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ESPECIAL discapacidad

Lizer, Esther, Pilar, Adrián y Cristina: las historias de cinco aragoneses con discapacidad y sus ganas de despedir 2020

Este año, marcado por la crisis del coronavirus, ha sido complicado para muchos. Varias personas con discapacidad cuentan cómo lo han vivido: las renuncias que han tenido que hacer y sus proyectos de futuro.

En Aragón hay más de 42.000 hogares con personas con discapacidad, que suponen el 10% del total. Diferentes familias cuentan cómo han vivido esta pandemia y los esfuerzos que han hecho para salir adelante en un año marcado por el coronavirus.
En Aragón hay más de 42.000 hogares con personas con discapacidad, el 10% del total. Diferentes familias cuentan cómo han vivido esta pandemia y los esfuerzos que han hecho para salir adelante.
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En Aragón, según datos del Ministerio, más de 109.000 personas, en torno al 8% del total, conviven con una discapacidad igual o superior al 33%. De ellos, 55.755 son hombres y 54.110 mujeres. Lizer, Esther, Pilar, Adrián y Cristina le ponen cara a estas cifras para contar cómo han vivido una situación que ha puesto en jaque a muchas familias, las renuncias que han tenido que hacer y sus proyectos de futuro cuando termine esta pandemia y puedan al fin recuperar sus vidas.

"Tengo ganas de que todo vuelva a la normalidad para volver a ver a los amigosAntes de la pandemia iba siempre de casa al trabajo y del trabajo con ellos, con la novia, con los compañeros de aquí de Gardeniers o con la familia. Ahora quedo mucho menos… A los amigos que tengo en otros centros ya hará ocho meses sin verlos", cuenta Adrián Navarro, de 35 años. Adrián vive con sus padres y trabaja en el Centro Especial de Empleo Gardeniers, donde estos días han preparado numerosas entregas de pedidos florares para regalar esta Navidad a los seres queridos. Algunos de ellos se venden en packs. Hay cestas que incluyen la tradicional flor de Pascua y el vino de la Amistad (de Enate) por nueve euros (12 con envío a domicilio). 

A diferencia de Adrián, que pudo volver al trabajo tras los dos primeros meses de confinamiento, Cristina García, de 55 años, ya no ha podido hacerlo. En su caso, al vivir en una residencia con otras personas de riesgo, sigue de baja para proteger al resto, aunque confiesa que nada le gustaría más que volver a su centro de empleo. "Ahora lo que me gustaría hacer es salir a trabajar. Sería la mayor ilusión que me daría la vida", dice con una sonrisa. 

En 2019 había en Aragón 45.200 personas con discapacidad en edad de trabajar, lo que supone el 5,4% de la población total en esa franja de edad. Según datos del INE, el 40% de las personas con discapacidad oficialmente reconocida eran activos en la Comunidad (frente al 34% en España). La crisis del coronavirus ha supuesto un duro golpe para muchos de ellos. Los más afortunados han podido volver al trabajo; pero la inmensa mayoría -comentan- siguen de ERTE o de baja laboral por la covid-19. 

"Los primeros meses de confinamiento me cayeron como un jarro de agua fría. El no poder trabajar ha sido muy duro para mí, pero afortunadamente tengo gente que me ha ayudado en momentos muy difíciles", cuenta Cristina, una residente del Centro Integra de Atades. Allí ha sacado estos días su vena más artística para decorar jarrones y botellas recicladas -donadas por la empresa NTC- que pueden servir también de obsequio estos días. 

Cristina García, usuaria de Atades, enseña una de las botellas que ha decorado estos días.
Cristina García, usuaria de Atades, enseña una de las botellas que ha decorado estos días.
P. B. P.

"Cada pieza tiene el espíritu de cada uno de nosotros. No hay dos iguales, aunque las puedas encargar", avisa ella.

