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Anticuarios en Zaragoza: "Es el peor año de nuestro negocio por la covid"

El sector habla de falta de relevo generacional en el comprador de antigüedades y de caída importante de ventas en un tiempo sin ferias nacionales ni internacionales.

Ramón Gajon, junto a un armario policromado de estilo barroco.
Ramón Gajon junto a un armario policromado de estilo barroco, en su tienda de la plaza de los Sitios en Zaragoza.
Heraldo.es

No es un negocio sino una pasión. Así describen varios anticuarios de Zaragoza su trabajo al frente de establecimientos repletos de arte, historia y belleza. Es el caso de Ramón Gajon, que se crió entre ferias y exposiciones con un padre coleccionista, quien abrió en el año 1990 Antonio Gajon Antigüedades en la plaza de los Sitios. "Este es un mundo infinito en el que aprendes y puedes conocer a personas ilustres", dice este anticuario, que coincidió en su día con la duquesa de Alba (ya fallecida) en Sevilla.

No obstante, se trata de un sector "pequeño" para una ciudad como esta en el que "no hay relevo generacional" en el comprador, tal y como apuntan desde Antigüedades Miguel Cebrián, regentado por María Ángeles Orgaz y ubicado en el vecino paseo de la Constitución desde 1982. "La gente joven debería buscarnos más; somos pequeños museos. Ahora, la decoración de las casas es más fresca y una o dos piezas antiguas de carácter dice que una vivienda sea distinta y más atractiva", sostienen.

También Ramón Gajon se refiere a un público mayoritariamente mayor -por encima de los 60 años- al que el coronavirus le ha frenado a la hora de acudir a los comercios en general. "Nuestra facturación ha bajado en torno a un 50%. El 20% es de clientes de turismo y ahora no viene nadie de fuera. Es el peor año de nuestro negocio. Y cada vez quedamos menos anticuarios", comenta, al tiempo que indica que ellos se mantienen gracias a las ventas por internet (sobre todo a países de Europa) y a su clientela fiel (de Aragón, Madrid, Barcelona, La Rioja y Comunidad Valenciana, principalmente). 

Entre los artículos que se pueden encontrar en Antonio Gajon figuran la joyería, las monedas de coleccionista, la pintura (antigua y contemporánea), los libros y manuscritos, los relojes de alta gama y el coleccionismo militar, entre otros. Y como curiosidades cuentan con más de 200 obras de Víctor Mira, con recetas de cocina manuscritas del siglo XVIII y con arte chino y africano. "Somos anticuario y galería de arte y también hacemos restauración", resalta.

Precios "más asequibles"

Asimismo, Ramón Gajon se refiere a que las piezas están por debajo de los precios del mercado de antes de la pandemia. "Cuando se reactive la economía, el sector se pondrá de nuevo a precios reales. Es un tipo de producto en el que no se puede competir: es único, irrepetible e intransferible", afirma.

También desde Antigüedades Miguel Cebrián -especializados en mueble aragonés policromado del siglo XVIII- coinciden en que los precios están "más asequibles". "Hay menos demanda; todo tiende a bajar un poco. En general, las ventas han bajado muchísimo. Funcionamos mucho con ferias (nacionales e internacionales) y no hemos podido salir a vender a ninguna. Es complicadísimo mantener un negocio cuanto te tira la ilusión pero no lo económico. Para nosotros es una forma de vida y queremos seguir tirando del carro; tenemos fe en el mundo de las antigüedades. El anticuario conserva el patrimonio y da otros 100 años de vida a los objetos", dicen sus responsables.

Además, a raíz de la crisis sanitaria han tenido que volcarse en las redes sociales, lo que redunda en darse a conocer más entre la gente joven. "Nuestra clientela abarca un abanico de edades y la gente mayor también tiene mucho valor", añade.

Sin turismo

Por su parte, el anticuario Eduardo Naharro señala que se mantienen gracias a la restauración tras una caída de la facturación del 75% por la falta de turistas ante las retricciones de movilidad para frenar la pandemia. "Al estar tan céntricos (en la plaza de San Bruno), nuestros clientes en tienda son sobre todo turistas de fin de semana. Mucha gente de Madrid, Barcelona y Bilbao y también del extranjero (turistas americanos, japoneses, chinos, franceses e italianos, entre otros). Tenemos alguna pequeña venta de clientes locales, pero no es suficiente. Lo que no he tenido en ventas lo he suplido con la restauración y algún curso", detalla. 

Eduardo es el dueño de Naharro Anticuario, un establecimiento que abrió su familia en 1975 y que está especializado en mueble y pintura de alta época. "Fuimos socios fundadores de la Asociación de Anticuarios de Aragón. Este es un sector en el que hay que entender mucho; si compras mal no vendes. De 1995 a 2008 hubo un auge de las antigüedades, pero con la crisis económica cayeron muchos anticuarios. Y la covid es el remate. Se mantiene el que tiene un local propio, sin gastos y una clientela fiel", explica.

En su caso, la pandemia les ha retrasado un proyecto al otro lado del Atlántico: montar una tienda de muebles de segunda mano en Colombia. "Nuestra idea es abrir en Bogotá con artículos de los años setenta y ochenta. Hay muchos muebles y muy económicos", avanza Eduardo Naharro, que desea que en un futuro cercano puedan volver los turistas a la Comunidad "y podamos sacar material fuera de España".

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