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Panadería Julio y Yolanda, en Sádaba: "Hemos bajado en ventas pero duele más las vidas que se pierden"

Este matrimonio de panaderos lleva 27 años haciendo las delicias de media España con sus tortas de manteca, entre otros productos artesanos típicos de las Cinco Villas.

Julio y Yolanda, en el horno que regentan desde hace 27 años en Sádaba.
Julio y Yolanda, en el horno que regentan desde hace 27 años en Sádaba.
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Aunque la covid ha reforzado su servicio de entrega a domicilio y los envíos que realizan a toda España, Yolanda y Julio llevan 27 años repartiendo por medio país las famosas tortas de manteca de Sádaba. En esta localidad de las Cinco Villas es donde tienen desde entonces su panadería, un negocio que cogieron de forma un tanto circunstancial.

Con apenas 20 y 23 años, este matrimonio decidió apostar por echar raíces en el medio rural. Barajaban varias opciones y finalmente se quedaron con la panadería de un vecino del pueblo que se jubilaba. Durante unos meses estuvieron aprendiendo de él, quien también les pasó las recetas de los productos típicos. 

Desde entonces, han ido creciendo e incorporando nuevas opciones pero hay algo que no cambia, el éxito de sus tortas de manteca. Es el producto estrella y lo venden a puñados a diario. No solo en su horno de Sádaba, sino también en todas las Cinco Villas, en tiendas gourmet y otros puntos de venta de Zaragoza, y en cualquier sitio de España desde el que se lo pidan.

Su primer envío nacional no fue a raíz de la covid, sino que se gestionó casi cuando abrieron. "Un señor de Mallorca nos llamó porque era el cumpleaños de su mujer, nacida en Sádaba pero residente en Palma. La quería sorprender llenando su casa con productos típicos de su pueblo y nos pidió si se los podíamos enviar", explica Yolanda. Era un miércoles y ese mismo jueves el pedido llegó al destinatario.

Con esta misma facilidad es con la que ahora realizan envíos a otras ciudades como Vigo, Sevilla, Málaga, Madrid, Salou, Barcelona, Toledo, Santander o Pamplona. Aunque muchos de ellos lo son, no siempre se trata de personas de Sádaba que vivan lejos. Sus productos se han dado tanto a conocer que los compran clientes que ni siquiera conocen la zona.

Los pedidos, no solo los que son para enviar fuera de Sádaba, se realizan por whatsapp y también por teléfono. Habitualmente, los que se reciben antes de las doce de la noche, están listos para pasarlos a recoger por la panadería al día siguiente. Si el cliente lo prefiere, Yolanda o Julio los llevan a domicilio en la localidad sin coste alguno. En cuanto a los envíos lejanos, cada semana salen unos tres paquetes, a distintas partes de la geografía española.

"Repartíamos no solo nuestros productos, sino también otros alimentos que necesitaban personas que no podían salir de casa. Algunos nos recibían con lágrimas en los ojos"

Este tipo de servicio que ya se prestaba desde siempre en la Panadería Julio y Yolanda se ha visto incrementado desde la pandemia. Para ellos es un alivio, porque de esta manera muchos de sus clientes han podido seguir comprando a pesar de estar lejos o del miedo a salir a la calle. Pero, por otro lado, supone una carga adicional de trabajo.

No es de extrañar, entonces, que algunas de sus jornadas laborales tengan 20 horas. "Hay días que nos vamos del horno a la una de la madrugada, cuando hemos terminado de preparar todo, y a las tres estamos de vuelta para empezar a amasar el pan y a hornearlo", asegura Yolanda.

A pesar de esta agotadora rutina, Julio y Yolanda están agradecidos del calor que reciben de sus clientes. "Durante los primeros meses, repartíamos no solo nuestros productos, sino también otros alimentos que necesitaban personas que no podían salir de casa", explica. "Algunos nos recibían con lágrimas en los ojos", añade, emocionada al recordar los momentos más duros de la pandemia.

Por eso, aunque sí que han notado un descenso de las ventas, principalmente porque el verano pasado no hubo fiestas y el turismo ha bajado, lo que para Yolanda de verdad importa es otra cosa. "Algunos de nuestros clientes han fallecido y eso sí que duele", lamenta. 

Nuevas rutinas de trabajo

Aunque todas las referencias que se venden de normal en la panadería se han mantenido pese a la covid, sí que se han tenido que adaptar en algunos casos a la nueva situación. Por ejemplo, las tartas que habitualmente eran de 15 raciones, ahora son más pequeñas, para cuatro personas. O se han empezado a elaborar más pasteles individuales.

Por lo demás, en el mostrador de la Panadería de Julio y Yolanda no han faltado ni un solo día la torta de rodilla, el doblero de aceite, las magdalenas, la galleta rizada de nata, las rosquillas o las palmeras, entre otras muchas variedades de repostería. 

Los panes no se quedan atrás. Uno de los más típicos de Sádaba es el pan prima, caracterizado por ser muy plano. Destaca también el pan de kilo y medio y, por supuesto, la barra común. Todo ello elaborado con distintos tipos de harina, tanto la ecológica blanca, como integral o de espelta. "Hacemos panes a la medida del tostador de cada uno, con forma de corazón o hasta con la Virgen del Pilar, si nos lo piden con tiempo", dice Yolanda. Servicios que, defiende, solo se reciben cuando se trabaja con panaderos artesanos y de cercanía.

"Hacemos panes a la medida del tostador de cada uno, con forma de corazón o hasta con la Virgen del Pilar"

De normal, la panadería está abierta al público por las mañanas, de 8.00 a 14.00 horas, pero rara es la tarde que no haya nadie trabajando en el horno. Cuando no hay que desinfectar y limpiar, hay pedidos que preparar o mucha demanda, como en Semana Santa y otras fechas señaladas. Del último año, Yolanda recuerda como especialmente movido el pasado 5 de marzo. "Trabajamos casi las 24 horas del día porque no paraba de venir gente y no queríamos dejarles sin nada", explica.

Con este espíritu de servicio, siempre volcada con el cliente, Yolanda continúa trabajando en su negocio, una panadería que se mantiene fiel a las tradiciones y al buen hacer de los panaderos de toda la vida.

El matrimonio, que ahora ronda los 50 años, tiene dos hijos y viven justo encima del horno. Una ventaja aunque solo sea para subir a darse una ducha rápida, cenar y descansar lo que se pueda. Hay que coger fuerzas para ponerse, un día más, al servicio del público.

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