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Zaragoza

patrimonio

La barandilla de la plaza de Santa Engracia y el cuartel que la cerraba

La reforma que está prevista para la plaza de Santa Engracia dejará un espacio peatonal, como lo fue hasta los años 20 del pasado siglo.

Recreación de la antigua escalera de la plaza de Santa Engracia.
Recreación de la antigua escalera de la plaza de Santa Engracia.
Heraldo.es

Un profundo lavado de cara. Ese es el futuro que se anunció hace unos días para la plaza de Santa Engracia de la capital aragonesa. El Ayuntamiento de Zaragoza lo presentó como un espacio ajardinado, accesible y donde se ubicará el memorial de las víctimas de la pandemia.

Se trata de una céntrica plaza, hogar del busto de Joaquín Costa y que puede alardear de estar flanqueada por un rico patrimonio, como el edificio de Correos, el que acoge la sede de la Seguridad Social y de UGT – anteriormente la Caja de Previsión Social de Aragón- o los señoriales inmuebles que abrazan la glorieta. Sin olvidar la iglesia que le da nombre, cuya portada es la protagonista del conjunto. Además, en los nuevos planes se incluye que sea peatonal, una condición que ya tuvo hasta los primeros años del siglo XX.

José Blasco Ijazo, quien fue cronista oficial de la ciudad en los 50, dice en uno de los tomos de la colección '¡Aquí... Zaragoza!' que era "muy distinta". La falta de circulación rodada y la clara, a la par que movediza, arena del suelo la convertía en un lugar de recreo y disfrute para los niños zaragozanos. Espacio de juego y de travesuras. Blasco Ijazo también recuerda en la obra que los infantes solían "tirarse saltando la barrera de la barandilla central en lugar de bajar por las escalerillas de suave tramo".

"A ella se bajaba desde el paseo de la Independencia por unas escalerillas laterales"

Las ilustraciones antiguas dibujan dos alturas, el paseo de la Independencia en alto y la plaza en un hondo. "A ella se bajaba desde el paseo de la Independencia por unas escalerillas laterales dotadas de las correspondientes barandillas", expone Blasco Ijazo. Cuenta 15 peldaños por cada uno de los tramos.

El de la izquierda -si se toma como referencia la puerta de la iglesia- lindaba con el Teatro Pignatelli, que levantó su telón por primera vez el 8 de agosto de 1878 y se consideraba un "magnífico coliseo veraniego". En ese mismo solar se construyó el edificio de Correos, inaugurado en 1926. Por la derecha el límite era con la casa de la familia de Pamplona, vendida en 1927, detalla Blasco Ijazo."Antes perteneció al conde de la Rosa, donde finalmente estuvo domiciliada la Capitanía General hasta ser inaugurado el 30 de junio de 1893 su magnífico palacio en la entonces glorieta, hoy plaza de Aragón", continúa Blasco Ijazo.

"En la barandilla que separa la plaza de Santa Engracia del paseo había numeroso público que vitoreó a los soldados al salir del cuartel". Ese es un fragmento de la crónica de HERALDO sobre el embarque de las tropas el 31 de agosto de 1896. Precisamente, varios documentos referencian el atractivo de la mencionada barandilla para presenciar los desfiles militares.

La concurrencia marcial se debía a la ubicación de un cuartel en la misma plaza. De hecho, la amplitud que se se abría hacia el paseo de la Independencia se cerraba con estas dependencias del Ejército. "Había una casuca junto a la calle de Santa Engracia -en la actualidad de Inocencio Jiménez- provista de un corto túnel que comunicaba con parte de la huerta de Santa Engracia. A ese reducido inmueble, y en la misma línea, surgía un extenso cuartel para la tropa de Infantería, contiguo a la iglesia parroquial", se lee en las líneas escritas por quien fuera cronista de la ciudad desde 1954.

Cuentan que a la par que los ciudadanos se asomaban para ser testigos de los desfiles, también presagiaban el "gran ensanche" que se trazaría cuando ese cuartel desapareciese. Al parecer, la demolición de este inmueble no fue inminente, sino que los trámites derivaron en años de estudio. De hecho, estaba prevista que la calle de Joaquín Costa fuera la entrada a la Exposición Hispano-Francesa de 1908, sin embargo, el cambio de general paralizó el proceso. "Hemos tropezado con una causa grave en la resolución del expediente sobre la cesión del cuartel de Santa Engracia", avisó este periódico en julio de 1907. "Esta causa es la muerte del general Loño – Francisco de Paula Loño y Pérez-. El nuevo ministro de la guerra, el marqués de la Estrella, desconoce en absoluto el expediente. Tiene que estudiarlo antes con detenimiento", seguía el párrafo.

"El acceso de los visitantes sería cómodo, rápido y desde el entorno más moderno y señorial”

Ese inconveniente obligó a realizar "un cambio de planes de gran importancia", indica el Ayuntamiento de Zaragoza, ya que la idea original era situar la entrada de la exposición desde la plaza de Santa Engracia. "El acceso de los visitantes sería cómodo, rápido y desde el entorno urbano más moderno y señorial de Zaragoza", añade el Consistorio. El desenlace fue que el paso principal a la muestra se localizó en el camino de Ronda, actualmente el paseo de la Constitución, entre las calles de Éscar y Mefisto.

Dos décadas después, en una moción de una sesión plenaria del Ayuntamiento de Zaragoza, se planteó levantar la casa consistorial en las inmediaciones, en la huerta de Santa Engracia, tal y como se informó en HERALDO. Una idea que no llegó a fructificar. En 1929 también se erigió el edificio de Manuel Escoriaza Fabro. "Desde entonces la plaza de Santa Engracia presentó igual rasante que el paseo de la Independencia", referenció Blasco Ijazo.

'Del carbón' a Salamero

Otra de las inminentes obras de la ciudad, en esta ocasión ya han comenzado, son las de la plaza de Salamero, tradicionalmente conocida como ‘del carbón’. La intervención está enfocada a la descarga de la zona central para evitar el colapso de la plataforma sobre el aparcamiento subterráneo.

Flores y demás vegetación se proyectó en una reforma de la plaza, en los años 40 del pasado siglo. En una reproducción de Coyne se apreciaban dos hileras de árboles que custodiaban un boulevard, con inicio en la calle de Cinco de Marzo -en aquel entonces Requeté Aragonés- y que remataba en la actual avenida de César Augusto. "Cualquiera sabe quién verá terminada esta gran reforma", pronosticó José Blasco Ijazo en '¡Aquí... Zaragoza!'.

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