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El Ayuntamiento retoma el proyecto para unificar los criterios estéticos de la ciudad después de tres años de parón

En el próximo Plan General se incluirán pautas para dar un tratamiento homogéneo a fachadas, toldos y mobiliario urbano. Solo en el Casco hay doce modelos de baldosas diferentes, siete tipos de farolas y seis diseños de papeleras distintos.

Vista general de la calle Alfonso I con el Pilar al fondo
El Ayuntamiento retoma el proyecto para unificar los criterios estéticos de la ciudad después de tres años de parón
Oliver Duch

Cuatro años después de que se redactara el borrador de la ‘ordenanza de diseño y protección del paisaje urbano’ –y tres años después de que quedara olvidado en un cajón–, el Ayuntamiento retoma sus planes para establecer unas directrices que eviten el actual pastiche estético de Zaragoza. Esta nueva intentona no pasará por redactar una normativa propia, sino que las pautas para procurar un tratamiento homogéneo en fachadas, rótulos, materiales y mobiliario urbano se van a incluir en la revisión del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), cuya nueva versión podría aprobarse antes de final de año.

Hasta el momento, los grupos municipales se han reunido en un par de ocasiones para diseñar y definir del nuevo PGOU, que recibirá otro impulso con una nueva cita ya convocada para el 15 de septiembre. Los servicios técnicos del área de Urbanismo están vertiendo en este documento sus propuestas sobre la regulación del paisaje urbano que recogen muchas de las ideas ya planteadas en 2014, según explica la concejal de CHA Leticia Crespo, dado que la propuesta original partió de su grupo municipal durante el anterior mandato.

Los urbanistas mandan

Las instrucciones tratarán de poner orden en la heterogeneidad de mobiliario urbano, el pavimento, el tratamiento de fachadas y los letreros de establecimientos, dado que en la actualidad hay una miscelánea desbordante. Sin salir del Casco Histórico, del Coso a Echegaray, se pueden reconocer una docena de modelos de baldosas diferentes o siete tipos de farolas distintas. El problema, según fuentes municipales, es que hasta la fecha prevalecía la decisión el arquitecto, urbanista o proyectista que renovaba cada calle (Iñaki Alday, por ejemplo, en Independencia o el eje del tranvía) pero la administración no velaba por dar una coherencia ni unos criterios uniformes a la escena urbana.

Tiene su lógica que la normativa sobre el ornato público se incluya dentro del PGOU porque este documento es tan amplio que abarcará competencias ya reguladas en otros reglamentos como los de zonas verdes, veladores, actividades publicitarias e, incluso, cementerios. Así, será un complemento del Plan General y es poco probable que incluya un régimen sancionador porque se entiende que las multas se contemplan en cada regulación específica.

Pero, ¿cuál es el objetivo último de la propuesta? En esencia, acabar con el indeseable festival estético que se ve en las calles y converger hacia un criterio común (lo que no significa que exista un tratamiento unitario) para "proteger el corazón urbano". A través de una paleta de colores para reformar fachadas o de reglas para la decoración de las terrazas se buscará una identidad visual propia de la que carece Zaragoza. Incluso en el Casco Histórico, a pesar de los esfuerzos del PICH para que "como espacio singular tenga también un tratamiento singular", se siguen viendo desmanes como rótulos luminosos inadecuados, cableado aéreo impropio del salón de la ciudad o un mosaico de baldosas y losetas de diferentes inspiraciones: nada tiene que ver el entarimado del balcón de San Lázaro con el adoquinado de Pabostría o con las losas de ónice iraní y el mármol travertino de la plaza de la Seo.

Hasta ahora, el único criterio que seguía el área de Infraestructuras para elegir pavimentos es que estos fueran cómodos, seguros, estables y, sobre todo, que exista suministro y se puedan reponer en caso de rotura. En Zaragoza aún predominan las baldosas de ‘cuatro pastillas’, aunque su identificación con la ciudad clásica y algo rancia hizo que en los últimos años se impusieran las baldosas de textura de pizarra. Sí es cierto que para el Casco Histórico siempre se ha apostado por terminaciones pétreas en tonos cálidos y rojizos, y que en los últimos años se han ido sustituyendo los adoquines de muchas calles (incómodos y caros de reponer) por hormigón coloreado.

¿Otros aspectos que contemplará este anexo del PGOU? Medianeras, cerramiento de solares e, incluso, maceteros, pues cuentan que –por ejemplo– los de la calle de Alfonso I son tan singulares que , cuando se rompen, tardan en reponerse porque no los hay en ‘stock’. También se intentará que los carteles y rótulos comerciales no sean en exceso estridentes, aunque a este respecto ya hay una normativa de 1998 en línea con las exigencias de la comisión provincial de Patrimonio que prohibió los neones en fachadas de edificios catalogados y protegidos. Así, se vetarán también ciertos toldos o aparatos de aire acondicionado que se asoman en según qué fachadas y se pedirá que la cartelería en zonas emblemáticas esté confeccionada con materiales tradicionales como hierro, bronce o madera.

Siete zonas especiales

Si se respeta el espíritu adelantado en el borrador de la ordenanza, habría siete ‘zonas especiales’ en las se multiplican las pautas en lo referente a su ornato y a las rehabilitaciones. Son cinco espacios que se refieren al corazón de la ciudad (plaza del Pilar, calle Alfonso, Independencia, San Vicente de Paúl y plaza de los Sitios), que se amplían también a la calle de Conde de Aranda y al entorno del paseo de Fernando el Católico y la plaza de San Francisco. Hay detalles curiosos como que las fachadas de la calle de Alfonso I han de ser claras y evitar el ladrillo visto, que en San Vicente de Paúl los edificios no han de superar los 18 metros de altura o que en el entorno de la plaza del Pilar las cubiertas serán de teja árabe.

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