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Pilotaje de drones: de afición a salida laboral de presente y futuro

Esta actividad comienza a expandirse en el entorno colegial y su aprendizaje no conoce limitación de edades; ahora bien, su regulación es severa y las limitaciones al uso particular, considerables 

Eduardo Naya, de School Pilots, operando con un dron.
Eduardo Naya, de School Pilots, operando con un dron.
SP

La vida profesional del zaragozano Eduardo Naya dio un giro considerable al toparse por casualidad con el mundo de los drones. “Ya son casi cuatro años en esto. Dando un curso de sonorización y masterización entré en contacto con Nacho Hernández, uno de los alumnos, que ya dirigía y sigue dirigiendo la escuela de vuelo de drones School Pilots. La gustó mucho la clase y cuando me dijo lo que hacía, se me encendieron los ojos. Desde pequeño me ha encantado todo lo relativo al vuelo y los juguetes voladores, desde el soldadito de plástico con paracaídas que lanzabas a los aviones de papel. Me ofreció un curso, acabé examinándome para instructor y empecé a dar clases allá; vamos a colegios, ferias, casa de juventud, instituciones… acabamos de dar uno en la Fundación Ibercaja, y tenemos otro previsto allá para finales de marzo”.

Naya recalca que la formación en drones ya ha saltado al entorno escolar de manera clara. “En algunos colegios se plantean introducirlo en los últimos años de la primaria como asignatura troncal. Igual que se recomienda que cualquier niño aprenda a tocar algún instrumento musical en la etapa escolar, aprender a controlar un dron es muy recomendable en el aspecto de la coordinación, la comprensión espacial y la concentración. Personalmente, y a pesar de que hemos dado clases a más peques, una buena edad para iniciarse son los 9 ó 10 años. Nos movemos mucho, pero nuestra ubicación principal está en el camino de la Raya, entre el tercer y el cuarto cinturón”.

En Fundación Ibercaja suelen impartir dos o tres cursos de pilotaje al año. “Viene gente de todas las edades, desde estudiantes de cine a personas ya retiradas que siempre tuvieron el interés, y utilizan esta actividad como ejercicio físico y mental; también militares, topógrafos, ingenieros agrónomos, forestales, personal de seguridad… hay muchas aplicaciones, más allá del mero entretenimiento, que también”.

La regulación actual y su desarrollo

La regulación vigente para el vuelo de drones se basa en el Real Decreto 10/36 de 1997. Con la entrada en vigor de la nueva ley europea, el 1 de enero de 2021, se han ido aplicando varios cambios; de hecho, la ley europea es más permisiva, y aún falta asentar su desarrollo en España. “Hay normas básicas: no despegar en un CTR (Controlled Traffic Region), que es el espacio incluido en un radio de ocho kilómetros de cualquier lugar de aterrizaje y despegue de aeronaves. El dron debe estar siempre a la vista de quien lo maneja, a no más de 500 metros de distancia y no más de 120 metros de altura. Debe mantenerse a un mínimo de 50 metros de los edificios, y no sobrevolar a personas. Despegar dentro de Zaragoza es complicado, aunque no veas fronteras en el cielo”.

El mundo de los RPAS (Remotely Piloted Aircraft Systems, o vehículos aéreos que se controlan a distancia) es tan restrictivo como apasionante. De hecho, hay un claro incremento del interés por dominar este arte. “En los tres últimos años se ha notado un montón, a pesar de lo que hemos vivido; en los cursos siempre se nos queda gente fuera; además del pilotaje se dan cursos de filmación y fotografía aérea, y el trabajo en los colegios hace que se deje poso en el ánimo de cientos de niños que si continúan practicando, estarán capacitados para volar de maravilla cuando lleguen a la adolescencia”.

Más opciones

Hay muchas opciones en Zaragoza para formarse en este terreno. En Zaragoza Activa, por ejemplo, se incide también habitualmente en el mundo de la confección de drones con impresión en 3D y ensamble, o el manejo de conceptos básicos como la controladora, el motor y el rotor, los puntos de equilibrio… por su parte, la firma pontevedresa Aerocámaras está presente en todo el territorio nacional. “Me examiné con ellos en su día -confiesa Eduardo Naya- y han centrado sus esfuerzos en terrenos como la filmación aérea, el trabajo de inspección y seguridad de parques fotovoltaicos o eólicos… también han puesto en desarrollo ideas muy originales, como la que materializaron en el puerto de Ibiza el pasado verano”.