Al igual que Cristina, Pilar S., una joven con discapacidad que vive en un piso tutelado, también ha renunciado a muchas cosas por culpa de esta pandemia. Antes del coronavirus, su madre bajaba a menudo a Zaragoza para verla. Y aunque ahora hablan todos los días, a veces "mañana, tarde y noche", esta turolense echa en falta el roce y el cariño. "Yo antes molaba más, era más movida… Ahora echo de menos mi rebeldía, los abrazos, los achuchones. Ya no soy la chica de antes… Estoy insoportable últimamente porque me faltan muchas cosas y sé que todo el mundo lo está pasando mal pero en mi caso lo están pagando los educadores", confiesa esta joven, que teme no volver a ser la misma. 

Carlos De Paz y Pilar S., en uno de los pisos tutelados de la asociación Kairós.
Carlos De Paz y Pilar S., en uno de los pisos tutelados de la asociación Kairós.
P. B. P.

A Pilar le gustaría que el 2021 acabara definitivamente con el virus para reunirse más a menudo con su madre, poder pasar a casa de su novio o simplemente recuperar su vida de antes. "No quiero ni que me regalen cosas ni que me compren nada... Yo lo que quiero es recibir cariño y volver a dar abrazos para estar feliz", subraya esta joven. 

Como ella, también Esther Palacios, de 28 años, tiene ganas de normalidad para poder quitarse el cubrebocas -como acostumbra a llamar a la mascarilla- y dejar de ir con ese miedo con el que ahora todos por prevención y respeto a los suyos caminan. En su caso, noviembre le ha dado una alegría. Ha conseguido trabajo en un centro especial de empleo y eso le ha devuelto la sonrisa. "A las primeras personas que les dije que me habían contratado fue a mis abuelos, y se alegraron mucho. Mi abuela se echó a llorar de la misma emoción. Yo la quería abrazar y no podía", relata esta joven, cuya prioridad ahora mismo es seguir cuidándose por ellos. "Si ellos están bien y son felices, yo también", sonríe. 

Para Mirella García, mamá de un niño zaragozano con un 80% de discapacidad, Navidades puede haber muchas, pero vidas solo hay una. Por eso, insta a todos los aragoneses a pensar en aquellos que peor lo han pasado por culpa de esta pandemia y pide que se cumplan las medidas para después celebrar unidos que le hemos ganado esta batalla al virus.

"No es momento de incumplir las normas ni de tomar decisiones que pongan en peligro a tus seres queridos. Navidades hay muchas, pero vidas solo hay una, y está muy complicado", afirma.

Los profesionales instan a quedarse en casa esta Navidad

Al igual que las familias, Roberto Pérez, director del Centro Integra de Atades, y José Manuel Olivas, responsable del servicio de inserción sociolaboral, afrontan estas Navidades con cautela, para evitar así que haya un brote en las residencias. "En mi caso, por responsabilidad, no voy a ir a ninguna celebración fuera de mi burbuja familiar. Mantendré contacto con mis seres queridos por videoconferencia aunque vivan en el barrio de al lado. Queda muy poco para la vacuna y no me perdonaría que por hacer una celebración, mi familia o las personas a las que cuidamos en mi trabajo sufriesen un contagio con las graves consecuencias que eso tiene", asegura este profesional, convencido de que habrá oportunidad de recuperar todo este tiempo perdido con las personas que quiere. 

A su juicio, hacer un ejercicio de responsabilidad individual y colectiva es "fundamental" en estas fechas. "Van a ser unas fiestas diferentes, pero con imaginación y voluntad se pueden celebrar igual. Hace falta hacerlo con seguridad. Después de lo que hemos pasado desde marzo con la primera ola y de conseguir rebajar la curva de contagios de la segunda en octubre, tenemos que continuar con el esfuerzo. Si hay una tercera ola, las consecuencias sanitarias, sociales y económicas que conlleva no hará sino engordar la factura que estamos pagando", avisa. 

Por su parte, José Manuel Olivas recalca que la mayor medida de prevención es "quedarse en casa". Ese es el plan que tiene él con su novia, en Zaragoza. Rechaza juntarse con su familia para no poner en riesgo a los más vulnerables y pide también un esfuerzo al resto de la ciudadanía para poder "volver a la normalidad" lo antes posible. 

"Estas van a ser una navidades muy diferentes y peores, al igual que todo el 2020, pero si no actuamos con mucha responsabilidad quizá volvamos a tener un año como este", augura. 

- Especial: 'Discapacidad en tiempos de la covid-19'

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