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Resurgir en la pandemia: aves fénix del pequeño comercio

La crisis sanitaria ha puesto contra las cuerdas a muchas tiendas, pero también ha brindado una pequeña oportunidad para otras, que buscan una segunda vida en nuevas ubicaciones. Es el caso de Brigadoon y El Tupé Asesino.

Penélope Sariñena regala estos días por cada compra un colgante con un ave fénix. Un explícito detalle que resume el ímpetu de su recién reinaugurada tienda, Brigadoon. El negocio, nacido hace seis años como un proyecto personalísimo en la calle Allué Salvador (bocacalle de San Miguel), vive una segunda oportunidad ahora en la calle Candalija, que une la centriquísima calle de Alfonso, con la plaza de San Felipe.

No es el único caso de mudanza en plena pandemia en busca de nuevos bríos. No muy lejos de Brigadoon, en la actualmente muy efervescente zona la plaza de San Cayetano, también acaba de reabrir el Tupé Asesino, que ha cambiado su ubicación original de la calle de San Pablo por la de la Virgen, justo enfrente del popular bar El Picadillo. Regenta esta 'boutique' especializada en moda y complementos del rock de los años 50 y 60 Lois O'Hara, a la que la crisis sanitaria ha dado, paradójicamente, el empujón que su negocio, inaugurado en abril 2018, iba necesitando.

Lois reconoce que siente "pena" por haberse ido del Gancho. Una zona por la que apostó "personalmente, porque me encanta". "Cuando abrí estaban los bares Gilda y la Pollería, funcionaba Las Armas... pero la pandemia ha paralizado todo ese ambiente de gente que acudía a la zona los fines de semana atraída por los mercadillos, los conciertos y el ambiente", cuenta Lois, quien no ha podido esperar al regreso de todo aquello cuando pasen las restricciones.

"La pandemia ha acelerado una idea que me rondaba, porque últimamente había días de cero ventas. Fue ver este local, que con la situación también pude negociar un poquito a la baja, y lanzarme", cuenta Lois quien, también, prepara una web de venta 'on line' que estará lista en poco más de una semana.

Esa presencia virtual con ventas a través de la web es la que mantuvo viva Penélope Sariñena una vez que tomó la decisión el pasado diciembre de cerrar las puertas a la calle de Brigadoon. "Me sentía desubicada, que no estaba donde quería estar, no solo físicamente sino con el propio proyecto", relata Sariñena.

Decidió parar, curiosamente, antes de que pocos meses después media humanidad lo hiciera de forma obligada. Ahora, con ánimos renovados, aunque aún con el virus flotando, esta zaragozana ha encontrado un local que, cree, le va como un guante a su tienda, en la que reúne complementos, pequeñas obras de arte y ropa de diseñadores locales y singulares y en la que, por fin, tiene también un hueco para la moda de hombre, "algo que quería desde hace mucho tiempo".

Todo encaja ahora para Penélope. Para empezar, se siente muy representada por el local, que ocupaba una tienda de ropa (cuya dueña se jubiló) y, antes, una joyería. Por ello tiene una curiosa cámara acorazada. Y cuenta con elementos decorativos singulares, como una escalera de caracol, de aires setenteros, que conduce a un piso inferior para el que Sariñeña, una enamorada del cine y la música, ya planea actividades. Su reapertura da, también, particular sentido al nombre de la tienda, 'Brigadoon', que homenajea a la película musical de Vincent Minelli, en la que un pueblo aparece y desaparece una vez cada cien años.

Brigadoon y El Tupé Asesino se unen así a otros traslados anteriores a ese entorno, como el de la Boutique Paloma, y completan un florecer de aperturas, como las de las  cafeterías Formidable (calle Prudencio) o Justicia Coffeeshop (plaza de San Cayetano), el bar Gorila (calle Ciprés) o las tiendas de producto a granel Erre que erre (Torre Nueva) Así sin más (Espoz y Mina).

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