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Crecida del Ebro

Los municipios afectados critican la "falta de obras y soluciones" un mes después de la riada

El Gobierno de España sigue sin aprobar sus ayudas ni la declaración de zona de urgente actuación

La riada, un mes después

"Ha pasado un mes y no se ha hecho absolutamente nada". Con esta frase resumen agricultores, ganaderos, alcaldes y concejales la situación que vive la ribera del Ebro, donde los daños provocados por la última riada son aún más que perceptibles. Las motas siguen rotas y los caminos, impracticables. También hay riegos destrozados que impiden salvar los pocos cultivos que no anegó el agua, todavía presente en parcelas de municipios como Quinto. El problema, coinciden los consultados, es que ni siquiera se han iniciado los trámites necesarios para comenzar las obras de reparación.

Solo el Gobierno de Aragón ha aprobado un decreto de ayudas de urgencia de carácter complementario. El Ejecutivo central sigue sin ratificar el suyo ni declarar la ribera como zona de urgente actuación. La Diputación Provincial de Zaragoza, por su parte, ha anunciado una línea de 1,5 millones de euros para caminos rurales afectados. También ha pedido a la DGA que amplíe su decreto por considerar que hay municipios que se han quedado "fuera".

Colectivos como la Asociación de Afectados por las Riadas del Ebro (Asafre) aseguran que, a este ritmo, las obras no habrán terminado en septiembre. "Se está trabajando con lentitud cuando quedan caminos y kilómetros de tuberías de riego rotas", comenta su presidente, Alfonso Barreras.

En Remolinos, los 12 kilómetros de la mota principal presentan socavones de hasta 40 metros de ancho. El de mayor tamaño, situado ya en el término municipal de Luceni, acumula tres metros de agua. "Este es el que ha provocado todo lo demás", señala el alcalde de Remolinos, Alfredo Zaldívar, a escasos metros del abrupto final de la defensa. Los campos del entorno, repletos de grava y barro, evidencian la difícil situación en que ha quedado la huerta, a la que el Ebro llegó con un caudal de en torno a 2.400 metros cúbicos por segundo. "Se han inundado 800 de las 1.500 hectáreas", afirma el regidor.

Para moverse en coche hay que extremar la precaución, ya que hay numerosos caminos agrietados y otros que, directamente, han ‘perdido’ metro y medio de ancho. "Se puede pasar con coche, pero no con tractor", apunta Zaldívar. En ciertos puntos se han tenido que hacer arreglos provisionales para poder circular. "Estoy convencido de que la situación cambiará de aquí a un mes, pero nos plantamos en junio y la gente ya no va a poder sembrar", explica.

A los socavones provocados por el Ebro hay que sumar el que el tuvo que hacerse a propósito para sacar el agua. Las mayores pérdidas, en todo caso, se dan en el campo. "La alfalfa está llena de barro. Llevarla así al molino no tiene sentido, no la van a querer. Vamos a tener que habilitar una parcela para echar la que ya no sirve. También hay frutales que no van a dar ni un fruto ni medio", añade.

Zaldívar admite que tanto él como los agricultores están "siempre pensando" en el deshielo. "Afrontamos la situación con tranquilidad siempre y cuando no llueva", dice. En Pradilla, al igual que sucede en el resto de municipios de la ribera, todo está "igual que se quedó". Su alcalde, Luis Eduardo Moncín, no entiende por qué se está retrasando tanto el decreto del Gobierno de España. "Otras veces a estas alturas ya se habían tomado más medidas", sostiene.

En la ribera baja, municipios como Villafranca están "igual de mal". Su alcalde, Roberto González, confirma que "todavía hay mucho agua en los campos" y que, pese a que ya han pasado a revisar las infraestructuras, se desconoce cuándo empezarán las obras. "Lo caminos corren muchísima prisa. Hay zonas a las que aún no podemos acceder, la gente está desilusionada", reconoce. A su entender, la autopista ha provocado "muchísimos problemas" que no se daban antes. "La huerta de Villafranca ha quedado inservible, alguna solución nos tienen que dar", recalca.

En Nuez de Ebro hay "caminos y riegos bastante deteriorados". Su alcalde, Ramón Sebastián, cree necesario reparar la mota, que presenta cinco socavones de entre 10 y 20 metros de ancho. "También vamos a pedir al Gobierno de Aragón que limpie las zonas que sean de su competencia", indica.

Los agricultores, admite el regidor, están "muy inquietos". "Los que han cortado la alfalfa no pueden regar. Todo ese cultivo morirá. Voy a luchar para que esto no vuelva a pasar", promete.

