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Una mala alimentación en la infancia, un problema en el futuro

La malnutrición en las diferentes etapas pediátricas puede ocasionar problemas de salud a largo plazo como obesidad, colesterol o hipertensión y afecciones óseas o de crecimiento a corto plazo.

The happy two funny kids are preparing the dough, bake cookies in the kitchen
La buena alimentación de los niños y niñas es uno de los aspectos más importantes para su crecimiento.
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Obesidad, dislipemias, hipertensión, cáncer o diabetes son problemas de salud agravados por los cambios en el estilo de vida que se produjeron con la llegada de la globalización. "Por ello, actualmente la población es más consciente de la repercusión que tiene para la salud una buena alimentación y estilo de vida, algo que cobra mayor importancia si hablamos de los niños", explica la dietista y nutricionista Gloria Pérez. La profesional indica que la mayoría de las familias no consiguen llevar un estilo de vida saludable debido a factores como la falta del tiempo necesario para comer o hacer deporte o los recursos económicos y la educación, pues un nivel socioeconómico bajo influye negativamente sobre el estilo de vida de niños y adolescentes.

Aunque se dispone de mucha información al respecto, la experto recomienda acudir a fuentes fiables como los colegios profesionales de dietistas y nutricionistas o los de titulados en actividad física para la práctica de deporte.

Patricia Lambea, por su parte, destaca entre los errores comunes en la alimentación de los niños la introducción de forma regular de productos procesados infantiles. "Por este motivo, el entorno social del menor es un factor condicionante a la hora de realizar sus elecciones alimentarias", apunta la dietista y nutricinista. La ingesta excesiva de calorías, lípidos –sobre todo grasas saturadas– y de proteínas también son elementos a tener en cuenta, "especialmente en las primeras etapas de infancia, ya que el consumo excesivo en esas fases puede fomentar la aparición de sobrepeso u obesidad en el futuro", indica Lambea.

Asimismo, cabe destacar la deficiente ingesta de legumbres y carbohidratos de calidad (verduras, frutas y cereales integrales) y el consumo excesivo de azúcares simples a través de los procesados, que hacen que aparezcan estreñimiento o caries ; el aporte excesivo de sal y azúcar con productos que alteran el gusto; y el escaso aporte de fibra, que puede causar problemas en el desarrollo psicomotor y nutricional.

Recomendaciones por edades

En cuanto a las pautas que se han de seguir atendiendo a las diferentes etapas, Lambea sostiene que la lactancia materna tiene todos los nutrientes necesarios para cubrir las necesidades del bebé durante sus primeros seis meses de vida. "A partir de ahí, los requerimientos nutricionales varían y es necesario comenzar con la alimentación complementaria. Esta puede ser tradicional –introducción de alimentos en forma de purés, todo triturado hasta los ocho meses y a partir de ese momento introducir comida chafada, palitos o trocitos– o a través de métodos como el ‘baby led weaning (BLW)’, la alimentación autorregulada por el bebé mediante trocitos de alimentos blandos que pueda manipular y llevárselos a la boca de forma autónoma; o el ‘baby led introduction to solids (BLISS)’, que consiste en ofrecer alimentos de la textura y forma adecuadas según su desarrollo, haciendo hincapié en los ricos en hierro y energía", indica la nutricionista.

La etapa de uno a tres años es en la que se establecen de forma definitiva los hábitos alimentarios, por lo que es un momento clave para afianzar sus primeras elecciones. Una de las principales recomendaciones es respetar la sensación de saciedad o hambre expresada por los niños, de manera que coman cuando tengan hambre, y que los alimentos que se les ofrezcan sean siempre saludables.

En lo referente a la franja que va de los tres a los siete años, Lambea subraya que la alimentación debe ser adecuada, suficiente, completa, variada y equilibrada. "Las necesidades calóricas para esta franja de edad son muy variables. En términos generales, en menores con un estilo de vida sedentario serían de 1.200 kilocalorías en niñas y unas 1.400 en niños. Debemos seguir las recomendaciones básicas para cualquier edad, pero teniendo en cuenta factores individuales como el peso, el sexo, la edad, si hay alguna patología... Asimismo, ofrecer una gran diversidad de alimentos con variaciones de presentación, sabores, colores y texturas ayudará a que escojan los de alta calidad nutricional y evitará actitudes de rechazo frente a algunos grupos como frutas, verduras o pescado", expone.

