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Seis pueblos de Aragón que se ganan al turista por el estómago: de El Batán al Callizo

Turismo y gastronomía van de la mano en esta ruta por algunos de los mejores restaurantes de la Comunidad. 

Foto de Tramacastilla
María José Meda, chef de El Batán, en la cocina del restaurante
Laura Uranga

Cuando se trata de conocer mundo, si es con el estómago lleno y el paladar contento, mucho mejor. Turismo y gastronomía van de la mano en la siguiente ruta, que recoge seis de los mejores restaurantes de Aragón, dos por provincia, para conocer sus pueblos al mismo tiempo que se disfruta de sus manjares.

Aunque no todos los establecimientos de esta lista tienen alguna distinción o premio culinario, los avalan sus años de experiencia y popularidad, siendo el boca-oreja su mejor estrategia de márquetin.

El Batán, el estrella Michelín de Tramacastilla 

El restaurante El Batán es uno de los cinco estrellas Michelín de Aragón y está en Tramacastilla, un pueblo de poco más de cien habitantes de la Sierra de Albarracín. La hospedería donde se encuentra abrió sus puertas en 1999 y, desde el pasado 2013, es el único establecimiento turolense en contar con la afamada distinción gastronómica.

María José Meda, chef, y Sebastián Roselló, maitre, son los culpables de mantener la estrella año tras año desde hace ya siete. Una estrella, la de El Batán, que no es una cualquiera. El ambiente que se respira en este restaurante es más bien distendido y el espacio, un edificio acristalado en mitad de una arboleda, enamora desde el principio. Su menú degustación cuesta 69 euros, un precio nada desdeñable para el nivel.

A 16 kilómetros de Albarracín, la localidad de Tramacastilla se sitúa en pleno corazón de la sierra, en la confluencia de los ríos Guadalaviar y Nogueras. Este pequeño pueblo de tejas y chimeneas, esconde, además de su hospedería, otros enclaves de interés, como la torre musulmana de la peña del castillo, la ermita de Santa Ana o el parque faunístico de La Maleza.

Además, su cercanía a Albarracín permite combinar la visita a este pueblo más bonito de España o una excursión por el paisaje protegido de los pinares del rodeno, con una comida de estrella Michelín en la hospedería El Batán.

La Torre del Visco se ubica en una masía del Matarraña, en Fuentespalda
La Torre del Visco se ubica en una masía del Matarraña, en Fuentespalda
Heraldo.es

La Torre del Visco, cocina gourmet en Fuentespalda

La Torre del Visco es el restaurante gourmet del hotel del mismo nombre situado en la localidad turolense de Fuentespalda, en el Matarraña. Si el nivel de su cocina es alto, no se queda atrás el de su emplazamiento. Ubicado en una masía de 1449, le rodean jardines de rosales y olivos, en medio de una finca de 89 hectáreas delimitada por el río Tastavins y el macizo montañoso de los puertos de Beceite.

Con esta carta de presentación, el restaurante destaca por la producción en la misma finca de los productos ecológicos que pasan luego por los fogones y, finalmente, por el paladar del comensal. Ofrece menús de entre 50 y 65 euros y, para una experiencia completa, dispone de servicio de alojamiento en un paraje de ensueño en el corazón del Matarraña.

El hotel-restaurante es miembro de la asociación Relais & Chateaux, que agrupa a más de 500 establecimientos de todo el mundo unidos por el compromiso de preservar la riqueza local y el medio ambiente.

De satisfacer al estómago de quienes llegan a este recóndito espacio gastronómico se encarga el chef Rubén Catalán, natural del Matarraña. En sus platos se refleja la influencia del Mediterráneo, próximo a esta región montañosa de la zona oriental de la provincia de Teruel. Las setas silvestres, hierbas y flores comestibles dan un toque único a los platos de La Torre del Visco, donde el aceite de oliva, la fruta y la verdura se produce a apenas unos metros de donde se consume.

