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Alimentos ecológicos: una práctica en auge con retos por delante

Los estudios que muestran las múltiples ventajas que tienen los productos ‘eco’ contrastan con los que las ponen en duda. Nutrición, medioambiente y seguridad alimentaria son las claves del debate.

La seguridad, el valor nutricional y su carácter sostenible han llevado a que el consumo de los productos ecológicos haya crecido en los últimos años.
La seguridad, el valor nutricional y su carácter sostenible han llevado a que el consumo de los productos ecológicos haya crecido en los últimos años.

Más nutritivos, saludables y sabrosos, respetuosos con el medioambiente, de kilómetro cero, sin elementos tóxicos... las ventajas que se les atribuyen a los alimentos ecológicos (u orgánicos) son numerosas y muy conocidas. El hecho de que en todo su proceso de producción no se utilice ningún pesticida de síntesis química les ha llevado a ganarse el favor de buena parte de la población, cada vez más preocupada tanto por su alimentación como por los procedimientos que conducen a la obtención de los artículos que se comercializan.

Asimismo, sus consumidores también le dan mucho peso a su carácter sostenible, en un contexto como el actual en el que los daños al medioambiente son frecuentes desde la contaminación a la deforestación pasando por el cambio climático. Cabe recordar que la agricultura ecológica ejerce generalmente un menor impacto medioambiental, debido a su limitación en el uso de compuestos químicos y optimización en el uso del abono, la rotación de los cultivos, los sistemas de producción mixtos (ganaderos y agrícolas) o los programas de cultivo extensivo.

No obstante, existe un debate abierto al respecto de si todas las cualidades citadas cuentan o no con evidencia científica. En este sentido, Bernard Url, director de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), señaló hace unos meses en relación a la seguridad de los consumidores que no hay mayores diferencias entre el consumo de alimentos de origen ecológico y los de producción convencional y que probablemente tampoco hay tales diferencias en términos nutricionales.

Legalmente, para que un producto ecológico sea distinguido como tal, debe cumplir los requisitos que se recogen en la normativa europea al respecto. Sin embargo, sus críticos recuerdan en diversos estudios que dicho reglamento no les impide emplear elementos contaminantes como el cobre o que el impacto ambiental generado por el transporte no se tiene en cuenta en la certificación ecológica, ya que es frecuente ver en los comercios de alimentación artículos que la tienen pero que provienen de otros países e incluso continentes.

Poniendo el foco en Aragón, el crecimiento de las hectáreas destinadas a producción ecológica ha sido constante en los últimos años. Una tendencia que pone de manifiesto las favorables condiciones que tiene el territorio para albergar este tipo de cultivos, que aportan un notable valor añadido a más de 3.000 productos en la Comunidad.

El aspecto nutricional

La dietista y nutricionista Miriam Crespo señala que los productos ecológicos son "una opción más en el mercado". "Responden a una serie de requisitos muy específicos en cuanto a la procedencia de los ingredientes que se incluyen, cómo se tratan y si son de origen animal. A nivel medioambiental, sería más sencillo pensar en consumir productos sostenibles, que son aquellos que se han producido cerca de su lugar de consumo y, por tanto, no conllevan el impacto que supone el transporte", agrega.

Precisamente, las consecuencias que genera transporte a nivel ambiental constituyen una de las principales críticas a este tipo de producciones, pues es frecuente que se venda, por ejemplo, carne de vacuno ecológica criada en países lejanos como Chile. "Sería más interesante consumir alimentos frescos y de temporada de la zona en la que vivimos, dinamizando el comercio local, aunque se consideren convencionales. La parte organoléptica puede variar, pero responde más a la variedad empleada, a que se cultivan y recolectan en temporada y en su punto óptimo de maduración", manifiesta la profesional, que añade que "un producto, porque sea ecológico, no tiene por qué ser saludable. Puede ser un ultraprocesado insano".

En este sentido, la experta destaca que "no hay evidencias de que tengan una mejor calidad nutricional". "La composición nutricional puede variar más por el momento de cosecha o por la variedad que por que sea o no ecológico", indica. Y recuerda que un estudio de la EFSA recogió 30.000 muestras de alimentos convencionales y ecológicos y comparó los residuos de pesticidas en ellos, concluyendo que las infracciones de los límites no representaban necesariamente una superación de los valores de referencia toxicológicos o un riesgo potencial para la salud de los consumidores.