Por último, para los niños de entre siete y catorce años, unas edades en las que las familias ya no tienen tanto poder de decisión, Pérez afirma que en el menú semanal se debería incluir de dos a tres días el consumo de legumbres. "Diariamente, se tendría que incorporan también en la comida y la cena una ración de verduras u hortalizas, ya sea cocinadas o crudas. De importancia también es el aporte de calcio para el fortalecimiento de los huesos, por lo que siempre que no esté contraindicado deben beber dos vasos de leche al día o cuatro yogures preferiblemente naturales sin azucarar", apunta la profesional.

Respecto a la proteína, Pérez recuerda que del grupo de carnes es recomendable que se elijan aquellas blancas como pollo, pavo o conejo frente a las rojas, consumiendo las primeras de tres a cuatro veces a la semana y las últimas dos. Por último, el consumo de pescado azul es conveniente que sea de dos a tres veces a la semana y el de pescado blanco de tres a cuatro; mientras que el de huevos ha de ser de cuatro a cinco semanales.

El plano médico

"Las consecuencias de una mala alimentación infantil pueden producir alteraciones por deficiencias como bajos pesos o por exceso con generación de sobrepeso y obesidad. Una malnutrición por defecto o exceso en una época vital de crecimiento provoca alteraciones a corto y largo plazo", explica Teresa Cenarro, coordinadora del Grupo de Gastroenterología y Nutrición de la Asociación Española de Pediatría y presidenta de la Asociación Aragonesa de Pediatría.

Los niños que sufren obesidad tienen una probabilidad muy elevada de ser en el futuro adultos obesos y padecer "el síndrome metabólico con hipertensión arterial, diabetes, hipertriglicerinemia e hipercolesteronemia", como apunta Cenarro. Pero, a corto plazo, también se producen consecuencias en el desarrollo óseo y muchos problemas psicológicos incluyendo el ‘bullying’.

En los últimos años, la prevalencia de sobrepeso y obesidad en los niños se sitúa alrededor del 35%, según el estudio Aladino publicado por el Ministerio de Sanidad en el 2015 y el estudio Pasos publicado en 2019 por la Fundación Gasol. Los valores de prevalencia siguen siendo muy altos, lo que conlleva un riesgo importante para la salud futura de los niños y niñas.

Por otro lado, como señala la doctora, el informe ‘The heavy burden of obesity’ de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) del año pasado presentó los datos de prevalencia de sobrepeso y obesidad de 52 países en un tramo de edad comprendido entre los 5 y los 19 años y España ocupaba la 12ª posición. "Con estas cifras, podemos considerar el sobrepeso y la obesidad un gran problema de salud pública. Los hábitos de alimentación han cambiado por el tipo de vida y la falta de tiempo, lo que ha obligado a abandonar la comida tradicional y a utilizar un exceso de alimentos precocinados", incide la profesional.

Numerosos especialistas como Teresa Cenarro coinciden en que el sobrepeso y la obesidad son un grave problema de salud pública que debe abordarse con políticas a nivel nacional y la intervención de múltiples agentes. Al margen de que, desde casa, los niños aprendan hábitos saludables de alimentación y no abandonen el ejercicio físico con la ayuda de sus modelos de referencia: los padres.

Unos progenitores que, a menudo, tienen dudas sobre la alimentación de sus hijos y cometen errores. "Los padres se preocupan por la alimentación de sus hijos, pero la falta de tiempo y el cansancio diario puede hacer que se utilicen alimentos precocinados o fáciles de hacer. No hay nada mejor que invertir tiempo en buenos hábitos de alimentación y ejercicio, pues eso es invertir en un futuro sano", concluye la pediatra.

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