Aprovechando la visita a la zona, en Fuentespalda se encuentra la tirolina doble más larga de Europa, con dos kilómetros de extensión. La bajada dura un minuto y medio, alcanzado velocidades de hasta 220 kilómetros por hora. Toda una aventura para disfrutar, eso sí, antes de comer, no vaya a ser que el estómago se revuelva.

El Balcón del Pirineo, en Buesa, ofrece estas vistas del valle de Broto.
El Balcón del Pirineo, en Buesa, ofrece estas vistas del valle de Broto.
Heraldo.es

El Balcón del Pirineo, experiencia gastronómica con vistas desde Buesa

Su nombre es toda una declaración de intenciones. El Balcón del Pirineo es un pequeño y sencillo restaurante en la localidad de Buesa, en la comarca de Sobrarbe. Si la cordillera montañosa fuera una casa, este lugar sería literalmente su balcón. Por su situación, el local ofrece unas vistas privilegiadas al valle de Broto desde esta aldea pirenaica de 35 habitantes.

El Balcón del Pirineo es una empresa familiar que, tras media vida dedicados a la ganadería, emprendieron camino en el mundo de la restauración en 1990. Su especialidad y sello de identidad es la ternera pirinera, una carne certificada que se cocina a la brasa de leña de roble para deleite del paladar.

La carta de este restaurante es tradicional, compuesta por platos elaborados con productos de la zona de primera calidad. Los entrantes, entre los que no faltan los huevos rotos, la sopa de cebolla o los pimientos de piquillo, dejan pasado a los principales, a destacar el chuletón de ternera de Sobrarbe (45 euros el kilo) o el de wagyu (a 115 euros el kilo según disponibilidad).

En las parrillas se encuentra el responsable del negocio, Jorge Rabal, quien ostenta el título de mejor parrillero de Aragón 2019, reconocimiento que concede a nivel nacional Carnes Okelan para distinguir a los maestros cocinando chuleta de vaca a la brasa.

Otros planes para completar el día en la zona son visitar el casco antiguo de Broto, acercarse hasta la cascada de Sorrosal, a apenas cinco minutos andando, o dar un paseo a caballo desde Sarvisé.

La sala del Callizo, en Aínsa, con vistas al valle del Cinca
La sala del Callizo, en Aínsa, con vistas al valle del Cinca
Heraldo.es

Callizo, cocina tecno-emocional de montaña en Aínsa

Cuando la riqueza del turismo y de la gastronomía se pueden disfrutar en un mismo viaje no se necesitan más excusas para realizarlo. Algo así sucede con la ineludible visita a Aínsa y a su restaurante por excelencia, el Callizo. Perdido en la comarca de Sobrarbe, junto al parque nacional de Ordesa y Monte Perdido, el establecimiento lleva abierto 22 años y hace tres que se sometió a una reforma total.

“Una cocina técnica y emocional de montaña”. Así es como se definen desde este restaurante, regentado por Josetxo Souto y Ramón Aso, donde se ofrece una propuesta que une comida y sensaciones. Toda una experiencia que va un paso más allá de lo puramente gastronómico.

La clave del éxito, en este y en casi todos los casos, es una cocina volcada en los productos de proximidad, en concreto, en los de las montañas del Pirineo. A ello le acompaña un espacio de excepción, en la misma plaza Mayor de Aínsa, con un salón-comedor de ventanales abiertos hacia el valle del Cinca.

En la experiencia del Callizo, el visitante puede pasar a la cocina
En la experiencia del Callizo, el visitante puede pasar a la cocina
Heraldo.es

Se ofrecen dos menús degustación, uno más corto, de 65 euros y el largo, con más de 15 platos, por 85 euros. Entre los manjares no faltan el ternasco, los arroces y un postre que no deja indiferente a nadie, no solo por la materia prima, sino también por su puesta en escena.

Pero antes de sentarse a la mesa, quienes lleguen al Callizo podrán disfrutar de una experiencia completa, que comienza por un tentempié a base de trampantojos regados con vino de la tierra en la bodega.

