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Los seis mitos de la crecida del Ebro

La CHE subraya que ni la rotura de la mota de Castejón mitigó la riada, ni la limpieza del cauce evitaría el desbordamiento ni el deshielo tiene por qué generar otra avenida.

Aspecto que presentaba la ribera baja del Ebro, en Quinto, tras la última crecida del Ebro
Aspecto que presentaba la ribera baja del Ebro, en Quinto, tras la última crecida del Ebro
Raquel Labodía

La avenida extraordinaria del Ebro que ha anegado miles de hectáreas en el tramo medio de la cuenca, tanto en Aragón como en Navarra, ha generado media docena de  "mitos" en la opinión pública que los técnicos de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) desmontan con argumentos.

1. La rotura de la mota de Castejón y sus efectos

Uno de ellos, muy repetido en las redes sociales, incide en que los efectos de la crecida hubieran sido mucho mayores de no haberse roto la mota de Castejón de Ebro, pero la jefa de Hidrología y Cauce de la CHE, María Luisa Moreno, explica que sus efectos fueron menores dado el volumen de agua que llevaba el río. Para ello, detalla que el efecto de laminación se limitó a unos siete hectómetros cúbicos, casi insignificante si se tiene en cuenta que en los últimos días han caído casi 8.000 hectómetros. "No tuvo un beneficio importante agua abajo porque el río llevaba, de promedio, entre 1.800 y 2.000 metros cúbicos por segundo", añade.

No obstante, el técnico del Sistema de Ayuda a la Decisión de la CHE (SAD-Ebro), Guillermo Pérez, aclara que sí laminaron los efectos de la avenida en Zaragoza la concatenación de desbordamientos en el tramo medio.

2. La limpieza del cauce

Otro de los mitos que los técnicos no comparten pese a ser uno de los más extendidos entre agricultores y políticos cada vez que hay una crecida es el de la suciedad del cauce. Los afectados reiteran que si se dejara extraer las gravas, el río tendría más capacidad y, por tanto, se minimizarían los desbordamientos. Sin embargo, Moreno subraya que la denominada "limpieza" del cauce no tendría efectos reales porque la corriente siempre acaba depositando los materiales de arrastre al poco tiempo donde se ha actuado.

¿Limpiar el cauce del Ebro evitaría los daños ocasionados por las crecidas?

Guillermo Pérez especifica que un ejemplo de ello es el canal de navegación que se dragó en varias ocasiones en Zaragoza, que se rellenaba al poco tiempo por el arrastre de materiales de la corriente.

La jefa de Hidrología apunta que sería más efectivo plantear una "gestión integral de los sedimentos y de la calidad de las aguas". Para ello, plantea la posibilidad de habilitar cauces de alivio en las islas  para "facilitar al río" que mueva por sí mismos los sedimentos y, de forma complementaria, reducir los nitratos agrarios con el fin de limitar el crecimiento de vegetación en las islas. "Si se hiciera en los entornos de los núcleos urbanos se podría minimizar el impacto", defiende.

3. El papel de los embalses

El argumento de que los desembalses también agudizan las crecidas es recurrente pese a suponer todo lo contrario. De hecho, los de Yesa e Itoiz permitieron laminar las aportaciones que el río Aragón hizo al Ebro y solo en el pantano aragonés llegaron a entrar 800 metros cúbicos por segundo, mientras solo se soltaron 5, tal y como recuerda Moreno. "Cuando hubo previsiones de lluvia, se desembalsó con antelación para poder laminar durante la crecida", añade.

De hecho, solo el 18% de la cuenca del Ebro hasta su entrada en Zaragoza está regulada por embalses, por lo que capacidad de laminación de los embalses es relativa. Además, en este episodio hubo intensas lluvias entre el 6 y el 14 de abril en el tramo medio, donde cayeron de media 90 litros por metro cuadrado. La jefa de Hidrología asevera que la crecida fue extraordinaria en los ríos Arba, Gallégo y Jalón. El primero alcanzó un caudal de 300 metros cúbicos por segundo a su paso por Tauste, "algo muy difícil de ver", según añade Moreno.

Además, recuerda que antes de que llegara la punta del Ebro, las cuencas locales del tramo intermedio ya tenían mucho más caudal de lo normal, como constataron también en el Huecha o en el Jalón.

4. El riesgo del deshielo

Tampoco se puede dar por hecho otro de los mitos que, una vez concluida esta crecida extraordinaria, se ha empezado a generar: la posibilidad de que se repita otra como consecuencia del deshielo. A este respecto, la jefa de Hidrología de la CHE deja muy claro que no se puede hablar por el momento de la fusión de la nieve y menos que se produzca de forma repentina. "No está previsto que pase a corto plazo", añade.

La especialista especifica que sus aportaciones, en todo caso, dependerán del punto de la cuenca donde se produzcan y si hay embalses que permitan retener el volumen de agua. En este sentido, apunta que no es lo mismo que el deshielo se produzca en Navarra que en la zona oriental de Aragón y en Cataluña, ya que en este último caso los caudales van directamente aguas abajo, al embalse de Ribarroja, pasado el tramo medio.

María Luis Moreno especifica que la nieve se funde de forma natural a lo largo de varios meses, por lo que solo podría hacerlo de forma súbita si hubiera un episodio importante de lluvias que no se prevé. Y ni siquiera en ese caso la aportación sería decisiva, como apostilla Guillermo Pérez: "En los episodios que se registraron en el Garona y en Benasque en 2013, la aportación de la nieve solo supuso entre un 20% y un 40% del volumen de agua, por lo que la crecida se debió en ambos casos a las precipitaciones".

5. Daños similares con menos caudal de agua

En el imaginario colectivo también está asentado que ahora con menos caudal de agua se producen daños similares en las riberas del Ebro. Así, muchos se retrotraen a los datos que se dieron en su momento en la riada de 2003, cuando las estimaciones iniciales apuntaban a un caudal de 3.300 metros cúbicos por segundo en el aforo de  Castejón, aunque el dato real tras las oportunas correcciones fue de 2.800. Esto hace que los datos de este año, con 2.700 en la estación navarra, sea más similares y, por tanto, "desmonta" el argumento de que ahora el río, al estar más sucio, se desborda con un menor volumen de agua.

6. Un volumen de agua desaprovechado

En el Levante español han salido a lamentar que se desperdicie el agua de la crecida, hasta el punto de sostener el presidente de la Diputación Provincial de Alicante, César Sánchez, de que con el agua que se estaba vertiendo al mar estos días se podría cubrir las necesidades de toda la provincia durante dos años. Nada más lejos de la realidad, ya que el caudal ecológico del río se debe respetar en todo momento y no todo el volumen restante del recurso se podría almacenar y transportar. "Esa afirmación es falsa  porque no todo el agua sería trasvasable, que dependería en gran medida de las infraestructuras que hubiera aquí parta almacenar y también en el Levante para regularlo. Además, no habría un canal para transportar los 2.000 metros cúbicos que llevó el Ebro", defiende Guillermo Pérez.

Si las precipitaciones en el tramo medio del Ebro llegaron a representar los 8.000 hectómetros cúbicos, la capacidad de todos los embalses de la cuenca vacíos, solo llegaron a los cauces menos del 50%. A la llamada "lluvia bruta" hay que descontar el elevado volumen que pasó a engrosar los acuíferos y que por evapotranspiración volvió a la atmósfera.

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