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El último indio del Matarraña se aloja en el campin El Roble, en Valderrobres

Vestirse como un indio, conocer la comarca desde otro punto de vista y dormir en un tipi es la experiencia turística que ofrece este complejo turolense.

Los tipis del campin emulan a las tiendas cónicas donde vivían los indios del norte de América
Los tipis del campin emulan a las tiendas cónicas donde vivían los indios del norte de América
Campin El Roble

La expresión “hacer el indio” nunca estuvo tan bien reflejada como en la experiencia turística que ofrece el campin El Roble, en Valderrobres. Las connotaciones negativas del dicho no tienen cabida en esta propuesta, orientada especialmente para familias, que consiste en pasar un día y una noche como lo hacían los indios norteamericanos.

El principal atractivo de la experiencia es el alojamiento. Y es que uno no duerme cada noche en un tipi, la tradicional vivienda nómada de las tribus de las praderas del norte de América. Su forma cónica puede engañar al ojo humano con las dimensiones de estas tiendas, que no tienen nada que envidiar a las comodidades que ofrece la suite de un hotel.

Originalmente, estaban hechas con pieles de animales como el bisonte y palos de madera. Simulando esta forma, las siete tiendas de este tipo que hay en el camping tienen capacidad para cuatro personas, distribuidas en una cama de matrimonio y dos individuales, con toma de luz e iluminación. “Los tipis están pensados para familias con niños, que representan entre el 80 y el 90% de nuestra clientela”, explica Carlos Arrufat, gestor del campin El Roble. El precio de estos tipis es de entre 80 y 90 euros la noche para las cuatro personas.

Para completar la experiencia nocturna, en algunas épocas del año, principalmente en otoño y en primavera, se ofrecen actividades de pintacaras y vestimenta india para los niños que, por un día, pueden hacer el indio todo lo que quieran.

La tienda se puede reservar por internet, de hecho, es lo que se recomienda desde el campin, dadas las altas tasas de ocupación que están experimentando, especialmente para los fines de semana. Una vez en las instalaciones, según las necesidades y preferencias de cada familia, se proponen las actividades que completarán su estancia.

Pueden ser visitas a pueblos del entorno o a los parajes que forman parte del Parque Natural de los Puertos de Beceite. Así, se podrá presenciar cómo el agua del río Tastavins, afluente del Matarraña, salta en La Portellada. Es el paraje del Salt, con una cascada de 20 metros que impresiona hasta a los indios.

La ruta del Parrizal es otra de las experiencias que no se pueden pasar por alto en esta zona. Una serie de pasarelas facilitará el paseo sobre el río Matarraña que, a su paso entre rocas por Beceite, deja una estampa digna de retener en la retina. Además, como si de indios en canoa se tratara, se pueden alquilar kayaks y navegar por el cercano pantano de Pena, también en Beceite.

Salvando las distancias con las hogueras donde cocinaban los indios, en esta experiencia también se puede comer carne recién hecha, eso sí, en la barbacoa. Si la noche es clara, al caer el sol, los indios podrán tumbarse junto a su tipi a observar las estrellas y hacer así gala de sus dotes de observadores de astros.

Los niños se pintan y visten como indios para pasar la noche en un tipi
Los niños se pintan y visten como indios para pasar la noche en un tipi
Campin El Roble

De los tipis indios a las yurtas de Mongolia

El alojamiento en tipi no es la única experiencia diferente que se puede vivir en el campin El Roble. Junto con este tipo de estancia, el complejo ofrece otras tiendas del mundo, como las jaimas árabes o las yurtas de Mongolia, incorporadas este mismo año.

“Intentamos diferenciarnos ofreciendo estancias diferentes a los clásicos bungalows, mobile homes y parcelas, que también las tenemos”, explica Carlos. Ofrecer este tipo de alojamientos diferentes forma parte del glamping, un término anglosajón que combina 'glamour' y campin para denominar a unos complejos turísticos que ya nada tienen que ver con lo que eran en sus orígenes.

Siguiendo esta tendencia, en El Roble, que se abrió hace cinco años, se cuenta con tres jaimas, instaladas hace tres años como prueba del concepto de tiendas del mundo. La experiencia funcionó, por lo que pronto llegaron los tipis, siete tiendas para dormir como los indios. La última incorporación ha sido este mismo año, con la instalación de tres yurtas, viviendas utilizadas por los nómadas en las estepas de Asia Central. “Son auténticas, compradas en Mongolia”, añade Carlos.

Estas 13 viviendas componen las tiendas del mundo que El Roble ofrece como experiencia turística a quienes quieren alojarse en un campin, pero no de la forma tradicional. Adaptadas a las comodidades actuales, tanto los tipis como las jaimas y las yurtas tienen capacidad para dos o para cuatro personas, pensando tanto en parejas como en familias o grupos de amigos.

En este caso, nadie duerme en el suelo (que además es de tarima) ya que los espacios cuentan con colchones de varios tamaños. Tampoco será necesario comunicarse con señales de humo, como los indios, ya que cada tienda dispone de toma de luz para que la batería del teléfono móvil siempre esté a punto.

Tipi del campin El Roble
Tipi del campin El Roble
Campin El Roble

Experiencias turísticas para sentir, además de ver

La del último indio del Matarraña es una de las experiencias turísticas recogidas por el Gobierno de Aragón para promocionar la Comunidad no solo por lo que se puede ver en ella, sino también por lo que se puede hacer y sentir.

El proyecto surgió en 2016 y cada año se convocan los premios a la mejor vivencia turística de Aragón. Ganadores y no ganadores quedan recogidos en una web donde el visitante o quien está planeando un viaje a la comunidad pueda organizar su estancia y reservar alguna de las propuestas.

Las experiencias recogidas en este directorio 'online' son gastronómicas y enológicas, para disfrutar de la comida y el vino de la Comunidad. También las hay familiares, como es el caso de la de Valderrobres. Otras son de turismo activo, con rutas a caballo o en bicicleta para conocer lugares desde otro punto de vista, así como culturales, con visitas teatralizadas y estancias en castillos medievales.

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