Después, los comensales podrán conocer al equipo de cocina, tomar una tapa con ellos y ver de primera mano cómo se elaboran los platos. Finalmente, se pasa a la sala para, con calma, disfrutar del menú y de las vistas.

Las anchoas son el producto estrella del bar El Arco, en Paniza.
Las anchoas son el producto estrella del bar El Arco, en Paniza.
Heraldo.es

El Arco, el paraíso de la anchoa y otras viandas de Paniza

Con casi 40 años de trayectoria, hace cinco que el bar El Arco, en Paniza, saltó al primer plano internacional con un vídeo que se hizo viral en Youtube. En él, Alberto Báguena, el dueño, aparece elaborando una flor de queso a la guillotina. Desde entonces, cuando el vídeo alcanzó los cuatro millones de visualizaciones, son más quienes salen de la autovía Mudéjar para repostar, y no precisamente de gasolina, en este restaurante de los de toda la vida.

‘El paraíso de la anchoa y otras viandas’ es el reclamo con el que se anuncian desde el propio establecimiento y no es de extrañar, ya que a Alberto se le conoce como “el de las anchoas”. De hecho, El Arco es uno de los pocos restaurantes donde se sirve la engraulis encrasicolus, es decir, una anchoa del Cantábrico costera primavera. El resto del menú lo componen platos elaborados a base de producto de cercanía, como tomates del huerto del vecino, judía trapera de Tarazona, huevos de gallinas criadas por la familia o setas de la zona cuando es temporada.

Flor de queso hecha por Alberto Báguena
La flor de queso con guillotina catapultó a la fama de Youtube al bar El Arco
Laura Uranga

Si la calidad del producto es buena, no lo es menos la atención al público y el trato cercano, con la atención personalizada como marca de la casa. Los fines de semana siempre está lleno y entre semana tampoco falta trabajo con los lugareños.

No muy lejos de Paniza se encuentran Daroca y la laguna de Gallocanta, dos destinos que se pueden combinar con la parada obligatoria en El Arco. En la misma localidad, situada a los pies de la Sierra de Algairén, se puede visitar la ermita de San Gregorio o el Santuario de la Virgen del Águila.

Milhojas de Melocotón de Calanda, en La Rebotica.
Milhojas de Melocotón de Calanda, en La Rebotica.
Almozara Fotografía

La Rebotica, en Cariñena, destacado por su relación calidad-precio

La Rebotica es uno de los 17 restaurantes aragoneses que cuentan con la distinción Bib Gourmand de la Guía Michelín. Con este reconocimiento se destaca la buena relación calidad-precio que ofrece este establecimiento familiar situado en Cariñena.

El negocio fue lanzado hace 30 años por Silvestre Cros y Nati Lacal quienes, tras décadas de trabajo, han pasado el testigo a sus hijas, Clara y Blanca. La siguiente generación de chefs se encarga ahora de mantener el nivel de este restaurante cuyo secreto está en dar un toque de modernidad a la cocina tradicional aragonesa.

Así, sus platos más destacados son la borraja con setas y patatas y la lasaña de morcilla y setas, dentro de un menú en el que predomina el producto de la tierra. No falta el ternasco, ya sea en paletilla o en chuletas, la carrillera al vino D. O. de Cariñena o el secreto de cerdo de Teruel.

Además de los platos a la carta, cuyos precios rondan los 15 euros de media, se ofrecen menús degustación o para ocasiones especiales por entre 26 y 33 euros.

La Rebotica, además de dar de comer a los visitantes, también enseña a cocinar a los futuros chefs. En su sede se organizan cursos de cocina en los que se promueve el consumo de materias primas locales.

Aprovechando que es época de vendimia, si se deja caer uno por la zona, la visita a La Rebotica se puede completar con alguna actividad de enoturismo de las que organiza la ruta del vino de Cariñena.

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