Esta idea, con el apoyo de la empresa GEIC de asesoramiento y gestión de infraestructuras portuarias, se llamó Drone to Yacht y abastecía a los yates fondeados en las costas cercanas y los resorts de lujo de la zona, con base en una especie de badulaque de productos de alta gama, así como restaurantes selectos o tiendas gourmet. La idea se quiere expandir en breve a las costas italianas e incluso al Caribe. “En Zaragoza, como buena ciudad beta que somos, se están haciendo o se quieren plantear pruebas de diferentes servicios, tanto de envíos como incluso de aerotaxi”.

Aerocamáras, por su parte, ofrece formación teórica ‘online’ y pauta luego prácticas en aeródromos de todo el país. Para sus clientes aragoneses cuenta con el Aeródromo Tardienta Monegros.

Para volar en un CTR hay que realizar un Estudio Aeronáutico de Seguridad (EAS) y una Evaluación y Atenuación del Riesgo Operacional (EARO) validados por el Proveedor de Servicio de Tránsito Aéreo (ATSP) y la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA). “Hay un servicio en la web, Enaire Drones, donde cuentas con mapas diferenciados para saber dónde puedes volar y dónde no. También hay que tener muy presentes las zonas ZEPA de protección de aves, y los avisos Notam, que se distribuyen por medio de telecomunicaciones que informan sobre el establecimiento, condición o modificación de cualquier instalación aeronáutica, servicio, procedimiento o peligro. Por ejemplo, cuando hay pruebas militares, cosa que aquí ocurre a menudo. En los cursos se incide mucho en el rigor a la hora de cumplir las normativas y tener en cuenta la seguridad; primero, por civismo, y segundo porque el cumplimiento generalizado de las normas ayudará a que haya progresivamente menos restricciones. Soñamos con un momento en que el CTR baje de ocho a seis kilómetros, por ejemplo, lo que abriría muchos puntos para el vuelo”.

Las categorías

La categoría más amplia es la denominada categoría abierta. Incluye todas las operaciones con drones de bajo riesgo que se realicen a una altura máxima sobre el terreno de 120 metros. Aquí no es necesaria una autorización de AESA ni la realización de una declaración responsable. Esta categoría se divide en tres subcategorías Al, A2 y A3:

-A1: No se permite sobrevolar concentraciones de personas y debe evitarse sobrevolar a quien no participe en la operación. Se pueden usar aeronaves con las etiquetas de identificación C0 o C1.

-A2: Operaciones con una distancia de seguridad de al menos 30 metros con los individuos próximos a la operación. Esta distancia puede ser inferior si la aeronave incorpora el modo de baja velocidad. Este tipo de operaciones sólo se pueden hacer con drones de clase C2.

-A3:  Solo en zonas donde no se ponga en peligro a ninguna persona y a una distancia horizontal mínima de 150 metros de zonas residenciales, comerciales, industriales o recreativas. Las aeronaves deben tener una masa máxima al despegue (MTOW) inferior a 25 kilos, o disponer de clase C2, C3 o C4.

La categoría específica o STS incluye todas las operaciones con drones de riesgo medio. Dentro de esta categoría se han definido dos escenarios estándar para los que no se requiere autorización de AESA: sería suficiente con una declaración responsable del operador. Estos escenarios estándar son:

STS-01: Para operaciones VLOS (dentro del alcance visual del piloto de drones) y en entorno urbano. Con aeronaves de la clase C5.

STS-02: Para operaciones BVLOS, fuera del alcance visual del piloto de drones, y en un entorno escasamente poblado con aeronaves de la clase C6.

En tercer lugar está la categoría certificada, que se circunscribe a operaciones con drones de riesgo alto realizadas con aeronaves con dimensiones de 3 metros o más. Incluye operaciones con drones sobre concentraciones de personas, para transporte de personas o mercancías peligrosas, y cualquier operación que AESA considere de alto riesgo. Todas las operaciones realizadas dentro de esta categoría requieren drones certificados, pilotos de drones que cuenten con la licencia necesaria y que el operador disponga del certificado expedido por AESA.

Eduardo Naya y la música

Una curiosidad: Eduardo Naya lleva media vida en el mundo musical con el apelativo de Dan Barrow, y ha estado involucrado en diversos proyectos; actualmente sigue en activo con Magnus Imperial Club junto a Alberto Riazuelo, cabeza visible del proyecto De Vito en los primeros años del milenio.

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