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La Mimbrera, en Estercuel, abre en plena pandemia: “Esta casa rural es nuestro sueño”

Hace cuatro años Sonia Guillén y su marido compraron un inmueble viejo en el pueblo para rehabilitarlo como alojamiento turístico. En octubre recibió a los primeros huéspedes.

Sonia Guillén abrió su casa rural La Mimbrera, en Estercuel, en octubre.
Sonia Guillén abrió su casa rural La Mimbrera, en Estercuel, en octubre.
Heraldo

Ni la covid ha podido parar el proyecto que desde hace cuatro años iniciaron Sonia Guillén y su marido, Carlos Cantós. Entonces, compraron una casa vieja en Estercuel, localidad turolense donde viven con sus dos hijos, para rehabilitarla por completo y convertirla en un alojamiento rural.

Desde aquel día, el matrimonio, sobre todo Carlos, que ha sido albañil, ha dedicado todos su tiempo libre, incluidos fines de semana y vacaciones, a reformar la casa con sus propias manos. Entre esto y los papeleos, que con la covid todavía resultan más complicados, la apertura de la casa rural se ha alargado más de lo previsto.

A pesar de ello, Sonia no iba a dejar que la pandemia impidiera ver, de una vez por todas, su sueño materializado. Así que, pese a las circunstancias adversas, La Mimbrera abrió sus puertas en octubre.

“La gente se extrañaba de que abriéramos en plena pandemia pero si la casa estaba terminada, no ganábamos nada teniéndola cerrada”, explica Sonia. Además, pese a lo que pueda parecer, excepto un mes de febrero prácticamente nulo en cuanto a reservas, el resto de fines de semana siempre ha habido personas alojadas.

En realidad, el edificio lo componen tres apartamentos totalmente independientes, cada uno con su cocina, baño y mesa para comer. La capacidad total de la casa es de 12 personas, distribuidas en un estudio donde caben dos personas y una extra en cama supletoria; un apartamento más amplio, para tres personas más una; y una tercera estancia, la más grande de todas, para un máximo de cinco, contando con la supletoria.

Esta división en espacios independientes ha favorecido que más personas hayan elegido La Mimbrera para alojarse en puentes como el del Pilar o fechas señaladas, como Nochevieja. “Todos los apartamentos tienen acceso privado y dan a un patio exterior con jacuzzi y barbacoa”, explica Sonia. Esto hace que, aunque los huéspedes vayan juntos y sean varias familias o un grupo de amigos grande, cada pareja o unidad familiar tiene su propio espacio.

Por el momento Sonia está sola al frente del negocio, aunque desde hace unas semanas cuenta con el apoyo de su hija Andrea, que por cuestiones laborales, ha regresado a vivir al pueblo. Ella se encarga de las redes sociales y de gestionar las reservas y recibir a los huéspedes. “Han venido ingleses, alemanes y franceses y les hemos podido atender bien gracias a que estaba ella, que habla inglés”, asegura Sonia, sobre su hija.

Su principal herramienta de difusión es Instagram. A través de la red social, La Mimbrera se está dando a conocer y también se pueden solicitar las reservas por este canal. La casa está además disponible en la plataforma AirBnb, a expensas de terminar una web propia.

A diferencia de otros alojamientos de este tipo, en el caso de Sonia, tener la casa siempre disponible para su reserva le sale a cuenta. “Lo que sí pedimos es que el alojamiento sea de un mínimo de dos noches, porque solo para una no es rentable el gasto de calefacción y limpieza”, matiza. Aun así, una de las principales ventajas de que el edificio esté dividido en tres apartamentos es que el consumo tanto para calentar como para enfriar las estancias por separado es mucho menor que si se tratara de la casa completa.

Un proyecto adicional

Además, la economía de esta familia no depende, afortunadamente, de este negocio. Tanto Sonia como Carlos tienen sus empleos ordinarios y la casa es un proyecto adicional. “Siempre he soñado con tener un alojamiento en el pueblo para recibir huéspedes”, reconoce Sonia, a quien le encantan las flores y es muy detallista con sus visitantes.

Hasta la fecha, el balance de la actividad del negocio está siendo positivo y se espera que las reservas vayan en aumento. “Hemos notado la apertura de las provincias, sobre todo porque nos han llamado clientes que tenían reservas para invierno y las tuvieron que cancelar”, indica Sonia. Pero lo que de verdad se ansía en esta zona de Teruel es que se recupere la movilidad entre comunidades autónomas. “Yo no tengo demasiada experiencia todavía en el sector pero, por lo que dicen, la mayoría de turistas son valencianos o catalanes, quienes por el momento no pueden venir”, explica.

Por otro lado, estas limitaciones están haciendo que los aragoneses, especialmente quienes viven en Zaragoza y suelen tirar más hacia Huesca, estén conociendo Estercuel y su entorno. “Estamos muy bien situados, cerca del Matarraña y del Maestrazgo pero al mismo tiempo es un lugar muy tranquilo, en plena naturaleza”, comenta Sonia. Además, ha notado el reclamo del turismo de estrellas que, sobre todo, se está fomentando desde el Monasterio del Olivar.

Este antiguo convento es el único de Aragón en el que todavía hay vida monástica. Los frailes que todavía habitan en él se dedican, además de a sus rutinas religiosas, a cultivar la huerta y a organizar visitas al monasterio y actividades de observación de estrellas.

El Olivar es un gancho para La Mimbrera pero, en cierto modo, también es competencia, ya que cuenta con hospedería. La oferta turística de Estercuel la completan un hotel y otra casa rural que, cuando Sonia compró la suya, todavía no existía. “Que no hubiera ningún alojamiento de este tipo por aquel entonces fue algo que también me animó, aunque ahora ya no seamos los únicos”, concluye.

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