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Marcos Luna, el último brillo de la cantera del Real Zaragoza

Desde 2016, han debutado en el Real Zaragoza 27 futbolistas formados en la Ciudad Deportiva.

Marcos Luna, en el entrenamiento del Real Zaragoza en La Romareda.
Marcos Luna (centro), en el entrenamiento del Real Zaragoza en La Romareda.
Guillermo Mestre

La irrupción de Marcos Luna, su debut oficial con el primer equipo frente al Villarreal B y su reciente renovación hasta 2026 con su primer contrato profesional confirman la próspera salud del fútbol formativo del Real Zaragoza

Una cantera que, conforme el club se ha enquistado en la Segunda División durante las últimas diez temporadas, ha ido dejando de ser un anécdota testimonial para convertirse en una seña de identidad más de sus proyectos deportivos. Desde el descenso de 2013, con Marcos Luna como último destello, han debutado con el primer equipo hasta 44 jugadores moldeados en su fútbol base o filial. A ellos, hay que añadir otros tres forjados en la Ciudad Deportiva que llegaron al Real Zaragoza profesional después de un puente más o menos largo en otros equipos: Edu García, Dorado y Linares.

Aunque durante este tiempo no ha faltado temporada en la que un canterano saltara al primer equipo, en este proceso, la campaña 2016-2017 marca un punto de inflexión. Desde entonces, los diferentes debuts de canteranos abandonan su mayoritario carácter pasajero para adquirir más continuidad, presencia y relevancia, consolidándose así como promociones en el amplio sentido del término. En este periodo, incluyendo a Marcos Luna, 28 canteranos se han estrenado como zaragocistas, pero lo más significativo es lo siguiente: 15 de ellos se afianzaron como jugadores del primer equipo, jugando al menos diez partidos oficiales, de Segunda o Copa del Rey. Es decir, los cachorros no solo llegan, sino que también se quedan.

Siete de ellos se integran ahora en la plantilla de Juan Carlos Carcedo: Ratón, Lasure, Nieto (él en realidad debutó brevemente en 2014, pero se asentó en 2018), Francés, Francho, Iván Azón, y Puche. Otros, como Guti (Elche), Soro (Granada), Pombo (Racing), Delmás (Cartagena) y Clemente (Las Palmas), se han ganado su espacio en el fútbol español. Y Pep Biel (Olympiacos), en el internacional. Por su parte, Raí (EC Bahía) debió regresar a Brasil y Nick Buyla sigue sin equipo tras rescindir en agosto su contrato. En este grupo, también cabe incluir a Marc Aguado, debutante efímero en Copa hace tres temporadas, pero que ahora pertenece ya a la primera plantilla y ya ha cuajado como futbolista profesional en Segunda en el Andorra, donde está cedido.

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Además, varios jugaron minutos en liga o copa: Xiscu, David Vicente, Zalaya, Torras, y Ahmed -estos ya fuera del club-, Borge, Javi Hernández, Sola y Rubio -en el filial-, además de Baselga, Carbonell o Ángel López -cedidos en otros equipos-.

Esta cadena formativa no tendría sentido sin sus dos estamentos clave: una dirección deportiva que cree en ella y un entrenador del primer equipo atrevido. El ascensor puede subir, pero la puerta de arriba -la importante- la tiene que abrir alguien. En el Zaragoza, ese papel crucial lo desempeñó Lalo Arantegui con su llegada en febrero de 2017 a la dirección deportiva. Durante su gestión hasta diciembre de 2020, la cantera se consolidó como un principio fundamental del proyecto deportivo de club: las oportunidades en el primer equipo crecieron en cantidad y calidad, con la promoción de la mayoría de los jugadores antes mencionados -todos, excepto Ratón y Puche-.

Unos meses antes, el Zaragoza había comenzado a regenerar su proyecto formativo. En junio de 2016, había nombrado a Ramón Lozano director de la cantera. Y ese agosto, se designó a José Luis Arjol como responsable de una nueva área de metodología y conocimiento. Estos movimientos modernizaron y homogeneizaron las diferentes etapas formativas de la Ciudad Deportiva.

La cantera se convirtió así en un elemento estructural del proyecto del primer equipo. Comenzó a desarrollarse una guía de juego transversal, instaurándose así una metodología, una idea táctica y un estilo que fomentasen una cultura de club. Entre los diferentes departamentos, desarrollaron un corpus futbolístico que fortaleciera la identidad del Real Zaragoza y facilitara los procesos del futuro. Se elaboró así un idioma para toda la estructura: desde el primer equipo hasta el alevín. Todos los equipos de la pirámide pasaron a jugar con un formato táctico de referencia y sus variantes.

Este modelo unitario y centrado más en la formación que en los resultados de los equipos base se ha desgastado en las últimas dos temporadas.

Sin embargo permite, en gran medida, entender por qué a los jugadores que pisan el primer equipo les cuesta tan poco saltar el escalón y adaptarse: no solo llegan formados, sino que se encuentran con compañeros que han crecido en idéntico contexto. De este modo, se explican exitosas generaciones, como la del 99 de Soro o Clemente, o la del 2001-2002, de Francés, Azón o Francho.

Ellos, como Marcos Luna, son los frutos de un árbol que ha sido vía de supervivencia deportiva y económica del Zaragoza en estos tiempos de necesidad. Desde 2015, la ventas de Diego Rico, Jesús Vallejo, Pombo, Guti, Pep Biel y Alberto Soro le han generado al club ingresos cercanos a los 21 millones de euros. Han sido un patrimonio de vida. Activos esenciales para la viabilidad de la sociedad anónima deportiva.

Jorge Mas, presidente, y Raúl Sanllehí, director general, han reafirmado su apuesta por esta línea con la cantera. El futuro depende de ello. También del trabajo común entre departamentos, eficazmente dirigidos por los máximos responsables del primer equipo. El tiempo nos dirá si Marcos Luna es los puntos suspensivos de una etapa, o el punto final.  

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