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¿Qué factores explican el éxito de algunos bulos alimentarios?

En plena era de la posverdad, numerosas ‘fake news’ campan a sus anchas por diversos canales. Un fenómeno preocupante que puede afectar a nuestra salud cuando atañen al ámbito de la nutrición.

El contexto actual, marcado por la crisis del coronavirus, ha favorecido la propagación de numerosos bulos.
El contexto actual, marcado por la crisis del coronavirus, ha favorecido la propagación de numerosos bulos.
Pexels.

'La papaya es abortiva', 'el zumo de limón depura', 'la fruta por la tarde altera a los niños por la cantidad de fructosa', 'lo eco es más sano que lo convencional', 'los superalimentos existen', 'el ayuno intermitente puede hacerlo todo el mundo'... La cantidad de bulos en materia alimentaria que circulan por diversos canales es tan elevada que buena parte terminan calando en diversos sectores de la población con una falsa imagen de verdad.

Los mencionados son solo algunos de los que el Instituto Salud Sin Bulos y Doctoralia recogieron en su I Guía de los bulos en alimentación. Los médicos que participaron en el proyecto detectaron que las temáticas relacionadas con la nutrición suponen más de la mitad (54%) de las informaciones falsas que circulan por internet y se comparten en redes sociales y aplicaciones de mensajería.

Probada la eficacia de estas informaciones –la gran mayoría sin evidencia ni base científica– a la hora de crear alarma, desprestigiar a determinadas personas o marcas o influir en procesos tan determinantes como los electorales, su proliferación en este ámbito adquiere un plus de gravedad al poder acarrear consecuencias para la salud.

Entre las medidas a impulsar para evitarlos, destaca la aprobación el pasado noviembre por parte del Gobierno de España de un procedimiento de actuación contra las ‘fake news’, mediante el cual podrá solicitar colaboración a los medios de comunicación para perseguir su difusión. Una iniciativa que, no obstante, ha generado dudas en algunos ámbitos por su posible colisión con el derecho a la libertad de información.

Unas modas peligrosas

"Son como las modas, vienen y van. Y, a menudo, no importa las veces que hayas desmentido uno, porque vuelve a resurgir al tiempo con otro nombre. Hace 20 años se hablaba de las bondades de las dietas proteicas y hoy se les llama ‘ketodietas’. Del ayuno intermitente también se habló mucho en su día y ahora tiene más auge que nunca. Da igual el tiempo que se dedique a desmontar un bulo, pues a menudo el consumidor general no quiere oír la verdad, sino cosas como que va a perder peso o mejorar su salud, independientemente de que eso sea cierto o no o de que la ciencia y la lógica digan lo contrario", explica el dietista-nutricionista Juan Revenga, que cuenta con una amplia experiencia en la detección y el desarme de este tipo de informaciones.

Las redes sociales constituyen uno de los principales canales de difusión a este respecto. "La vecina del quinto se ha cambiado por el ‘influencer’ de Instagram que marca músculo. Y eso sirve, por ejemplo, para que haya gente que compre colágeno. Todo ello bajo una corriente que es la del ‘amimefuncionismo’, la misma que se sigue en la homeopatía y que promulgan los que toman agua con limón, aloe vera para despertar o practican la dieta Dukan. Nadie que siga un bulo puede exponer un artículo científico que dé verosimilitud a su afirmación", apunta el experto, que destaca como responsables a las personas que hacen y publican "mala ciencia" y a los profesionales de la comunicación que viven del "sensacionalismo", exponiendo la información con el objetivo principal de generar tráfico hacia el contenido que corresponda.

El contexto actual, marcado por la pandemia, tampoco favorece la lucha contra con los bulos. "Muchos de ellos aluden a preocupaciones que pertenecen a la naturaleza humana, como el cáncer o la covid. Como el virus agobia, se hace caso a soluciones que son chorradas pero que se tienen en cuenta. Una muestra son las relativas a la alimentación alcalina, cuando es imposible que el ser humano modifique el ph de su sangre", asegura el también profesor en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad San Jorge, que recuerda igualmente a este respecto aquellas falsedades que promocionan determinados suplementos, vitaminas y minerales para hacer frente al virus. "Si ya se está tomando suficiente vitamina C o D, tomar más no implica que el sistema inmune vaya a funcionar mejor", agrega.

