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Bruil, de una torre con “montaña rusa” a parque

El céntrico parque Bruil de la capital aragonesa fue parte de una finca propiedad de los Agustinos, después fue comprada por Juan Faustino Bruil, de quien adquirió el nombre: la torre Bruil.

El céntrico parque Bruil de la capital aragonesa fue parte de una finca propiedad de los Agustinos, después fue comprada por Juan Faustino Bruil, de quien adquirió el nombre: la torre Bruil.

La calle de Asalto de la capital aragonesa abraza al parque Bruil por un lado, el río Huerva lo hace por el otro. Este céntrico espacio verde, ahora rodeado por altos edificios, tiene su origen en una torre de carácter agrícola. En un principio perteneció a los Agustinos, según cita el Ayuntamiento de Zaragoza. La orden religiosa tenía en este lugar - de las entonces afueras de la ciudad - las huertas de un convento que fundaron en 1286. Las estancias de los religiosos, así como la iglesia, se ubicaban en la plaza de San Agustín, en la Magdalena. El actual parque era un gran olivar.

Fue desamortizado a mediados del siglo XIX y Juan Faustino Bruil la adquirió. Este zaragozano nacido en 1810 se dedicó desde joven al comercio, regentando un modesto establecimiento en la calle de Espoz y Mina. En esa época convirtió este enclave en una “lujosa residencia”, señalan las mismas fuentes.

"Era uno de los pocos y más deliciosos lugares de esparcimiento de la ciudad"

En los días festivos, los jardines podían ser visitados por los vecinos de Zaragoza. Según crónicas de la época, la definían como “uno de los pocos y más deliciosos lugares de esparcimiento de la ciudad” y que “constituía uno de los rincones más atractivos”. En las fotografías antiguas que se conservan se pueden adivinar puertas de forja, espesas alamedas, estanques y laberintos vegetales. Se introdujeron nuevas especies de plantas, como las cañas de bambú de la India, y fue cuidada por reconocidos jardineros, hecho que potenció su riqueza botánica.

En esas históricas instantáneas también se puede observar una “montaña rusa”, como se denominaba. No era una atracción al uso, como las que se puede ver en cualquier parque temático de ahora, sino una elevación de 25 metros de altura desde la que se podía divisar toda la finca, a modo de atalaya.

Tal y como se refleja en documentación municipal, en dicha torre nació el proyecto de la puerta del Duque de la Victoria, que se encontraba en el entorno del puente de San José y la plaza de San Miguel, junto a la iglesia del mismo nombre. También dio sus primeros chutes el primitivo Real Zaragoza Club Deportivo, en el conocido como “campo de fútbol de la Torre de Bruil”. Era de tierra y el equipo zaragozano jugó allí hasta 1932, cuando se trasladó a Torrero convertido ya en el Iberia. Además, alojó un canódromo y durante la Guerra Civil hizo las funciones de aparcamiento para automóviles, al menos en 1936.

Poco tiempo después, ni un siglo, quedó en desuso y en 1953 el consistorio zaragozano emprendió una serie de gestiones para convertirlo en parque público. En julio de 1965 fue inaugurado. HERALDO publicó que supuso “una mejora importantísima para aquel sector de la ciudad, que parecía para recreo y descanso de niños y vecinos de todas las edades”. Canchas de baloncesto y campos porterías, un quiosco o pistas para jugar a la petanca son algunos de los servicios que ofrece a día de hoy este lugar, la que fuera torre Bruil.

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