Si se atiende a la situación de este mercado en nuestro país, cabe destacar que España es uno de los países que más produce. "Somos el cuarto del mundo en superficie agrícola dedicada a la producción ecológica y el primero a nivel europeo. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación somos el primer productor mundial ecológico de aceite de oliva y vino y el segundo de cítricos y legumbres ecológicas", señala Crespo.

En cuanto al precio de estos artículos, la nutricionista lo califica como "un freno al consumo". "Es difícil que una familia se alimente a base de alimentos ecológicos por su elevado precio frente al de los convencionales. Parte de la culpa de ello la tiene la cantidad de normativa que tienen que cumplir para poder obtener la certificación de ecológico".

Nueva normativa

El próximo año entrará en vigor el nuevo reglamento europeo sobre producción ecológica. Una normativa que fomentará los circuitos cortos de distribución y las producciones locales, reforzará los sistemas de control y ampliará la gama de productos comercializables como ecológicos. Una circunstancia que podría influir en su consumo, que ha aumentado notablemente entre los menores de 35 años debido a la elevada preocupación que tiene este colectivo por cuidar su salud y por llevar una vida más saludable. "A los consumidores de alimentos ‘bio’, ‘eco’ u orgánicos, que son las tres denominaciones de estos productos, también les interesa la ausencia de sustancias químicas de síntesis, la mayor calidad y el sabor del producto", explica Crespo.

No en vano, el mercado ecológico crece de forma considerable cada año y, con él, el número de consumidores. "Una de las claves es la apertura de más centros especializados y el interés de grandes cadenas de hipermercados, que cada vez invierten más en ampliar los lineales de estos productos. La facilidad de acceso hace que sean más fáciles de encontrar y, por tanto, de consumir", resume la nutricionista, que apunta a los huevos, los vegetales, la fruta o los lácteos como los alimentos de este tipo que más se consumen.

La situación en Aragón

"En Aragón hay actualmente más de 68.000 hectáreas de cultivo en producción ecológica. Además de la producción, hay un buen número de elaboradores, que superan los 190 y que transforman la producción aportando más valor añadido a más de 3.000 productos", tal y como explica Pedro Fatás, gerente de Aragón Ecológico.

El crecimiento ha sido constante en los últimos 25 años. "Cabe destacar que desde 1995 siempre ha aumentado el número de operadores, hectáreas, elaboradores y productos", apunta Fatás. Aunque los precios de los artículos y las coyunturas económicas han hecho que cada año haya habido variaciones más o menos significativas.

Esta agricultura ecológica se define como un sistema agrario que mediante el uso de técnicas conservadoras y/o mejoradoras del suelo y el ecosistema consiguen obtener alimentos de máxima calidad nutritiva y sensorial, respetando el medioambiente sin la utilización de productos químicos de síntesis. Los requisitos para que se certifique una producción ecológica son varios y su objetivo es garantizar la integridad y la autenticidad de los productos.

"Los reglamentos para operar en la industria ecológica son reglamentos de la Unión Europea. Se imponen unos criterios que se deben cumplir y se establecen medidas de control y supervisión para prevenir malas prácticas y fraudes. Nuestra labor es la de encargarnos del control y certificación en Aragón y también nos sometemos a un control por parte de la ENAC (Entidad Nacional de Acreditación) para garantizar que nuestros procesos y procedimientos cumplen con los estándares de las autoridades europeas", explica Pedro Fatás.

En relación con lo anteriormente nombrado sobre precios y accesibilidad de los productos ecológicos, Pedro Fatás opina que para impulsar el consumo de estos alimentos debería facilitarse la disponibilidad del producto. "En este momento, el consumidor ‘eco’ es un consumidor concienciado, que realiza un esfuerzo por obtener los productos que saben mejor y que tienen un impacto menor en el entorno. Existe un número muy importante de consumidores que lo harían pero que, tal vez, no van a realizar el esfuerzo de cambiar de tienda o de hábitos para lograr que esos productos lleguen a su mesa. Por tanto, trabajar la cadena de suministro y hacer que el producto esté disponible sería una acción que ayudaría a impulsar el consumo de productos ecológicos", concluye Fatás.

Así, el Comité Aragonés de Agricultura Ecológica y muchos ejemplos de investigaciones sobre la aportación de los alimentos ecológicos a la salud defienden que consumir estos productos no es solamente una opción saludable, sino que además es una herramienta poderosa para mejorar parte de la realidad que nos rodea y así poder garantizar un futuro mejor a las generaciones venideras.

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