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La lenta extinción del bidé

Esta pieza de loza para la higiene íntima alcanzó un cénit en los años 60 cuando su instalación prestigiaba el cuarto de baño y, en consecuencia, a la familia que lo poseía (otro cosa ya era que se usara). Hoy está en vías de desaparición, pues los fabricantes explican que las ventas han disminuido un 60% en la última década.

PALACIO DE LOS CONDES DE BURETA / MARIANO DE LOS DOLORES ( ACTUAL CONDE DE BURETA ) / 08/08/2012 / FOTO : MAITE SANTONJA
Uno de los cuartos de baño del palacio de los Condes de Bureta.
Maite Santonja

Los ‘millenial’ se preguntan qué es o para qué sirve. ¿Un revistero o un espacio idóneo para refrescar las cervezas? El bidé, que hoy en día se considera una molestia que ocupa espacio en el cuarto de baño, afronta una lenta agonía. Las ventas no dejan de descender (un 60% en diez años) y las tazas con chorros o las pequeñas duchas auxiliares parecen ganarle claramente la batalla. “Es la pieza de loza que actualmente menos se instala. Muchos clientes optan por eliminarlo taponando las tomas y salida a toma general”, explican en Saneamientos Marín, donde añaden que la razón principal es que así se gana bastante espacio para colocar en su lugar, por ejemplo, un mueble auxiliar en el que poder guardar botes, toallas, accesorios…

La sorpresa ante algo llamado bidé no solo es propia de los jóvenes sino de cualquier cultura ajena a la española y la francesa. Cuentan que el origen del invento ha de situarse en la Francia de finales del siglo XVII. Parece que su objetivo primigenio no era tanto la higiene como aliviar las molestias que sufrían los jinetes cuando se pasaban horas y horas cabalgando. El bidé fue rápidamente abrazado (sirva esta imagen) por la familia real francesa y, desde entonces, adquirió categoría y simbolizó cierto prestigio. Por cierto que entonces se ubicaba en el dormitorio y no en el cuarto de baño. Leyendas e historietas en torno al bidé las hay de toda clase, gusto y color (también más y menos escatológicas), pero baste el botón de muestra de que Madame Pompadour, amante de Luis XV, usaba uno de madera de haya y que Napoleón legó el suyo en herencia a su vástago. Estas y otras curiosidades forman parte del entretenido libro ‘Ya está el listo que todo lo sabe’, de Alfred López, que repasa “una curiosidad para cada día del año”. 

Lo cierto es que nadie llora la extinción del bidé, acaso, porque se han hallado sustitutos más cómodos y modernos. A imagen y semejanza de lo que se usa en Japón comienzan a popularizarse en España las tazas que llevan chorros incorporados para un perfecto acabado. Esa fusión entre bidé y váter está llamando la atención de los diseñadores de muebles, que están dando una vuelta de tuerca a su imaginación para crear asientos mullidos e, incluso, con calefactor. “Con los años, han ido surgiendo innovaciones, como la ducha de inodoro que permite aprovechar espacio y además limpiarse utilizando el mismo. Por otro lado, han ido surgiendo en el mercado asientos con doble función de lavado y uno de los productos estrellas, en el caso de Roca, es el inodoro In-Wash”, apunta Carlos Liédana, de Saneamientos Marín.

La historia del bidé en España también tiene su aquel, pues no deja de ser curioso que en algunos espacios nobles y renombrados -véase el palacio del Senado- los hay en sus baños. Haciendo un somero repaso de la presencia de esta pieza en los baños aragoneses, aseguran que en el Ayuntamiento de Zaragoza ya no quedan rastro de ellos ni tampoco en el edificio del Pignatelli. Sí figuran en las hospederías y en los paradores, pues hace algún tiempo -allá por los años 80- incluso era obligado para que los hoteles adquirieran su cuarta estrella el tener un bidé en el cuarto de baño. Significativo es también que en plena efervescencia del bidé, en los 70, hubo localidades que incluso lo exigieron entre los requerimientos técnicos de la construcción de las viviendas de protección oficial, como si de un objeto 100% necesario se tratase.

Hoy, semicaido en desgracia, su presencia solo se destaca en exposiciones revival como las que ofrece el llamado Klo&So Museum de la ciudad austriaca de Gmunden, donde se muestra la evolución del cuarto más especial de la casa. Entre los ejemplos clásicos curiosos que se pueden ver en la galería figura un orinal de 1780, que incorpora una protección de piel y un mecanismo de vaciado a través del mango, o el 'kaiser kloset', un inodoro de caja de madera, propiedad de Francisco José I. También hay una sesuda y sutil explicación sobre los distintos eufemismos que se han ido usando para hacer referencia al váter, inodoro, retrete, excusado, trono, etc.

De vuelta al bidé acaso la mayor riqueza semántica y lingüística en castellano la demostró La Trinca a finales de los 80 cuando compusieron e interpretaron por los platós la divertida canción ‘El marqués de Bidet’, que lleva más de 530.000 reproducciones en YouTube. En apenas dos minutos los humoristas cuentan la historia del barón “que especulaba con la posibilidad de tomar baños de asiento sin perder la dignidad”. Y aunque todo lo que cantan es muy aproximado a la realidad (sobre todo, lo de “una palangana con el chorro incorporé”), parece poco verosímil que la Bastilla se tomara por democratizar el bidé.

Como se ha dicho, hoy este artefacto de color blanco, de escasa altura y cuerpo en forma de guitarra está perdiendo la partida por una pequeña ducha al lado del inodoro, que permite el lavado de un modo más cómodo y deja espacio para un cesto de ropa o un armario. Puede, además, que el bidé que no sea la única víctima en aras de la modernidad en los baños, pues informan en las tiendas de sanitarios que el aprovechamiento de espacios también está acabando con las bañeras, que se han relegado a un segundo plano. “Ahora se instalan muchos más platos de ducha, que ofrecen un plus estético y facilitan -los hay extraplanos- a muchos usuarios poder acceder al espacio de ducha”. 

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