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gente de la tierra

Vino y arquitectura: una vuelta a las raíces con innovación y sostenibilidad como cimientos

Alex Ascaso y Àngels Castellarnau decidieron volver al mundo rural y emprender su proyecto Edra Cultura y Natura, que combina enología y arquitectura en pleno Prepirineo oscense.

Alex Ascaso y Àngels Castellarnau son el alma de Edra Cultura y Natura.
Alex Ascaso y Àngels Castellarnau son el alma de Edra Cultura y Natura.
Edra

Arquitectura y enología. Estas dos disciplinas, que en un principio pueden no despertar ninguna conexión, son, sin embargo, los pilares del proyecto vital iniciado hace ya 20 años por Alex Ascaso y Àngels Castellarnau. Edra Cultura y Natura conjuga la elaboración de vinos de manera artesanal y sostenible y la arquitectura de kilómetro 0 inspirada en la naturaleza. Y todo ello en pleno Prepirineo oscense, en la localidad donde ambos hunden sus raíces, Ayerbe.

Tanto Alex como Àngels estudiaron en la ciudad, él, Ingeniería Técnica Industrial en Zaragoza y después un máster en Enología en La Rioja, y ella, Arquitectura y el doctorado en Barcelona. Pero los dos sintieron la necesidad de volver a sus orígenes. "En mi familia tenemos lagares desde hace cientos de años. Éramos y somos agricultores de toda la vida, pero en los 80 y 90 se despobló la Hoya de Huesca y se arrancó la viña y se perdió mucha historia, así que decidimos retomarlo y volver al mundo rural", recuerda Alex Ascaso.

Los primeros esbozos del proyecto se remontan a 1999, cuando Alex empezó a plantar algunas vides, aunque no fue hasta 2004 cuando se construyó la bodega y en 2005 cuando produjeron los primeros vinos. Hoy, tras mucho trabajo para "reorientar el transatlántico de la agricultura", cuentan con una bodega y un estudio de arquitectura que, aunque diferentes, comparten la misma filosofía y valores. "Nos movemos por parámetros de sostenibilidad, ecologismo y durabilidad de los proyectos, que no sean inmediatos, sino a largo plazo", precisa Ascaso.

Ese mismo compromiso se encuentra en la naturaleza de sus vinos y viñedos, que forman parte de la Indicación Geográfica protegida Ribera del Gállego-Cinco Villas. En Edra huyen de la "masificación" y producen vinos "diferentes, auténticos, personales, con un ADN muy marcado, peculiares", comenta Alex. Eso les permite llegar a "un sector más exigente", el de la alta restauración, donde la calidad del vino se mide por la cata y no por la etiqueta. Así, han conseguido atraer la atención de grandes maestros de la gastronomía, como Ferran Adrià, que sirvió uno de sus vinos en El Bulli en 2007, o Martín Berasategui, que también introdujo en 2005 uno de sus tintos cuando gestionaba el restaurante del Museo Guggenheim de Bilbao. "Eso -incide Ascaso- nos permite hacer algo diferente y no producir muchos litros y vulgarizar la calidad".

En Edra cultivan variedades autóctonas y foráneas, como syrah, merlot, tempranillo, garnacha, viognier o parraleta. Sus vinos combinan la esencia de la tradición y la frescura de la innovación, otro de los pilares del proyecto. De este modo, con ayuda del Centro de Transferencia Agroalimentaria (CTA) del Gobierno de Aragón han logrado identificar una variedad de uva desconocida hasta la fecha y que todavía no tiene nombre, pero también han recuperado variedades que estaban prácticamente desaparecidas, como la ribote o la garnacha gris. Esta última se caracteriza por una piel grisácea que confiere a sus vinos un color amielado muy característico y especial.

Una edificación viva

Además del vino, la arquitectura completa el alma de Edra, cuyo nombre significa hiedra en aragonés occitano. Es por ello que la estructura de su bodega está recubierta de esta planta, aplicando la innovación arquitectónica desde un punto de vista estético y, sobre todo, sostenible. En verano, la hiedra aporta sombra y humedad, mientras que en invierno, la caída de las hojas permite el paso de la radiación a los muros, ayudando a climatizar la bodega "de forma natural, sin necesidad de consumo de CO2 y reduciendo la factura eléctrica", explica Alex Ascaso.

Ese espíritu ecologista sumado al uso de materiales de kilómetro 0, aquellos que se encuentran al alcance en las proximidades, es la piedra angular de Edra Arquitectura, con Àngels Castellarnau al frente. Sus proyectos persiguen un bajo impacto ambiental y abogan por el uso de los recursos naturales, como la tierra, la paja o la madera. "Llevamos 20 años de adelanto al ‘boom’ de la ecología. Ahora está de moda, pero es lo coherente, lo que nos puede seguir sacando adelante. Buscamos que los materiales sean lo más cercanos posible porque una madera puede venir de Alemania y ser ecológica por estar certificada, pero no tiene sentido. Es mejor utilizar una madera del Pirineo que, aunque puede no ser ecológica, es de aquí y ha tardado unas horas en llegar, no cinco días", señala Ascaso.

Entre los trabajos del estudio destaca el hotel Torre del Marqués, en el municipio turolense de Monroyo, el primer cinco estrellas de la provincia.

Turismo

Aunque no han dejado de trabajar, Alex Ascaso reconoce que este año de pandemia ha sido "horroroso", especialmente en lo relacionado con el vino, ya que han visto caer la exportación (sus caldos llegan hasta Japón, Bélgica, Suiza o Estados Unidos) y, aunque han aumentado las ventas ‘online’, esto no ha compensado las pérdidas por el cierre de la hostelería. "Dependemos de la alta restauración y está cerrada desde hace casi un año... Es una situación muy dura, pero la viña no puede parar. Ha aumentado la venta por internet, pero no es la solución, necesitamos turismo y restaurantes abiertos".

A la espera de que la situación mejore, desde Edra ya trabajan en nuevos proyectos y vinos, y continúan reforzando su alianza con el grupo Vignerons de Huesca, que aúna varias bodegas, distribuidoras y restaurantes afines a su proyecto y que apuestan por productos ecológicos de cercanía.

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