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Zaragoza

patrimonio

La muralla medieval que abraza Zaragoza

Esta muralla de rejola se trazó paralela al río Ebro para cercar una zona de la ciudad que estaba en crecimiento. Se descubre entre las casas de las calles de Alonso V y de las Arcadas de la capital aragonesa.

Esta muralla de rejola se trazó paralela al río Ebro para cercar una zona de la ciudad que estaba en crecimiento. Se descubre entre las casas de las calles de Alonso V y de las Arcadas de la capital aragonesa

En la mayor parte de la calle de Alonso V de Zaragoza solo hay edificios en una de sus aceras, en la de los números impares. Si nos remontáramos varios siglos atrás, esas viviendas estarían fuera de la ciudad, serían extramuros. Los vecinos de esta vía pueden ver desde sus ventanas una curiosa estampa: la muralla medieval de la capital aragonesa.

Ese era el límite de la localidad. Si se revisa la cartografía de la ciudad se descubre que en los mapas de Cesaraugusta existían construcciones aisladas fuera de la muralla. En ese momento la frontera de la urbe terminaba en el Coso Bajo, detrás del Monasterio de la Resurrección de Canonesas del Santo Sepulcro.

Sin embargo, unos pocos siglos más tarde, ya en Saraqusta, se observa cómo esos grupos de casas, popularmente conocidos como torres, terminaron acogidos bajo la protección de una ampliación de la muralla. “Los nuevos barrios serían protegidos entonces por un nuevo muro de tapial y rejola que, aunque de menos fortaleza y altura que el romano, delimitaba la ciudad y aportaba un sistema defensivo añadido”, se puede leer en ‘Antiguas puertas de Zaragoza’, de Raquel Cuartero y de Chusé Bolea. La nueva muralla, de ladrillo, discurría en paralela al cauce del río Ebro.

Aunque en los últimos tiempos han aparecido más vestigios en la calle de San Miguel, tal y como publicó este periódico, uno de los tres tramos mejor conservados de la muralla medieval es el que abraza el barrio de La Magdalena. Se encuentra entre las calles de Alonso V y Arcadas. Precisamente, según documentos municipales, ese nombre lo dieron los arcos que se construyeron en el interior de la antigua ciudad para apuntalar la muralla. En alguna ocasión también tuvo que ser reforzado con sillares, de hecho, alguna de esas grandes piedras fueron rescatadas de la muralla romana.

Así que las reformas fueron numerosas: “Sufrirían diversas modificaciones, en muchas ocasiones provocadas por guerras como la de los Dos Pedros, o por revueltas como las de los Tarines”. Esta idea de Cuartero y Bolea se corrobora en el informe histórico artístico de la muralla, situando la contienda de 1357 como una de las principales causas de la rehabilitación del siglo XIV. En dicha ficha se sostiene que fue entonces cuando se sustituyó el adobe por el actual material.

La última actuación se acometió en 2013, tras el derrumbe de más de 20 metros. Afortunadamente, no se registraron heridos. Ni los avisos de los vecinos ante el estado ni el plan de protección que se trazó en 1997 evitaron el desenlace. Los otros tramos gozan de mejor salud, ya que fueron restaurados con anterioridad. En la ficha municipal se detalla que se levantan en la calle de Asalto. Es la que se conoce entre los zaragozanos como la muralla de Los Sitios, dado el protagonismo que adquirió durante las batallas contra los franceses.

Una de las fuentes gráficas que desvelan cómo era Zaragoza antes de la Guerra de la Independencia es la vista que en 1563 pinta Anton Van den Wyngaerde, conocido como Antonio de las Viñas. En esa panorámica ilustra varias casas alojadas a la muralla medieval. Entonces todavía quedaban cuarenta años para que el Concejo cediera estos espacios a algunos vecinos de la ciudad por un módico canon, según referencia su informe histórico artístico. Incluso, los propios torreones se convirtieron en viviendas.

En fotografías antiguas se ven con claridad vanos abiertos en la muralla y se adivina vida al otro lado de los ladrillos. Algunas macetas decoraban los alféizares, toldos cubrían ventanas y hasta parte de los torreones. Eran familias de zaragozanos que pueden contar que durante un tiempo vivieron en casas que después, en 1949, fueron catalogadas como Patrimonio Histórico Español.

La muralla en números

  • 73 cuerdas
Según el informe histórico artístico de la muralla, su longitud era de 73 cuerdas, es decir, algo más de medio kilómetro.
  • 66 torreones
Si se recorría de un extremo a otro se podían ver un total de 66 torreones. De todos ellos se conservan cuatro. Eran de planta ultra semicircular y durante décadas fueron ocupados como viviendas.
  • 72 compases
Los compases son las paredes que resultan entre un par de torreones. En la muralla medieval de Zaragoza se podían contar 72, tal y como se señala en su ficha municipal.
  • 7 puertas
Aunque la ciudad tuvo doce puertas, cuando se concibió la muralla medieval solo se existían siete: la Quemada, la de Santa Engracia, Baltax (más tarde llamada del Carmen), la puerta del Portillo, Puerta Sancho, Forado de Predicadores y la del Abrevadero de San Juan del Hospital.
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