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Real Zaragoza-Real Madrid: la noche de La Romareda

El Real Zaragoza y Madrid se enfrentan este miércoles 29, día de San Valero, por la noche (21.00) en una Romareda que estará a rebosar. Víctor Fernández habla de disfrutar del partido de Copa del Rey, mientras que Zidane va en busca de otro título.

Cientos de aficionados recibieron al Real Madrid y al Real Zaragoza a su llegada al campo.

Entre los pasos fatigosos por el desierto de la Segunda se ha colado este partido de Copa del Rey entre el Real Zaragoza y el Real Madrid, que aquí se ha recibido como si fuera una bendición. Rompe este encuentro con todos los rígidos moldes a los que estamos acostumbrados desde hace siete temporadas, desde que el equipo aragonés porfía por recuperar un espacio en la élite del fútbol español. 

La vista del equipo de Zidane, este miércoles 29 (21.00) abre la puerta a la nostalgia, o incluso a la melancolía. Recuerda que fuimos grandes. Que el Real Zaragoza se codeó en condición de par con los equipos que son vanguardia de España y hasta de Europa. De tanto en tanto, les hacía hincar la rodilla, en una rebelión relativamente secuencial y asociada al carácter no sólo de un equipo, sino de una identidad. Es, precisamente, en esta competición donde el equipo aragonés ha labrado su brillante historial, todavía rico en relación a quienes han ido sumando títulos durante estos últimos quince años.

En el ambiente de la capital aragonesa se respira el aire de las grandes citas, de aquellas grandes noches en las que casi todo era posible, desde doblegar al Real Madrid de los galácticos, al Barcelona de Ronaldinho o a una Roma que nos sacaba varios cuerpos en modernidad, como casi todo el fútbol italiano de aquel momento.

Resulta inevitable recordar, por supuesto, el último precedente de Copa ante el Real Madrid, cuando la escuadra aragonesa infligió un tremendo 6-1 al bloque merengue, en una noche en la que quedaron grabados para siempre en la memoria colectiva los nombres de Diego Milito, autor de cuatro goles, y de Ewerthon, que firmó otros dos. Fue, quizá, el último gran canto del Real Zaragoza, antes de caer derrotado en el estadio Santiago Bernabéu en la final librada contra el Espanyol. Luego vino el discurrir que todos conocemos, mayormente duro, triste y casi trágico para la entidad y para el zaragocismo, un tiempo oscuro del que un día próximo -acaso en el transcurso de esta misma campaña- se espera salir.

Animados como pocas veces en estos años, algunos peñistas y aficionados de cuna del Real Zaragoza han soñado en las horas previas a esta cita con otra gesta, con otra ruptura de la lógica y de la razón por parte de los futbolistas que visten la camiseta con el escudo del león rampante. Pero si siempre es complicado doblegar al Real Madrid, aún parece más compleja esta empresa ahora. La distancia futbolística entre un equipo y otro es abismal, cualquiera que sea el término que se escoja para medir: presupuesto, fichas de los futbolistas, títulos de la última década, internacionalidades, experiencias en finales, fondo de banquillo...

Víctor Fernández, de hecho, hace días que habla en público de este partido como de un encuentro con el que disfrutar del momento, del fútbol elaborado en una expresión elevada, como si se tratara de un regalo, de una concesión hecha por el destino y por la suerte del sorteo, que también pudo dar otro emparejamiento. A sus futbolistas no les ha transmitido un mensaje diferente. Huelgan en este día de San Valero exigencias, cargas, presión o búsquedas de rendimientos físicos extraordinarios, llevados al límite del músculo, de la concentración mental o de la disciplina táctica. Enfrente estará un Real Madrid que a estas alturas de la Copa del Rey ya no piensa tanto en las rotaciones o en dar descanso a sus futbolistas principales como en las obligaciones que son intrínsecas a su nombre: ganar siempre y pelear por la conquista de un título más.

El técnico francés se presenta este miércoles en Zaragoza con todo en su convocatoria: Ramos, Varane, Modric, Kroos, Marcelo, Carvajal, Benzemá... Mientras tanto, en el vestuario del Real Zaragoza cunden las ganas por participar en este partido, que en modo alguno se entiende como un obstáculo, sino como una gran oportunidad para mostrarse, para jugar en un marco espectacular y ante un rival de dimensión mundial.

La Romareda presentará un estado espectacular, llena a rebosar, como sucede en los momentos que el zaragocismo entiende especiales, particulares por unas razones u otras. La rapidez con la que se agotaron las entradas puestas a la venta o las largas filas de abonados que han acudido durante estos días a domiciliar su abono, a adquirir la entrada para el encuentro o -en mucha menor medida- para liberar su plaza en el estadio son claros síntomas de por dónde va a fluir la masa social. 

Algunas pequeñas historias particulares también devienen en signos, como es el caso del joven ingeniero zaragocista Adrián Morales, que viaja desde Augsburgo para ocupar un lugar en La Romareda. No es el único caso de esta dimensión. Entre el zaragocismo es palpable el ánimo por reencontrarse con una pizca de los sabores de antaño, de las noches mágicas en La Romareda, donde se han dado las gestas, los acontecimientos inverosímiles y las historias que luego se relatan en casa, para pasar, por el lenguaje, de unas generaciones a otras.

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