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La Caridad: hogar y silla en Zaragoza

El edificio de La Caridad es uno de los legados de la Exposición Hispano - Francesa de 1908. 

El edificio de La Caridad es uno de los legados de la Exposición Hispano - Francesa de 1908. Ocupa toda una manzana con fachada a tres vías: la calle de José Canalejas, el paseo de la Mina y la calle de Segismundo Moret.

La Caridad es una asociación benéfica que nació en la capital aragonesa en 1898. Los 121 años de historia le han convertido en una entidad asentada y con sillas. Unos asientos de madera que alquilan a particulares y que se han convertido en un icono de la fundación. Una torreta de esas sillas son la médula de la centenaria escalera que articula todo su edificio.

El inmueble es posterior a su creación. Al igual que la Escuela de Artes y Oficios o el Museo de Zaragoza es hijo de la Exposición Hispano - Francesa de 1908. Se planteó como una construcción permanente de tres plantas con líneas puras y un cuidado juego de volúmenes.

Aunque se podría considerar una obra de arte destacada - de hecho, está catalogado como bien de interés arquitectónico –no está firmada, como ningún otro edificio. No lleva una rúbrica, pero el sello de Ricardo Magdalena se manifiesta. El ladrillo, el regionalismo y la “sobriedad”, como se denomina este edificio en varios manuales, es seña del arquitecto municipal. También hay piedra, reservada “para las portadas que presentan decoración”, según el Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés (SIPCA). Una ornamentación que se resume en voluminosos arcos y detalles florales de corte modernista que parecen crecer de piedra sobre la fachada.

Dicha variedad de estilos lo convierten en “ecléctico”, tal y como se defiende en el informe histórico artístico del Ayuntamiento de Zaragoza. La diversidad coincide con su primera función. Las mismas fuentes municipales afirman que “inicialmente sería un espacio expositivo de contenido variopinto, con productos manufacturados e industriales, y una sección de arte contemporáneo”.

Sin embargo, en la actualidad el edificio suena a niños, al ritmo que entonan los juegos de patio. Esto es así desde enero de 1910, cuando la Fundación de La Caridad se instaló allí. Basilio Paraíso, Florencio Jardiel, sor Rosario Masieu y Segismundo Moret apostaron por ello: “Tras la finalización de la Exposición, uno de los tres edificios permanentes de la Exposición iría destinado a La Caridad”, apunta la entidad.

Miles de personas han desfilado por sus pasillos, jugado en su recreo y aprendido desde los pupitres. Entrar en las aulas, bajar por la escalera noble, arrastrar la mano por las paredes de azulejos o levantar la vista para ver las columnas de hierro es volver a principios del siglo XX. Tiene la magia y corte de los edificios antiguos, a pesar de sus múltiples remodelaciones y adaptaciones de los espacios a los nuevos usos. “La de más entidad por su incidencia en el conjunto y volumetría”, según su ficha técnica, es de Regino Borobio.

“Hoy en día tenemos que seguir realizando reformas porque este edificio requiere una importante adaptación para todo tipo de usuarios”, señala Daniel Gimeno, director de la fundación. La infancia, la tercera edad y las personas en riesgo de exclusión social son los tres focos de La Caridad que toman como hogar esta centenaria casa.

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