Despliega el menú
Viajes

viajes

El auge del ‘tanatoturismo’ salpica también a Aragón

A raíz de series como ‘Chernobyl’, algunos escenarios trágicos y morbosos han atraído a un número creciente de viajeros. En España, Puerto Hurraco se lleva la palma, pero Belchite también es un imán para los curiosos.

Coronavirus.- Zaragoza.- Las visitas al El Pueblo Viejo de Belchite se reanudarán el 8 de junio
Coronavirus.- Zaragoza.- Las visitas al El Pueblo Viejo de Belchite se reanudarán el 8 de junio
EP

Es una nueva clase de viajero que se sitúa entre el morbo del suceso y el afán por conocer episodios históricos. Los expertos hablan de ‘tanatoturismo’ y aseguran que no es una tendencia tan nueva como puede pensarse porque en más de una guía de viajes aparecen cementerios o se citan tumbas de personajes ilustres que conviene visitar. Más peliagudos resultan “atractivos turísticos” de presidios como Alcatraz o de los campos de concentración como el de Mauthausen, por todo el dolor y sufrimiento que se esconde tras sus muros y porque requieren de una visita más que responsable para honrar a las víctimas.

La caja de los truenos la destapó hace unos cuantos meses  el éxito de la serie Chernobyl, que llevó a que muchos jóvenes quisieran acercarse a Prípiat para colgar en sus redes sociales fotos de la zona de exclusión establecida tras el accidente de la central nuclear. El tirón de la serie de la HBO hizo que en doce meses llegaran hasta 100.000 turistas para conocer “los devastadores efectos que tuvo el accidente en los lugareños” -así se venden algunos tours- y para probar cómo funciona un traje contra la radiación y cómo funciona un contador Geiger.

Esta oscura fiebre, trasladada a España, también traza un recorrido por la geografía nacional marcada por la muerte o la tragedia. El crimen de Puerto Hurraco (Badajoz) atrae a no pocos turistas, que conocieron el suceso por la crónica negra de 1990 o a jóvenes que desconocían la historia hasta que vieron la fantástica película de Carlos Saura (‘El séptimo día’) sobre las rencillas familiares y la posterior masacre. Huelga decir que a los vecinos no les hace absoluta gracia ser visitados por tan vil motivo. Más macabro, incluso, se antoja el viaje a Alcácer, población valenciana donde tres adolescentes fueron asesinadas y en la que algunos se preguntan cómo pudo huir -y continúa en paradero desconocido- Antonio Anglés.

Un filón para los ‘tanatoturistas’ son los escenarios relacionados con la Guerra Civil y, en este sentido, hay dos destinos principales. Por un lado, el Valle de los Caídos, que ha perdido mucho tirón mediático y turístico desde que se trasladaron los restos de Franco. Por otro, la localidad aragonesa de Belchite, donde se libraron cruentas batallas y cuyo fanstamagórico Pueblo Viejo da testimonio de la crudeza de la guerra. De hecho, explican desde el Ayuntamiento que hay dos tipos de visitas turísticas, una diurna y otra nocturna, pero que ninguna de las dos explora la veta del morbo sino todo lo contrario. “Se trata de hablar de historia y del patrimonio histórico, pero siempre se pretende transmitir un mensaje de paz y de la inutilidad de la violencia para resolver conflictos”. En Belchite, además, son diestros en abordar este tema desde el punto de vista emocional y pedagógico, sobre todo, con las muchas visitas escolares que reciben. Con sus recorridos por las ruinas quieren explicar a las nuevas generaciones el sufrimiento que conlleva una guerra “para no caer en mismos errores del pasado”. Las visitas nocturnas, a pesar de lo que pueda parecer, no tienen relación con las famosas psicofonías ni tampoco se circunscriben en exclusiva a los bombardeos la Guerra Civil. “En estas se cuentan leyendas medievales y misterios que han pasado en la localidad y su entorno”, explican.

Recreación de la Ruta Orwell en mayo, en Alcubierre.
Una de las recreaciones que suelen hacerse en la Ruta Orwell, en Alcubierre.
P. Puértolas

De vuelta a la contienda, hay que recordar que la Ruta Orwell por la sierra de Alcubierre permite caminar entre trincheras y recorrer los montes de Iranzo o de Pucero, en los que el popular escritor británico estuvo combatiendo un par de meses como plasmó en su libro ‘Homenaje a Cataluña’. Un puesto de mando, un vivac o un nido de ametralladoras son algunos de los espacios recreados en medio de los Monegros, en un itinerario que ha sido distinguido varios años de forma consecutiva, como una de las mejores rutas turísticas de Aragón.

Curioso y muy telúrico es también otro recorrido que, esta vez, nos lleva por el Matarraña y por las cárceles y calabozos de hace unos 400 años. Suelen estar ubicadas bajo los ayuntamientos, algunas son hoy en día almacenes municipales, pero en sus paredes aún se ven restos de los grilletes de las mazmorras. Los vecinos de Calaceite, Valderrobres, Fuentespalda, La Fresneda o Ráfales saben de lo que se trata porque hasta Iker Jiménez se ha acercado a hacer algún reportaje.

Sobre el ‘tanatoturismo’ hay diversos estudios como el Daniel Liviano, profesor de la Universitat Oberta de Catalunya, que explica que se trata de un fenómeno que es "muy antiguo" porque al ser humano "siempre le ha atraído la muerte". Ya en la Inglaterra del siglo XVII se preparaban ‘tours’ para ver ejecuciones públicas y “en Francia las muertes por guillotina tenían innumerables seguidores”, explica. El auge experimentado en el siglo XX llevó a muchos operadores turísticos a explotar y rentabilizar el morbo y basta citar la ruta Helter Skelter, que recorre en Beverly Hills los lugares de los crímenes de Charles Manson, o los narco ‘tours’ que en Medellín recuerdan a Pablo Escobar. Los expertos siguen debatiendo sobre si este tipo de turismo está más próximo a la necesidad de empatía o la frivolidad, y advierten contra algunos ‘tours’ que se empiezan a poner de moda como el que recrea el drama que viven muchas personas en la frontera de EE. UU. y México.

Etiquetas
Comentarios