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Los 1.700 vecinos desalojados por el incendio en Ateca vuelven a casa aliviados tras quedar estabilizado el fuego

Celebran con aplausos en el pabellón de Catalayud el anuncio de que ya pueden regresar. La preocupación entre los que viven en Moros fue máxima al ver los graves daños en los campos.

El incendio de Ateca queda estabilizado y los desalojados regresan a sus casas.
El incendio de Ateca queda estabilizado y los desalojados regresan a sus casas.
JMACIPE

"¡Por fin estamos en casa! A ver con qué nos encontramos". Resumía con esta frase Julio Wick el sentir de todos los vecinos de Moros al llegar al pueblo. Sabían, de antemano, que el virulento incendio de Ateca se había cebado con ellos. Lo confirmó la estampa de la localidad, que era realmente desoladora. Aunque la mayor parte del casco urbano se ha salvado, los campos están calcinados. Para algunos las llamas han arrasado lo que era su forma de vida. Celebraron, no obstante, que solo son daños materiales, y confiaron en que se cumpla la promesa de Pedro Sánchez de que se ayudará a los territorios afectados. La Diputación de Zaragoza ya ha solicitado, de hecho, la declaración de zona catastrófica. Con los de Moros, rondaban los 1.700 los desalojados que regresaron a Villalengua, Alhama de Aragón, Bubierca y Castejón de las Armas.

Con aplausos celebraron en el recinto ferial de Calatayud el anuncio de que podían volver a casa. Tras tres jornadas de muchos nervios y de un trabajo intenso, los efectivos que combaten el fuego de Ateca consiguieron darlo por estabilizado. Estremecía ver anoche desde la plaza de Moros, a pesar de ello, cómo los bomberos refrescaban el terreno ennegrecido y cómo se reavivan las llamas en una vieja vivienda.

Los que decidieron utilizar el autobús fletado por la comarca Comunidad de Calatayud pisaron Moros pasadas las 21.30. Un equipo de psicólogos esperaba para reconfortar a los recién llegados. Porque la preocupación era máxima; sobre todo, para las personas mayores, a las que les podía suponer un gran disgusto comprobar los graves daños causados por el fuego.

María Jesús González, de 81 años, viajó a Moros desde Zaragoza, donde ha permanecido con su hijo y su nuera desde que la obligaron a dejar el pueblo. "He venido a mi casa y me he quedado tranquila, aunque las llamas han llegado a la linde. Estoy feliz de poder volver, pero los jóvenes se han llevado la peor parte. Nosotros ya lo tenemos todo hecho, pero ellos van a tener que bregar mucho", lamentó. Advirtió, además, de que habrán de pasar diez años para "ver los árboles crecer".

Beatriz Júdez también llevó a su madre, Angelines Rodríguez, de 79 años, de vuelta a Moros. "En cuanto han dicho que se podía regresar ha pedido que la trajésemos. Ella ya se queda. No quiere salir de aquí", explicó.

Al llegar comprobaron que las viviendas tenían electricidad y agua. Desde la comarca les facilitaron botellas de agua por si salía demasiado turbia a causa del incendio.

El casco urbano de Moros, que se encuentra elevado, se ha salvado en gran parte, aunque los rescoldos son la prueba palpable de que las llamas rodearon algunas viviendas. En la parte más baja, la de San Babil, las paredes de los inmuebles están ennegrecidas. Se han quemado varias construcciones deshabitadas de adobe y ladrillo y algunos pajares. Cuando uno mira alrededor solo ve pinos calcinados y fincas completamente arrasadas. Es el término municipal que ha corrido peor suerte.

La desolación es patente cuando se circula por la carretera entre Ateca y Moros, que ayer se abrió al tráfico, aunque el acceso al núcleo estuvo cortado hasta la noche. A un lado de la vía se ve una casa de dos plantas arrasada y, junto a ella, un vehículo calcinado. Poco queda en pie de la cooperativa frutícola.

La autorización para que volvieran a casa se adoptó en la reunión de las 19.00 del Centro de Coordinación Operativa Integrada (Cecopi) tras constatar que el fuego, tras afectar a 14.000 hectáreas y alcanzar un perímetro de 72 kilómetros, se daba por estabilizado. Deberán pasar varios días para que se dé por controlado y extinguido.

A media tarde, solo se podía acceder ‘legalmente’ a Moros escoltados por la Guardia Civil. Así lo hizo una treintena de vecinos para alimentar a sus animales o para recoger algunos enseres.

Dos de ellos, Javier Bueno y su hija Arantxa, acudieron a comprobar cómo estaban sus dos perros de caza: Vera, de 6 años y Eros, de año y medio. "Había bajado de regar a comer. Ni me imaginaba lo que se nos venía encima. Tenía a los perros atados fuera y pedí que me dejaran tiempo para soltarlos, porque sabía que así ellos iban a poder sobrevivir", relató. Los encontró sanos y salvos, algo hambrientos y sedientos, eso sí. Hoy pensaba ya en ir a regar sus frutales y "salvar todo lo posible".

Esta familia reside en la calle San Blas. Las llamas no llegaron hasta su domicilio, pero se quedaron a una veintena de metros. Las frenó un pequeño paseo que bordea la zona bajo una ladera que pasto del fuego. Más allá de los daños, todos los vecinos se salvaron, Y eso fue lo más valorado.

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