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Seis pueblos fantasma de Aragón con más vida de la que parece

La Comunidad está salpicada por decenas de localidades deshabitadas cuyo encanto se esconde tras sus ruinas y calles vacías.

'Jánovas no rebla’ fue el lema empleado por sus vecinos en la lucha contra el desahucio.
Jánovas no rebla’ fue el lema empleado por sus vecinos en la lucha contra el desahucio.
Heraldo

Pasear por sus calles vacías, reconstruir en la mente las casas antes de que fueran ruinas e imaginar cómo sería la vida cuando la había en ellos es parte del encanto de visitar localidades deshabitadas. Aragón está salpicado con decenas de pueblos fantasma que, con mayor o menor leyenda detrás, son destino turístico.

Huesca, por tratarse de un terreno montañoso, es la provincia que alberga un mayor número de estas localidades deshabitadas, pero también se encuentran en Teruel y, en menor medida, en Zaragoza.

Algunos desaparecieron fruto de la despoblación y el éxodo rural, otros fueron escenario de batallas, como la de Belchite, o tuvieron que ser vaciados por la construcción de embalses (llegaran a ver la luz o no), como Jánovas o el Poble Vell de Mequinenza.

Los motivos que las han llevado hasta su estado actual son dispares pero todos estos pueblos deshabitados comparten silencios, ruinas y un pasado por descubrir.

El puente colgante de Jánovas que se mantiene como en su origen, en el siglo XIX.
El puente colgante de Jánovas que se mantiene como en su origen, en el siglo XIX.
Rafael Gobantes

Jánovas, el pueblo abandonado en balde

Perteneciente al municipio oscense de Fiscal, en la comarca de Sobrarbe,Jánovas es desde 1984 un pueblo deshabitado. Ese año sus últimos vecinos se vieron obligados a abandonar sus hogares, tras décadas resistiendo. El motivo de tal desahucio fue el proyecto de construcción de un embalse en el valle del río Ara, anunciado ya en 1950 y que, finalmente, nunca llegó a ver la luz por su elevado coste.

La decisión de paralizar el proyecto no llegó hasta 2005, cuando Jánovas ya era un pueblo fantasma. Pese a ello, algunos vecinos, que nunca perdieron la esperanza de mantenerlo con vida, han ido restaurando algunas casas de forma altruista y reclamando que sus propiedades sean devueltas. Incluso se ha recibido alguna ayuda económica gubernamental.

Pero Jánovas sigue siendo un pueblo fantasma y al caminar por sus calles, donde la hiedra se ha hecho con las fachadas, se respira ese aire melancólico de los lugares abandonados. Por suerte, al no avanzar el proyecto del pantano, el puente de Jánovas, el único colgante original del siglo XIX que existe en España, sigue en pie.

A 16 kilómetros de Fiscal y a ocho de Boltaña, a Jánovas se puede llegar sin pérdida en coche. En la misma carretera (la N-260), si se va desde Boltaña, un mirador a la izquierda ofrece una vista panorámica del pueblo. Avanzando unos kilómetros más y habiendo tomado el desvío a la izquierda hacia el pueblo, hay un aparcamiento donde se puede dejar el coche para pasear hasta Jánovas, cruzando por el puente colgante para adentrarse después en sus calles abandonadas.

En el intento de recuperación de la vida en Jánovas se encuentra la Fundación San Miguel que, bajo el ‘Jánovas no rebla’ que marcó la lucha contra el desahucio de los vecinos, recoge en su web recuerdos del pueblo y anima al visitante a contribuir con la causa.

Escó quedó desierto tras la construcción del pantano de Yesa.
Escó quedó desierto tras la construcción del pantano de Yesa.
F. Calderón

Escó, Tiermas y Ruesta, despoblados tras la construcción de Yesa

Escó, Tiermas y Ruesta, tres pueblos abandonados en el entorno de Yesa, no fueron víctimas directas de la construcción del pantano, pero sí sufrieron daños colaterales. Y es que en la década de los 60 del siglo pasado, para llevar a cabo el proyecto del embalse, fue necesaria la expropiación de numerosas tierras de la zona. Así, sin terreno que explotar, muchos de los vecinos de estas pequeñas localidades que se dedicaban al campo fueron poco a poco abandonándolas para mudarse a otros municipios o a la ciudad.

