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Tobed, el pueblo que se convirtió en escuela

“El Casón de la Ribera” se fundó en 1991 como ariete contra la despoblación y centro pedagogo de valores etnográficos y ambientales dentro de la Asociación Cultural Grío.

El Centro Educativo Pueblo-Escuela ‘El Casón de la Ribera’ es conocido por todos como la granja-escuela de Tobed. En 1991, la Asociación Cultural Grío (que comenzó a andar tres años antes y engloba también a Codos y Santa Cruz de Grío) fundó allí este proyecto. Se impulsó la creación de unas instalaciones, que además de enseñar a foráneos los valores etnográficos y ambientales de la zona tenía otra misión: ser muro de contención ante la despoblación. “Fue el primer proyecto económico de la Asociación, se creó como sociedad limitada con el objetivo de fijar población joven”, explica María Pilar Ballester, docente, coordinadora de proyectos de la entidad y una de las impulsoras de la iniciativa.

En estos 29 años de vida –echó a andar oficialmente en julio, además– sus instalaciones, tanto el albergue como el centro con animales y huerto, han servido para realizar actividades con colegios, campamentos, grupos organizados, días temáticos, o celebraciones. Este año, todo eso lo ha barrido la pandemia: “Habríamos recibido unos 700 niños de entre 6 y 12 años”, explica Ballester. Ahora su confianza está en que “todo vaya a mejor y nos vayamos adaptando”. “Echamos mucho de menos las voces y risas de los niños y niñas”, subraya. Por otra parte, de ocho personas que estarían trabajando, solo una se ha quedado a cargo de los animales, y otras dos han sido recolocadas.

A pesar de todo, allí siguen las estrellas del centro: dos burros, una yegua, gallinas, conejos, pavos, patos y una oca. A este regimiento lo atiende con paciencia Jesús Calvín. “Esta es la parte que más llama la atención, porque son las estrellas y a los chavales les encantan, pero en el centro hacemos mucho más”, subraya Ballester. En este punto, insiste en que “utilizamos lo que tenemos y lo que somos: un entorno rural y natural que da muchas posibilidades”. Así, además del taller con animales –en el que se ahondan en aspectos como su reproducción, los sonidos que emite o la alimentación–, también cuentan con otros talleres.

Modelado y cocina

Las prácticas con arcilla, que aúnan técnicas manuales y mecánicas, y el funcionamiento de los hornos también son muy populares. Lo mismo ocurre con los talleres de alimentación: hacer mermeladas, rosquillas o almendras garrapiñadas. “Por una parte tenemos los oficios rurales, el trabajo con animales, la sestearía o la alfarería, de la que aquí había mucha tradición”, remarca la responsable. A eso se suma su papel como aula de naturaleza, apoyándose en lo cercano: “trabajamos el conocimiento y la observación en el jardín, el huerto o con paseos cortos, donde hacemos que reconozcan plantas aromáticas, flora autóctona, aves o rocas”.

Ballester explica que “la creación de este espacio ha sido algo progresivo, basado en la economía social: todo beneficio se ha reinvertido en el proyecto”. Dentro de la Asociación, integrada en la Confederación de Centros de Desarrollo Rural, también gestionan un centro de menores y una residencia de mayores en Codos, además de dar empleo a vecinos de varios pueblos de la zona. “Cada vez hay más niños sin pueblo”, indica Ballester. Eso sí, con el trabajo desplegado aquí desde 1991, muchos han encontrado el suyo.

Pan de hoy en un horno que encierra 280 años de tradición

Nacido hace 70 años en Cihuela (Soria) y criado en Morés desde los cuatro, Antonio Gregorio Marquina es el panadero de Tobed desde hace más de tres décadas. Y no, jubilarse no está dentro de sus planes más inmediatos. En el Horno de Pancocer hace unas 300 barras diarias, y a la semana unos 50 o 60 kilos de mantecados y el doble de magdalenas, además de repostería variada. “Empecé con 11 años en Morés y hace 32 vinimos aquí porque el horno estaba parado. Dos de mis hijos se han casado aquí”, explica Gregorio, acompañado de su mujer Nieves y sus hijos José Luis, Marimar y Mª Nieves.

“Los inicios fueron difíciles, pero la gente se portó muy bien con nosotros”, recuerda. En ese primer año, Antonio ideó los corazones de San Valentín, un dulce típico para conmemorar el día del patrón del pueblo. Luego han venido 32 años de intenso trabajo: “Nunca he trabajado 8 horas al día, siempre han sido bastantes más”, sentencia, recordando que también acude a Codos y Cosuenda.

Gregorio cuenta que el local del horno está asentado sobre una antigua sinagoga, y la parte más vieja del obrador está en el horno de tipo moruno. “Hay constancia de él desde 1740 en la documentación del ayuntamiento, donde se recogen otras posesiones de la Orden del Santo Sepulcro como el molino de aceite y de grano”, explica, tras apagar una radio en la que suenan jotas. “Formo parte del Grupo de Jotas Virgen de la Peña de Calatayud desde hace más de 10 años”, explica a posteriori.

En cuanto a su hacer, recuerda como “las recetas que hago son tradicionales, en horno de leña y con los conocimientos de las personas que me las transmitieron a mí”. Antonio Gregorio habla de la panadería como “mi oficio” y sostiene que sigue en el negocio apelando a una máxima: “Lo que te gusta, que no falte”.

El barranco de Los Abuelos, ruta hacia las cárcavas y chimeneas

Además de los ingentes recursos patrimoniales con los que cuenta la localidad, su entorno natural no es menos valioso, y prueba de ello son las diferentes rutas por el casco urbano y sus alrededores. Una de ellas, y apta para casi todos los públicos, es la ruta hasta el barranco de Los Abuelos, apenas medio kilómetro de ascensión por la derivación Tobed-Cariñena del sendero turístico GR90. Lleva a cruzar el río Grío y a ascender hacia las figuras del Castillo y de la antigua ermita de San Valentín. En lo alto de este cerro se aprecia una combinación de materiales y estructuras tectónicas desarrolladas gracias a la falla de Río Grío, que origina formas como las cárcavas y chimeneas de hadas. Con origen en conglomerados plio-cuaternarios, la intensa erosión de la zona hace que algunas formaciones parezcan rostros humanos. Allí menudean los tonos rojizos, grises, marrones, amarillentos y verdes.

Cómo llegar a Tobed

Comarca. Comunidad de Calatayud.

Cómo llegar. Desde Zaragoza hay dos rutas de una hora. Por un lado está la alternativa por la A-2, de 81 kilómetros hasta la salida de Morata y luego A-2302, y por otra la de la A-23, de 70 kilómetros hasta Cariñena y luego A-1504.

El Palacio de la Encomienda. Fechado en el siglo XVII y también conocido como de los Canónigos o del Comendador, fue sede de la Encomienda del Santo Sepulcro de Calatayud en Tobed y hoy da cobijo a viviendas y a la sede del Ayuntamiento, cuyo alcalde, Juan Antonio Sánchez Quero es presidente de la Diputación de Zaragoza.

Mudéjar. Hablar de este municipio es hacerlo del arte mudéjar. Sus iglesias de San Pedro y sobre todo de la Virgen merecen de por sí una visita.

San Valentín. Cada 14 de febrero, el municipio honra a su patrón, San Valentín, figura tan vinculada a los enamorados. Se realiza una procesión y la peana del santo se adorna con roscones y dulces típicos.

Reportaje de la serie ‘Aragón es extraordinario’.

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