Quinto también trata de recuperar la normalidad. "Aquí solo se han hecho los trabajos básicos y necesarios para sacar el agua de las parcelas", subraya su alcalde, Jesús Morales. Lo peor, en su opinión, es que las motas "siguen abiertas". "Si viniera una avenida de 800 o 900 metros cúbicos por segundo tendríamos problemas", asegura. Rafael Abenia, concejal de Agricultura de Quinto, asegura que esta riada "ha hecho más daño que la de 2015" y que la gente "está con la moral por los suelos". "Hasta hace 15 días, todo esto era agua", señala mientras recorre la huerta.

Numerosas zonas siguen acumulando agua corrompida, aspecto que se traduce en un inconfundible mal olor. "Entendemos que el río se desborde, pero esto no había pasado en la vida", explica a escasos metros de un campo en el que la tubería de riego, de enormes proporciones, ha quedado inservible y diseminada por la acción del agua. Abenia lamenta que, en muchos casos, no haya nada que hacer. "Si la riada se hubiera producido en febrero o marzo, como ocurrió en 2015, se habría podido sembrar maíz, pero ha llegado cuando ya estaba todo hecho", comenta.

La rotura de los riegos ha tenido una consecuencia directa: "Estos días no se ve a nadie por la huerta, es algo que no había pasado nunca", asevera. La principal mota de Quinto, de 18 kilómetros de longitud, tampoco escapa de los socavones. Los hay de hasta 100 metros de anchura. En los alrededores: árboles arrancados, ramas, grava, trozos de tubería y un campo de cebollas en el que, de acuerdo con Abenia, "las pocas que sobrevivieron a la riada se echarán a perder por la falta de agua".

Los consultados insisten en la necesidad de retirar la vegetación de las islas de grava que ha creado el Ebro. "Resta anchura al río y hace que, con menos caudal, las riadas provoquen tantos o más daños que las anteriores", explica el alcalde de Remolinos. Como ejemplo pone la de "17 hectáreas" que surgió en su día en el término municipal de Boquiñeni. El concejal de Agricultura de Quinto también carga contra los islotes. "Son los que ciegan al río. Dos mil metros cúbicos por segundo hace 25 años no eran esto", subraya.

Situación actual

El caudal del Ebro está ya lejos de los 2.037 metros cúbicos por segundo que alcanzó hace un mes la punta de la crecida a su paso por Zaragoza. El lunes marcaba unos 250 m3/s y actualmente no supera los 200. No obstante, la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) no descarta para estas próximas horas "incrementos repentinos de caudal en barrancos y cauces de pequeñas dimensiones" debido al frente atlántico que ya ha dejado precipitaciones en el Pirineo y en el extremo oriental de la cuenca.

"No ha quedado nada"

Ignacio Alaga, natural de Remolinos, tenía más de tres hectáreas de trigo cultivadas, pero, tras la riada, "ya no queda nada". "Pasas meses trabajando y, de repente, lo pierdes todo. Ya había pagado los pesticidas y el abono", recalca. Su caso es especial, ya que su parcela, a escasos metros del socavón de 40 metros de ancho que abrió el río, sigue repleta de barro y grava.

Aunque quisiera, no podría salvar sus cultivos, ya que el riego del que se abastece está completamente destrozado. "Ahora solo queda esperar a que tapen el agujero y arreglen el campo. Si puedo, sembraré alfalfa para el año que viene", asegura, al tiempo que reconoce estar "hasta el gorro" de que esta situación se repita cada pocos años.

En su opinión, si el río hubiese estado más limpio "los efectos habrían sido otros". Su único consuelo es que el seguro ya le ha confirmado que cubrirá el 100% de los daños. Así se lo aseguró Dora Yuste, que este jueves visitó su explotación. "Muchas parcecelas están dañadas en su totalidad. Se han visto especialmente afectados el cereal y el primer corte de alfalfa. El segundo parece que rebrotará", afirma la técnico de Agroseguro.

Esto hará que en la mayoría de los casos haya que volver, un contratiempo que alargará los plazos. "Las personas a las que ya se les ha tasado el 100% cobrarán antes. El resto tendrá que esperar a esa segunda valoración", explica.

Según datos de Agroseguro, los agricultores aragoneses han dado parte de 9.607 hectáreas afectadas, un dato que se incrementará una vez que se pueda acceder a todas las parcelas. El compromiso, destaca la agrupación, es pagar "en un máximo de 60 días" desde que se realiza la tasación.





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