Despliega el menú
Zaragoza

zaragoza

El cóctel de Las Delicias: los temporeros, los jóvenes y el hacinamiento disparan los contagios

El barrio más poblado de Zaragoza suma medio centenar de casos cada día en un rebrote agudizado por las malas condiciones sociales de muchos vecinos.

El coronavirus ha encontrado acomodo en Las Delicias. Este barrio zaragozano vive con preocupación el transcurso del verano, al comprobar que día tras día los datos de sus contagios por la covid-19 empeoran. Entre los cuatro centros de salud del distrito han notificado más de 600 casos en julio, 135 de ellos solo entre el miércoles, el jueves y el viernes de la semana pasada. Uno de ellos, el de Bombarda, es el que tiene la tasa de registros por habitante más alta de la capital aragonesa.

Las Delicias es el barrio más poblado de Zaragoza. Son casi 110.000 habitantes (como Huesca, Teruel y Calatayud juntas) reunidos en poco más de tres kilómetros cuadrados. Es un distrito especial, con varios barrios dentro del barrio en los que se viven realidades distintas. En plena pandemia, en la coctelera de Las Delicias se han metido varios ingredientes que han favorecido la expansión de la enfermedad.

El origen del rebrote probablemente esté a decenas de kilómetros. "Los casos se están desplazando del campo hacia Zaragoza", advertían desde el Gobierno de Aragón hace 20 días, cuando todos los focos estaban puestos en las zonas agrícolas de Fraga y Caspe. En Las Delicias hay temporeros que entre semana trabajan y viven en el campo cogiendo fruta, pero que los fines de semana regresan a Zaragoza

Lo saben bien en el centro de salud Delicias Sur. Su coordinador, Ángel Antoñanzas, confirma que "el origen del rebrote vino de población de origen extranjero que trabaja en el campo o en mataderos". Primero transmitieron el virus a las personas que viven bajo su mismo (y generalmente precario) techo. Y de ahí, "los casos se fueron extendiendo". Tanto que están llegando a unas cifras que, aunque no se pueden comparar con las de la ola de marzo, son "muy preocupantes".

Eso sí, este médico quiere dejar bien claro cómo entró el virus: "No pensemos que se debe a un comportamiento irresponsable de esta población –en referencia a los inmigrantes–. Se debe a que están sometidos a unas peores condiciones de trabajo, sociales y de vivienda". Antoñanzas pide "evitar conductas xenófobas" con unos colectivos que sufren una mayor incidencia del virus "por sus pésimas condiciones sociales y laborales".

Con el virus ya dentro, las viviendas de Las Delicias han sido un caldo de cultivo estupendo para su expansión. Las estadísticas hablan de que los pisos de este barrio son, junto con los de Las Fuentes y Oliver, los más pequeñas de Zaragoza. En tiempos de coronavirus esto quiere decir que son los más propicios para el contagio y los que presentan mayores dificultades para aislar a quien da positivo.

Raquel Montero, trabajadora social de Cáritas en Las Delicias, habla directamente de «hacinamiento». "Hay muchas habitaciones realquiladas, pisos compartidos en los que viven hasta ocho personas, habitaciones con dos personas o hasta con familias enteras... Si alguien está enfermo, es casi imposible que el resto no lo coja", apunta.

Por eso, el coordinador del centro de salud Delicias Sur cree que es importante "dar un recurso habitacional" a esta gente. O bien para que vayan allí los positivos, o bien para que acudan las personas sanas que conviven con ellos. "Saldría más barato que un confinamiento total", apunta Antoñanzas. Precisamente este lunes se va a habilitar un espacio en la sala Multiusos, aunque este médico lamenta que "ya llegamos tarde".

Cáritas ha detectado en Las Delicias habitaciones donde vive toda una familia y el alquiler del sofá de un salón por 130 euros al mes

Las personas que sufren esta situación de hacinamiento son, en buena parte, inmigrantes que llegan a Zaragoza "porque conocen a alguien" y que se meten a vivir donde pueden. "Una chica que conocemos paga 130 euros por dormir en un sofá del salón", señala Montero. Por una habitación, el precio medio son unos 200 euros, 250 con los gastos.

Además de la crisis sanitaria, sufren con fuerza la económica. "Desde que empezó todo esto nos ha llegado mucha más demanda, sobre todo de empleadas del hogar solas, con hijos y que se han quedado sin trabajo. Parecía que iban remontando, pero al volver a la fase 2, la gente tiene miedo a meter limpiadoras en su casa", cuenta la trabajadora social de Cáritas.

Al cóctel de Las Delicias le falta otro ingrediente: el de los jóvenes. En los centros de salud del barrio, como en los del resto de la ciudad, han visto cómo en las últimas semanas ha descendido sustancialmente la edad media de los contagiados. En este caso, Antoñanzas sí habla de "irresponsabilidad", independientemente del origen cultural de los chavales: "Estos contagios están vinculados al incumplimiento de las normas, a las fiestas, a los eventos con más gente de la aconsejable y a la falta de protección individual". Según apunta, casi todos son "asintomáticos", pero "hacen de transmisores" del virus, por lo que "pueden conseguir que esto se nos vaya de las manos".

Los vecinos, mientras tanto, sienten "preocupación", "cierta angustia" y hasta "miedo ante el ahora qué", como transmite Isabel Antón, trabajadora social de la asociación de vecinos Manuel Viola, muy activa en la difusión de las medidas de prevención de la salud. "Habíamos pasado la etapa más angustiosa, la del confinamiento, pero ahora nos queda una parte muy difícil y peligrosa", advierte Antón. Por ello, pide "responsabilidad a todo el mundo" para frenar el rebrote y "no poner en riesgo a los demás".

Etiquetas
Comentarios