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Obesidad infantil, un problema de todos

Por lo general, tendemos a asociar la obesidad con cuestiones estéticas, sin pararnos a pensar que es la causa directa de muchas enfermedades, algunas de ellas muy graves. Por eso, debemos prevenir ya desde la infancia.   

Es importante seguir unas normas básicas de alimentación para que, poco a poco, vayan creciendo como niños sanos.
Es importante seguir unas normas básicas de alimentación para que, poco a poco, vayan creciendo como niños sanos.
Bearfotos. Freepik

Por definición, obesidad es la acumulación excesiva de grasa en el cuerpo. Pero, como factor esencial dentro de este problema, conviene hablar antes de la alimentación, que es el proceso natural por el que se nutre el ser vivo para poder resolver sus funciones esenciales o vitales.

La alimentación desempeña tres funciones principales: energética, es decir, obtener la energía biológica necesaria para poder realizar el trabajo muscular, termorregulador, metabolismo basal y ejercicio físico (hidratos de carbono, grasas y proteínas); función plástica: para el crecimiento, la formación y la renovación de tejidos y fluidos (proteínas principalmente); y una función reguladora, destinada al buen aprovechamiento y regulación de los procesos metabólicos (vitaminas y minerales).

Para que todas estas funciones se realicen con normalidad, sus principios esenciales deben combinarse en una proporción determinada: (55% de hidratos de carbono, 32% de grasas y 13% de proteínas. Todo esto se suele representar de una forma mucho más gráfica y sencilla en la ya famosa pirámide de alimentos, en la que se colocan en diferentes alturas (según su importancia) los alimentos que contienen estos principios esenciales. Aunque cuestionada en algunos medios científicos, esta pirámide se sigue manteniendo de forma parecida, únicamente se han incorporado el agua y ejercicio físico. 

Es importante seguir estas normas para que, poco a poco, vayan creciendo como niños sanos, para seguir como adolescentes vigorosos y jóvenes fuertes y deportistas hasta llegar a la edad adulta con una calidad de vida buena y plena, evitando la obesidad.

Ya sabemos que la obesidad es la acumulación excesiva de grasa en el cuerpo. Pero, para darle la importancia que realmente tiene, y más allá de la apariencia estética, debemos considerarla como una enfermedad que repercute, interviene y es causa de otras muchas. Pero, ¿cuáles son sus causas?

Diferentes causas de la obesidad

Entre otras, pueden ser genéticas: se conocen genes implicados en la obesidad, que a su vez coinciden con los de otras enfermedades como diabetes, hipercolesterolemia...;  metabólicas: sabemos que el gasto de las calorías varia de unas personas a otras; psicológicas: se ha descubierto que los cambios psicológicos de la obesidad son con- secuencia de ella y no la causa; socioculturales: todo lo celebramos comiendo y bebiendo; el sedentarismo: ejercicio y deporte son pilares importantes en su tratamiento y, sobretodo, en la prevención; nutrición altamente calórica: el consumo de

más calorías de las que nuestro cuerpo necesita, provoca su acumulación (cada 7.500 calorías acumuladas suponen el aumento de 1 kilo de peso).

Pero también existen otras causas, y no menos importantes, como la falta de información en temas de nutrición o la información excesiva sobre alimentos ‘chatarra’ en los medios; la estimulación de los niños a base de alimentos (premios) con alto contenido en calorías; sustituir ciertas carencias afectivas con este tipo de premios hipercalóricos; o la falta de programas de ejercicio. Sin olvidar el aumento indiscriminado de restaurantes de comida rápida y el tiempo que pasan los niños ante las pantallas. Sobre todos estos factores podemos y debemos actuar esencialmente desde el ámbito familiar.

Causa de enfermedades graves

Por lo general, tendemos a asociar la obesidad con cuestiones estéticas, sin pararnos a pensar que es la causa directa de muchas enfermedades, algunas de ellas tan graves como los accidentes vasculares (ictus), un proceso que, aunque es más propio de personas mayores, ya se esta empezando a registrar cada vez a edades mas jóvenes. Y dentro de las temidas patologías cardio-vasculares, podemos citar la hipertensión, arterioesclerosis, insuficiencia cardíaca, enfermedad coronaria e insuficiencia venosa (le obligamos a trabajar más al corazón).

La obesidad también puede producir dificultades a la hora de caminar, lo que favorece el sedentarismo, a su vez una de las principales causas de la obesidad infantil, la hipotonía muscular y la artrosis de miembros inferiores y de columna. Y qué podemos decir de las serias afecciones pulmonares, como la fatiga, problemas para respirar durante el sueño y, a otros niveles, la trombosis pulmonar. Además, puede ser causa de problemas graves durante una intervención quirúrgica, así como en el pre y postoperatorio. La lista de enfermedades es larga y podríamos citar otras muchas, y muy conocidas, como la diabetes, los cálculos renales o las infecciones por hongos, principalmente derivadas de una excesiva sudoración.

Mención especial merecen las llamadas enfermedades ‘sociales’, nos estamos refiriendo a la discriminación social, en la escuela –los niños obesos suelen ser víctimas especialmente sensibles al acoso escolar–, el aislamiento…, y psicológicas, como la pérdida de la autoestima o la depresión, que, a su vez, retroalimentan a la obesidad.

Prevención, tratamiento y algunos consejos

Para abordar su prevención y tratamiento. Lo mejor que podemos hacer es cuidar la alimentación con una dieta saludable y equilibrada, acompañada de ejercicio reglado y controlado; y, por supuesto, evitar el sedentarismo y los medicamentos, excepto en casos muy especiales y siempre bajo prescripción médica. Para ayudarnos a mantener esa dieta sana y equilibrada, sin perder nunca de vista nuestro maravilloso sentido común, podemos recurrir a algunos sencillos recursos y consejos:

Para no caer en las tentaciones, podemos apoyarnos siempre en los más cercanos; no dejar comida a la vista, también nos ayudará bastante. A la hora de aleccionar a los más pequeños sobre el tema, tenemos que predicar siempre con el ejemplo y no comprar a los niños nada que después les tengamos que prohibir. La bollería industrial, los helados... son solo para momentos especiales; es decir: lo excepcional es eso, excepcional. También conviene acostumbrarnos a servir la comida en plato pequeño y recurrir a la fruta con pocas calorías, como ‘corta-hambre’. Establecer un lugar fijo para comer y no dejarles que coman viendo la tele, suele ser un recurso bastante eficaz. Darles chocolate cuando estén tristes o tarta si se aburren es un gran error, ya que relacionarán las situaciones desagradables con el hambre.

Es muy importante motivarlos a que realicen una actividad física de manera programada y no prohibirles determinados alimentos, sino enseñarles a no comerlos en exceso. ¿Premiar con chucherías? Nunca. Y, si beben agua, mejor que zumos o refrescos.

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