Actualmente, son pueblos deshabitados que se pueden visitar con las precauciones debidas, al tratarse de lugares en ruinas. De sus casas apenas se conservan huecos de ventanas sin ventana, muros por la mitad, suelos de balcones sin barandilla o vigas de madera que antes sujetaban tejados hoy caídos.

En el caso de Escó, la iglesia es el único edificio que se conserva totalmente en pie, tejado incluido. El pueblo pertenece al municipio de Sigüés y se sitúa a seis kilómetros del mismo en coche y a cuatro de las ruinas del balneario de Tiermas, a orillas del embalse y también deshabitado desde la construcción del pantano de Yesa.

Ruesta se localiza en la otra orilla del embalse, a 14 kilómetros de Urriés, municipio al que pertenece. El acceso hasta allí no es tan sencillo como el de Escó, en este caso, por las condiciones que presenta la carretera que lleva hasta allí, la A-1601.

Circulando despacio y esquivando los baches, unos veinte minutos de viaje separan Urriés de Ruesta. Antes de llegar, a lo lejos ya se dejan ver las dos torres del castillo, cuyo origen data del siglo XI. Actualmente, este pueblo abandonado lo está un poco menos, ya que se encuentra en proceso de recuperación y cuenta ya con un albergue.

. El pueblo viejo de Belchite fue arrasado durante la Guerra Civil.
. El pueblo viejo de Belchite fue arrasado durante la Guerra Civil.
Ayuntamiento de Belchite

Belchite, el recuerdo vivo de una guerra

Si existe un pueblo fantasma por excelencia en Aragón, ese es Belchite. La popularidad de este núcleo, arrasado durante la Guerra Civil española, no se debe solo a su relevancia en la historia del país por la batalla que en él se libró, sino también a las leyendas y misterios que se cuenta sucedieron en sus calles.

Unas calles que desde hace unos años solo se pueden visitar previa adquisición de una entrada y de forma guiada. Atrás quedaron los tiempos en los que el pueblo viejo de Belchite estaba abierto a paseos sin rumbo, pero también a vándalos sin escrúpulos.

Por ese y otros motivos, el Ayuntamiento de Belchite controla los accesos y organiza visitas tanto regulares como especiales. Así, hay experiencias nocturnas y otras teatralizadas que aportan un punto de misterio a la visita.

Actualmente, se ofrecen visitas diurnas de lunes a jueves a las 12.00 y a las 16.00 horas; los viernes se añade un tercer pase, a las 18.00; y los fines de semana y festivos, a estos tres, se suma un primer tour, a las 10.00.

Las entradas, que tienen un precio para adultos mayores de 14 años de 8 euros, se pueden adquirir online o en la oficina de Turismo de Belchite. Son sus guías, la mayoría descendientes de los propios vecinos que vivieron en su día en el pueblo viejo, quienes conducen al visitante por las calles en ruinas del pueblo fantasma más famoso de Aragón.

Mas del Labrador fue escenario de la película ‘Libertarias’.
Mas del Labrador fue escenario de la película ‘Libertarias’.
Turismo Matarraña

Mas del Labrador, un pueblo fantasma en el Matarraña

Los conflictos bélicos también tuvieron mucho que ver en que Más del Labrador, en la comarca del Matarraña, se convirtiera en un pueblo fantasma. Los primeros avatares se sufrieron con las Guerras Carlistas pero el punto de no retorno hacia el abandono fue la Guerra Civil. La contienda destruyó casi por completo la localidad, donde apenas permanecieron tres familias.

En la década de los 60 del siglo pasado, Más del Labrador quedó despoblado totalmente, aunque se mantuvo durante años la misa de los domingos. En la actualidad, todavía se pueden contemplar los restos de sus casas, agrupadas en torno a la iglesia parroquial de San Juan Bautista. Algunas conservan las fachadas de piedra sillar y las portadas con arcos y semibóvedas.

Las calles de Mas del Labrador, hoy perteneciente al municipio de Valjunquera, han sido escenario de cine, con la grabación de algunas de las escenas de la película sobre la Guerra Civil ‘Libertarias’. Para llegar hasta allí hay que tomar la carretera N-420 desde Valdeltormo en dirección Alcañiz. El recorrido, de algo más de tres kilómetros, se puede realizar en coche, y la comarca también propone rutas para ir a pie y conocer al mismo tiempo el entorno natural de la zona.

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