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Las floristerías que germinan en Zaragoza en plena pandemia

En los últimos meses han abierto nuevas floristerías en la capital aragonesa. Detrás de sus mostradores hay emprendedoras que han apostado por fundar comercios con personalidad.

Fachada del espacio floral Malayerba, en Zaragoza.
Fachada del espacio floral Malayerba, en Zaragoza.
EF.Malayerba

Las plantas continuaron floreciendo este año a pesar de que algunos seres vivos vivieron una primavera un tanto diferente. A la par que los capullos de flores se abrían, algunos proyectos de floristerías comenzaban a germinar en Zaragoza, regados con la ilusión y el tesón de emprendedoras. Han apostado por levantar la persiana de sus negocios, por sacar las macetas a las calles.

La madre de Lourdes y Miriam Frago, dos hermanas zaragozanas, siempre les regaló flores cuando eran pequeñas. Ese recuerdo de niñas se convirtió en una predilección por las plantas a lo largo de su vida que afianzaron hace menos de un mes con la apertura de su floristería: Espacio Floral Malayerba. La apariencia del nombre no hace honor al fino negocio. "Las malayerbas resisten, son fuertes, sobreviven en cualquier rincón con apenas nada… y nosotras somos un poco así porque hemos tirado para adelante", explica Lourdes, ingeniera agrónoma.

Lourdes Frago, en primer término, con su hermana Mirima, al fondo.
Lourdes Frago, en primer término, con su hermana Mirima, al fondo.
HA
"Las malayerbas resisten, son fuertes, sobreviven en cualquier rincón con apenas nada… y nosotras somos un poco así"

Macetas, kokedamas -plantas con la tierra cubierta de musgo- y varas viven bajo el lema "al mal tiempo, buenas flores". Ahora también tiestos de acebo, gaulterias, ardisias o flores de Pascua que auguran la Navidad. La gran mayoría son naturales, aunque también ofertan liofilizadas o preservadas, con las que decoran urnas, y flores de tela. A pesar de que levantaron la persiana de Malayerba hace menos de un mes, llevan años "charrando" sobre la idea de fundar una floristería. Sabían el modelo de negocio que buscaban y tenían claro que iba a ser juntas, querían trabajar mano a mano, codo con codo. "Hacemos el equipo perfecto", determinan, ya que las experiencias y caracteres de una y otra cuajan.

Lourdes, ingeniera agrónoma, ha trabajado en escuelas talleres. Por su parte, Miriam estudió Trabajo Social y estaba en la plantilla de un supermercado desde hacía veinte años. "Estaba un poco estancada, muy acomodada...", reconoce. Recuerda que las primeras semanas del confinamiento fueron duras al ser personal esencial y, tras un inicio de primavera complicado, la idea de montar una floristería maduró en mayo. "Buscar algo más", eso es lo que les llevó a lanzarse. Encontraron un local de grandes ventanales y en un enclave que les pareció atractivo, entre el Parque Grande José Antonio Labordeta y el río Huerva, en la calle de la Marina Española.

Miriam Frago riega unas flores de Pascua en el espacio floral malayerba.
Miriam Frago riega unas flores de Pascua en el espacio floral malayerba.
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"La gente necesitaba alegría en las casas"

Hace años en esa zona hubo una floristería que cerró por jubilación, tal y como les han contado los vecinos a las hermanas Frago. "La gente tenía ganas de disponer de una floristería cerca, así que estamos contentas”, dicen las dos a una. Ahora están en el proceso de fidelizar clientes y consideran que el confinamiento ha dejado al descubierto cierto interés por las plantas: "La gente necesitaba alegría en las casas".

Lourdes y Miriam sostienen que la venta de flores en la capital aragonesa es "muy estacional". El Día del Pilar, Todos los Santos, San Valentín, entierros, aniversarios de bodas, nacimientos o ramos de novias acumulan la mayor parte de la demandaanual. No obstante, Malayerba no se ha concebido como una floristería más, sino que tienen previsto desplegar un amplio abanico, una gran mesa lo desvela. "Esa mesa es para organizar talleres en el futuro y también nos ronda la idea de montar un hospital para plantas, trabajar la sanidad vegetal", planean las Frago Merino. Este último proyecto surge del amor de Lourdes por la naturaleza y del interés que los ciudadanos han demostrado por el cuidado de las plantas: "Nos bajan a la tienda con las hojas de la planta para que veamos qué les pasa o con fotos". En el horizonte tienen más ideas, como un servicio de jardinería, que ya han empezado a demandarles.

Ruth Albero arregla unas flores en la puerta de Artefacto, en la calle de San Pablo.
Ruth Albero arregla unas flores en la puerta de Artefacto, en la calle de San Pablo.
HA

Las margaritas son una llamada a los viandantes en Malayerba, igual que varias macetas decoran la puerta de Artefacto, un local a la entrada de la calle de San Pablo donde se dan cita las obras de varias artistas. Las flores las cuida Ruth Albero, quien encontró su pasión por ellas "un poco de casualidad". "Empecé a trabajar en una floristería como apoyo para el Día de la Madre y un mes más tarde decidí estudiar la titulación oficial en Madrid, en la Escuela de Arte Floral Española, y después el de oficial de florista en la de Barcelona", cuenta Albero. Tras 15 años en el gremio decidió establecerse, no obstante, la llegada del coronavirus aplazó la inauguración unos meses. 

Las floristerías donde ha trabajado han condicionado el estilo de sus creaciones hasta conseguir uno propio y hace cuatro años se lanzó al cultivo en un huerto de 50 metros cuadrados. "En este tiempo me he especializado en flores que son difíciles de conseguir, por el transporte, porque son variedades muy especiales que compro en casas inglesas", expone Albero, que pone el énfasis en las tonalidades. Dalias, zinnias o girasoles son algunas de las variedades que trabaja. "El covid ha marcado la temporada, ha sido un poco más floja porque el confinamiento coincidió con la época de plantar los semilleros y no lo pude hacer entonces, sino en junio, así que la planta no se ha desarrollado igual".

La proximidad con el cultivo ofrece unas creaciones "especiales". Plantas aéreas, rutiplantis -plantas en frascos decorados con animales-, arreglos en recipientes de cristal o conjuntos de flores preservadas son sus algunos de sus trabajos.

La respuesta de los clientes

Ambas floristerías celebran que han tenido una "buena acogida". "Los comercios de proximidad dan la vida a una ciudad y con el confinamiento hemos llevado un palo grande. El comienzo es lento, pero estamos contentas", señala Albero de Artefacto, quien valora el hecho de compartir espacio con Lorena Cosba. "Vienen muchas mujeres, pero cada vez hay más hombres que se interesan por plantas y matrimonios jóvenes que se acercan con sus hijos de 4 o 5 años para enseñarles los nombres de las flores", analizan desde Malayerba.

A esos años, a su infancia, regresa Lourdes Frago para encontrar su vínculo con las flores: "En el cole había que llevar una planta y llevé unos pendientes de la reina. La cuidé en la clase y después en casa. Lo tengo grabado, no sé si por eso estudié ingeniería agrónoma". No es el único recuerdo que hay en esta floristería: en una de las paredes luce un espejo dorado colgado, se intuye que antiguo. "Era de nuestra abuela Ángeles, a quién también le encantaban las flores", recuerdan ambas. Ella ya no está, pero en ese espejo heredado se refleja el trabajo y la ilusión de sus nietas, unas floristas que, como Ruth, han creído en el emprendimiento en tiempos de pandemia.

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