de fútbol a puerta cerrada. Por este camino único se prevé la reanudación de las dos ligas profesionales en España en cuanto sea posible desde el prisma sanitario y social, una vez amaine lo suficiente el efecto de paralización cuasi absoluta de la normalidad que ha originado la pandemia de coronavirus Covid-19 desde mediados de marzo. 

En Zaragoza viven, entre otros, dos jugadores que pueden trasladar sus vivencias sobre lo que supone jugar en estadios vacíos. Manolo Nieves, portero blanquillo durante tres lustros y, después, técnico del club hasta su jubilación, lo hizo en 1977 (hace 43 años). Y Jesús Solana, defensa del mítico equipo campeón de la Recopa de Europa, lo hizo en 1987, una década más tarde. 

Nieves fue el guardameta zaragocista en mayo del 77 cuando se debieron completar los 6 minutos y el tiempo añadido que faltaban en un Valencia-Real Zaragoza suspendido 3 días antes en Mestalla por incidentes graves del público a la hora de tirar un penalti el equipo aragonés, que perdía 1-0 a esas alturas del duelo de la penúltima jornada de liga (el apéndice se disputó en el Bernabéu de Madrid, en terreno neutral). Y Solana, antes de venir al Real Zaragoza, jugó los 90 minutos del histórico Real Madrid-Nápoles de septiembre del 87, con Maradona en la filas italianas, pues la UEFA castigó a jugar sin público en el Bernabéu al club merengue por los incidentes acaecidos un año antes en un cruce europeo ante el Bayern Munich.

Imagen del Santiago Bernabéu vacío durante el Real Madrid-Nápoles de 1987 en la Copa de Europa.
Imagen del Santiago Bernabéu vacío durante el Real Madrid-Nápoles de 1987 en la Copa de Europa.
HA

Detalles a tener muy en cuenta

Los dos exfutbolistas dejan, en conversación con HERALDO DE ARAGÓN desde sus respectivos domicilios zaragozanos, detalles a tener en consideración desde la experiencia vivida en primera persona. Nieves es cristalino en su primer recuerdo: “Es una sensación tan extraña que parece que estás en un entrenamiento. Cuesta mentalizarse de que eso vale, de que es un partido de liga. Aquella tarde nosotros nos estábamos jugando el descenso. Y fue imposible tener el nivel de mentalización normal de un partido con público”, rememora el guardameta. 

Manolo Nieves (izda.), en un partido en La Romareda. Jesús Solana (dcha.), sobre el césped del estadio en un posado reciente para HERALDO.
Manolo Nieves (izda.), en un partido en La Romareda. Jesús Solana (dcha.), sobre el césped del estadio en un posado reciente para HERALDO.
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Solana apunta más detalles: “Es como un partido de Regional, pero no en un campo de Regional. Aquí se trata de estadios grandes vacíos, que generan una acústica inusual. El Bernabéu, aquel día del Nápoles, fue un constante descubrimiento de ruidos, de gritos, de instrucciones, de discusiones… que en un partido normal no las palpas, no te enteras. Se oye todo y con eco. Los golpes en las entradas, bota con bota. Yo lo viví como una anécdota, como algo extraño y único, algo muy lejos de lo que debe ser un partido normal”, dice el zaguero. 

Manolo Nieves sigue desempolvando matices de aquel episodio sin público en 1977. “Ya cuando llegamos con el autobús al campo fue un shock. No había nadie, ni fuera ni dentro del estadio. Solo media docena de policías y los empleados del campo. En los vestuarios todo era silencio. Cambiarnos y salir al campo fue tan desolador que me di cuenta que el fútbol en esas circunstancias era muy difícil jugarlo. Y eso que nosotros sólo disputamos 6 minutos y el tiempo añadido, fue muy rápido. Jugar 90 minutos debe ser un desastre”, apunta el de Langreo. 

Y Solana apostilla: “El jugador, en el campo, si no oye nada en la grada puede verse influido negativamente. El fútbol necesita estímulos permanentes. Estoy seguro de que las aficiones organizarán recibimientos y ánimos desde el exterior, fórmulas para que los equipos no se sientan solos. Yo creo que va a haber mucha diferencia entre los partidos trascendentes y los intrascendentes. Aquel que jugué contra el Nápoles tenía motivación por lo que había en juego, porque estaba Maradona en frente. Pero si no hubiera sido así, ante un rival menor, aquella noche hubiera sido una pachanga. El público es lo que anima muchas veces a la competitividad, ejerce de presión en campo propio. Y eso va a desaparecer", razona el riojano. 

Nieves añade más cuestiones importantes. “Mi experiencia me dice que jugar un partido profesional a puerta cerrada va en contra del fútbol. El fútbol es pasión. Y si le quitas el público, se convierte en otro deporte. Lo que vivimos aquel día en el Bernabéu contra el -Valencia fue un espectáculo anómalo. Estas 11 jornadas que faltan, si de juegan así, se disputarán haciendo otro deporte. Pierde toda la emoción y la motivación del jugador, al que le va a costar meterse en los partidos muchas veces”, relata el cancerbero.

Chucho Solana introduce otro factor no desdeñable del neofútbol que se avecina si la liga se reanuda sin público: “Luego, está el asunto de los árbitros. En condiciones normales, hay muchas decisiones durante los partidos que se ven mediatizadas por el público. En este tipo de partidos, es lógico que el árbitro vaya a estar menos presionado y sus decisiones serán menos condicionadas. Además, ahora, con los pinganillos, no paran de hablar. No es como en mi época. Eso también va a ser otra distorsión en el minuto a minuto de un partido”, subraya el de Arnedo. 

Como colofón, Nieves deja clara su perspectiva de las cosas antes de que puedan ocurrir. “Yo creo que no tiene sentido jugar partidos a puerta cerrada. Me parece, insisto, algo desolador para los futbolistas. Aquella del Bernabéu fue la experiencia más rara de mi carrera como portero. El retumbar del golpeo del balón, los gritos de todos los jugadores, los entrenadores vociferando… nada que ver con un partido normal. Decidir un campeonato, ascensos y descensos, en partidos a puerta cerrada es una falta de sentido común. Sé que prima el dinero y que los clubes se basan en la televisión. Pero el fútbol sin afición y en campos vacíos es antinatural. Se rompen todas las condiciones normales, los factores habituales de cada partido. Será una lotería”, incide el exportero y extécnico zaragocista. 

La aportación última de Solana es un consejo para la preparación de estos episodios anormales que se acercan si hay que concluir la liga a puerta cerrada. “Mi recomendación es hacer como cuando estuvo Víctor Espárrago entrenando al Real Zaragoza: en los partidos de los jueves, siempre en La Romareda vacía, nos hacía vestirnos con el uniforme real, con espinilleras y todo. Era un simulacro verdadero de lo que iba a venir el domingo, pero sin gente. Creo que eso puede venir bien ahora ante lo que se avecina, porque acelerará el conocimiento de unas sensaciones inéditas para todos”, remata.

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