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periodismo y cultura

Mariano de Cavia, se cumple un siglo de la muerte del maestro de periodistas

El cronista zaragozano de política, cultura y tauromaquia, trabajó en 'El Liberal', 'El Imparcial' y 'El Sol' y fue elogiado por sus contemporáneos

Un siglo de la muerte de Mariano de Cavia.
Una de las fotos más conocidas de Mariano de Cavia. 
Campúa.

 Mariano de Cavia (Zaragoza, 1855-Madrid, 1920) fue, según diversas opiniones, la perla del periodismo de su época, un prosista versátil y trabajador, de vasta cultura e ingente curiosidad, capaz de abordarlo todo: el arte, la literatura, la política, la bohemia, la tauromaquia (donde adaptó varios seudónimos, el más famoso fue Sobaquillo) o el retrato, casi siempre con una prosa tan exacta como enjoyada si convenía, irónica, directa y mordaz, que sabía huir del resentimiento o de la angustia. Solo publicó la colección de relatos, ‘Cuentos de guerrilla’, que él denominó «olla de cuentos», y más de una docena de recopilaciones de sus artículos en ‘El Liberal’, ‘El Imparcial’ y ‘El Sol’, donde demostró su pasión por Zaragoza y Aragón.

Sin dejar de tratar asuntos de calado nacional, queda muy claro siempre su pasión por su ciudad, por Baltasar Gracián, por Goya y Costa, por el Pilar y, por supuesto, por la lengua aragonesa. Fue elegido miembro de Real Academia Española de la Lengua en 1916, y se moriría el 14 de julio de 1920 cuando ultimaba su discurso sobre el lenguaje aragonés.

Dandy, bohemio y provocador

Mariano de Cavia nació en 1855, en la calle Manifestación, donde está hoy el hotel Catalonia. Era hijo de un notario, y estudió Humanidades con los jesuitas en Carrión de los Condes (Palencia). Fue un gran lector desde muy pronto, inteligente y apasionado. Se matriculó en Derecho en la Universidad de Zaragoza, pero no se sintió llamado por las leyes, y sí por el periodismo. Empezó a redactar sus primeros textos e inició pronto su formación en el ‘Diario de Avisos’, el ‘Diario de Zaragoza’ y en la revista ‘Aragón’. Cofundó en 1881 el periódico satírico semanal ‘Chin-Chin’, que solo duró seis números. Para entonces, con 26 años, Cavia ya había dado muestras de su talento, y dio el salto a Madrid en 1881.

Vivió una historia de amor con la joven Pilar Alvira y Almerich, pero la familia de ella no aprobó la relación. Ambos debían estar muy enamorados porque aceptaron separarse con una promesa, que cumplirían: se mantendrían solteros de por vida. Cavia llegó y colaboró en varios medios hasta fichar por ‘El Liberal’, donde sería considerado «la perla» y «la exquisita perla» de la redacción.

Su figura no pasaría inadvertida. Ni por su talento con la pluma, ni por su condición de bohemio que pedía en los bares recado de escribir, ni por su condición de dandy, que usaba un vestuario más o menos a la moda, atildado y elegante, tan refinado como su expresión (Ortega Munilla, padre del filósofo Ortega y Gasset y maestro de periodistas, diría de él: "Esencia del alma del gran satírico eran el jubiloso pensar y el elegante decir"), pero también reclamaba atención su debilidad por el alcohol, que le llevaba a vivir situaciones incómodas, por no decir patéticas.

García, Manso y El Prado

Vivió durante casi 40 años en el hotel Términus, y tuvo dos secretarios: primero García y, tras su muerte, Manso, que lo acompañaban en sus salidas y lo devolvían a su casa. Fue el primer periodista que le había puesto un piso –y no vivió en él– a sus libros en la carrera de San Jerónimo.

Mariano de Cavia, chispeante y atrevido, destacaba también por su audacia. En ‘El Liberal’, donde se reafirmó tras unos meses en la dirección del ‘Diario de Tarragona’, firmó un artículo que fue una denuncia y una provocación el 25 de noviembre de 1891 en ‘El Liberal’: ‘La catástrofe de anoche. España está de luto. Incendio del Museo de Pinturas’. Cavia, ingenioso siempre, contaba un incendio imaginario en el Museo del Prado. El texto quería denunciar las pobres medidas de seguridad de la pinacoteca. El artículo provocó un enorme impacto social que obligó a revisar los métodos contra el fuego al ministro Linares Rivas. Aunque al final el lector atento descubriese que había sido una broma, el texto tuvo una continuación al día siguiente: ‘Por qué he incendiado el Museo de Pinturas’. Concluía así: "¿No es esto mejor, y más sano para la patria, que llorar por lo irremediable? Hemos inventado una catástrofe… para evitarla".

En 1917, querido y admirado por todos, desde su gran amigo Blasco Ibáñez a Unamuno, desde Clarín a Azorín, ingresó en ‘El Sol’. Más pesimista que rencoroso, en los últimos tiempos la enfermedad lo arrumbó en una silla de ruedas y reposó unos días en Alhama de Aragón. Murió en Madrid, pero su cadáver fue trasladado a Zaragoza y velado en el Paraninfo, antes de ser enterrado en Torrero. Unos meses después, HERALDO costeó un busto, que está en la plaza de Aragón, y Blasco Ibáñez dijo en su elogio fúnebre: "Fue mi mejor amigo. Y fue algo más que un periodista maestro: fue un gran pensador y un sutil defensor de ideas nuevas".

EL ANECDOTARIO

En los últimos tiempos, Mariano de Cavia ha sido objeto de varios estudios de Enrique Pardo Canalís, Mariano Faci, María Angulo o Javier Barreiro. Y se han reeditado varios títulos suyos, entre ellos ‘De pitón a pitón’, firmado por Sobaquillo. Cavia no era un crítico taurino, sino un comentarista que se explayaba en el aroma de la fiesta, el contexto, todo lo que sucedía en el entorno del rueco. Cosechó elogios:

Autorretrato: "A un periodista le está permitido todo menos ponerse triste".

Unamuno: "Cavia es el ejemplo más característico del puro periodista y, a la vez, del periodista puro".

Blasco Ibáñez: "Introdujo la crónica y la cultivó con tan soberana maestría, que cuantos han escrito y escriben después de él, tienen que confesarse sus discípulos». 

Clarín: "Era un periodista que tenía dentro un literato; un literato que quería, por lo pronto, ser periodista; en sus artículos, al lado de la malicia, del ingenio, había cierta inocencia de la pureza ideal".

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