En cuanto al ayuno intermitente, tan de moda en la actualidad, el profesional apunta: "Ni es para todo el mundo ni bueno ‘per se’". "Antes que el cuándo está el qué comes. Si tu ayuno intermitente está hecho a base de patatas, pizzas y bebidas azucaradas será muy malo. Primero hay que preocuparse por la calidad de la dieta. Lo peor de las modas dietéticas es que se asumen como estrategias de quita y pon. Y si una práctica es buena debería ser para siempre", añade.

Efectos en la salud

A menudo, estas situaciones provocan que algunas personas se dejen llevar por lo que implica la desinformación, llegando a desconfiar de los profesionales sanitarios, lo que puede acarrear graves consecuencias. 

"Existen bulos que son realmente peligrosos para la salud. Por ejemplo, los que se generan alrededor del cáncer, como el de oler un limón, las dietas alcalinas o los zumos ‘detox’ con hortalizas concretas. Hay muchos muy tristes, además de delictivos, pues llegan a convencer a los enfermos para que dejen sus tratamientos de quimioterapia con la excusa de que con esos regímenes se van a salvar sin matar a las células sanas. Una tendencia que se ha visto también con el coronavirus, con gente que bebía hipoclorito porque lo decía un mandatario o con otros que dejaban de comer ternera porque pensaban que podía haber transmisión. En fin, un dislate tras otro y, en ocasiones, en casos de patologías que en sí mismas producen una rápida desnutrición", sostiene Marilourdes de Torres, presidenta del comité científico de Adenyd (Asociación de Enfermeras de Nutrición y Dietética).

La ciencia es también el pilar en el que De Torres cree que se debe asentar el combate a este tipo de afirmaciones. "Las sociedades científicas como Adenyd tenemos la obligación de trabajar siempre con la evidencia científica y, de esa manera, ofrecer formación e información clara, concisa y verdadera de manera que llegue a la población y conseguir así grupos de personas formadas e informadas. Un viaje para el que necesitamos la ayuda y al altavoz de los medios de comunicación", sostiene la también pionera en el estudio de la nutrición aplicada al enfermo en Aragón e impulsora de la Unidad de Dietética y Nutrición del Hospital Miguel Servet de Zaragoza.

Al respecto de los regímenes, De Torres recalca que "cuando le ponen un apellido, siempre es dieta milagro y, por tanto, desequilibrada y un bulo". "Bulo que en demasiadas ocasiones empobrece nutricionalmente al incauto que la pone en práctica pero enriquece financieramente al listo que la recomienda y/o vende", agrega.

Información al consumidor

Las asociaciones de consumidores recogen quejas de los ciudadanos en este sentido, a los que tratan de informar de manera clara para que no caigan en este tipo de engaños. En el caso de la OCU, su delegado en Aragón, Alejandro Marín, señala que la mayoría de las consultas de los socios de la entidad en la Comunidad a este respecto se centran en dudas sobre aspectos como "el etiquetado de productos alimenticios –por ejemplo, la proteína de Quorn presente en hamburguesas vegetales– o la toxicidad de determinados alimentos y/o aditivos –como las micotoxinas en pimentón–, además de fraudes en páginas web".

Asimismo, la organización publica con frecuencia artículos en su web en los que desmontan algunas de estas falsedades. Ejemplo de ello son los relativos a la denominación ‘zero’ para la ausencia de azúcares, el lanzamiento de una leche especial dirigida a personas mayores de 50 años, el poder del Omega 3 para mejorar la salud cardiovascular, los mitos sobre elementos como el chocolate o productos alimenticios que no son lo que parecen.

Cabe destacar que, además de consultar a profesionales titulados en Dietética y Nutrición, numerosos expertos proponen más medidas para combatir las ‘fake news’. Revenga indica que una importante sería "generar desde niños una mayor educación científica y un mayor espíritu crítico". "Aunque es una utopía, pone de relieve la importancia de formar a la gente en ciencia para que dejen de lado lo espiritual, lo que está al margen de lo posible. En cuanto a otros aspectos, como los medios de comunicación, hasta dónde regular siempre es motivo de debate, pero creo que sería justo hacerlo con aquello que se sabe que es falso o que incumple la legislación. A menudo, se cometen también multitud de tropelías a pie de comercios con productos como los adelgazantes que, si se castigan, solo se hace con un apercibimiento y una invitación a que se deje de hacer, de forma que no tiene efecto", concluye el dietista-nutricionista.

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