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patrimonio

Las farolas más curiosas, singulares y discutibles de Zaragoza

Entre los casi 7.000 postes de luz de la ciudad hay algunos con mucha historia. La farola monumento de la plaza de Santa Cruz luce con tres de sus cuatro brazos rotos.

El pastiche estético de farolas en el centro de Zaragoza es considerable.
El pastiche estético de farolas en el centro de Zaragoza es considerable.
Heraldo

Durante muchos años los puntos de luz en las calles de Zaragoza fueron cosa de Averly. Gracias a la fundición zaragozana se popularizó la llamada farola alfonsina, de forja e inspiración decimonónica, del estilo de los 35 ejemplos que pueden verse en la calle Alfonso. Con el paso de los años y dado que no hubo uniformidad alguna en los proyectos urbanísticos, en Zaragoza se han ‘plantado’ farolas de todo tipo y condición, desde las ochenteras de la plaza de San Bruno, a las rectilíneas de Independencia pasando por las forradas en mural cerámico de la prolongación de Cesáreo Alierta.

Según el Ayuntamiento de Zaragoza, la ciudad cuenta con más de 84.000 lámparas sostenidas sobre unos 72.000 soportes. Hay mucha farola anodina pero también algunas con miga e historia, que -incluso- han generado no poca polémica. ¿Por qué en Conde de Aranda se rinde tributo a Fernando VII? ¿Por qué las del obelisco de la plaza de Europa están hechas con misteriosos octaedros? ¿Pondrán arreglo los munícipes o dejarán morir la farola de cuatro brazos del centro de la plaza de Santa Cruz?

Esta última atraviesa malos tiempos. Lleva en la plaza desde 1937 pero nunca ha lucido peor aspecto. Fue el arquitecto Regino Borobio quien concibió una monumental cruz de hierro forjado que a la vez debería cumplir la función de farola "singular" de cuatro brazos para iluminar la plaza. “Su diseño queda a medio camino entre la tradición y la modernidad. La tradición, por la aplicación de la técnica de la forja y por la iconografía cristiana; y la modernidad por su simplicidad formal y compositiva”, se lee en el catálogo de arte urbano de Zaragoza. La cruz está confeccionada en hierro por Manuel Tolosa y siempre ha estado en el punto de mira en los momentos de revisión de la memoria histórica, pues incluye una inscripción cerámica en azulejos que pide “una oración por los mártires de la guerra” y se considera un memorial a los caídos. En las fotografías antiguas se aprecia como unos ángeles circundan la leyenda ‘Ave Crux’, pero muchos de estos elementos se han ido perdiendo con el paso de los años.

Según explican fuentes del área de Infraestructuras, la farola se rompió la semana pasada por la caída de una rama por una tormenta. "Se reparará en breve, pero no se ha podido hacer de forma inmediata porque son faroles singulares de los que no hay en el almacén ni los tiene un proveedor", explican, al tiempo que recuerdan que se acaban de adecuar los pavimentos y de arreglar los jardines de la plaza.

La farola de la plaza de Santa Cruz, en la actualidad, vandalizada.
La farola de la plaza de Santa Cruz, en la actualidad, vandalizada.
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Otras luminarias que dieron mucho de lo que hablar en su día son las que recorren el puente de Piedra. Hoy el viandante se ha acostumbrado a esas antorchas, pero su disonancia estilística con la estructura medieval aún a 14 metros de altura fue objeto de debate en no pocos plenos municipales. Para colmo de males, los grafiteros se ceban en firmar con spray los postes -se suelen limpiar una vez al mes- y ya en su día hubo que retirar los focos a ras de suelo que iluminaban las aceras del puente. Solo en el Casco Histórico se contabilizan hasta doce modelos distintos de farolas, lo que da idea de que el pastiche estético se ha impuesto a la supuesta uniformidad a la que aspiran las ordenanzas. En la plaza de San Bruno y el paseo de Echegaray y Caballero es donde los urbanistas hicieron gala de más ‘creatividad’ con todo tipo de postes y colores, al igual que de pavimentos o papeleras...

Mientras que en el Coso se trata de conservar el estilo decimonónico, el cercano paseo de Conde de Aranda está poblado de una serie de farolas que no son del gusto de todos los zaragozanos. No por su estética, que sí presenta muchas similitudes con la forja propia del siglo XIX, sino por su significado y sus inscripciones de la parte baja. En 2004 se colocaron estas 139 farolas en las que se ve lee en grandes trazos y con un dibujo historiado ‘F-VII-F’, en claro homenaje al rey Fernando VII. De hecho, está inscrita hasta la fecha de 1832, que fue el año en el que el monarca absolutista impuso su estilo al mobiliario urbano partiendo de Madrid y siguiendo, en forma radial, a toda España.

Un detalle de las inscripciones en las farolas fernandinas de Conde de Aranda.
Un detalle de las inscripciones en las farolas fernandinas de Conde de Aranda.
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Aunque si de farolas discutibles y polémicas se trata hay dos que se llevan la palma. Por un lado, las modernas, torcidas e inclinadas de la plaza de Eduardo Ibarra, que incluso en un principio hicieron pensar a los viandantes que se trataba de un fallo de colocación. Por otro, las que diseñó el arquitecto Iñaki Alday para la reforma del paseo de la Independencia en 2002 y que han sido calificadas de patíbulo en mil y una ocasiones. “Son unas farolas muy distintas y ya esperábamos que fueran controvertidas. Es normal que haya polémica porque, además, estas han sido unas obras condicionadas por la coyuntura municipal y muy politizadas”, dijo el arquitecto poco después de su estreno.

En los últimos años también ha habido otros estilos que se han salido ‘de la norma’ como las de la plaza de Europa o las que se instalaron más recientemente en la prolongación de Cesáreo Alierta. En el primer caso, se buscaron unas luminarias en consonancia con el enorme obelisco y el pavimento de la plaza que forma una estrella de doce puntas. En cada uno de los extremos se colocó una farola coronada por dos tetraedros unidos, que -dicen- hace alusión a los miembros de la Unión Europea y a las resonancias del ‘axis mundi’. Respecto a las del paseo que conduce al pabellón Príncipe Felipe, lo llamativo de estas farolas es que están forradas en la base en piedra de Calatorao y cubiertas de un mural cerámico de los que abundan en los patios de la Romareda. El diseño es de Jorge Encalado, quién completó una composición de estética cubista, en la que se adivinan mantel, una botella o un trozo de pared de ladrillo.

Como curiosidad, finalizaremos este repaso con otros puntos de luz ubicados en las afueras de Zaragoza, en el Jardín de los Pensamientos, junto al hospital Royo Villanova. El artista Ricardo Calero concibió un parque que gira en torno a las etapas de la vida. Simbólicamente en un lateral se instalaron tres farolas de creciente altura (a 5, 6 y 7 metros) para simbolizar también el crecimiento y la evolución de las personas. Su cometido es “iluminar los pensamientos de noche”, explican.

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