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PATRIMONIO

César Augusto, un símbolo de la ciudad entre algodones

La estatua del fundador vuelve a afrontar durante un par de semanas trabajos de limpieza y mantenimiento. No es la única obra de arte delicadísima en la vía pública.

La estatua de César Augusto ha vuelto a cubrirse de andamios esta semana.
La estatua de César Augusto ha vuelto a cubrirse de andamios esta semana.
José Miguel Marco

Es una de las esculturas más queridas por los zaragozanos (con permiso de la ranita a sus pies) y, también, de las que más quebraderos de cabeza causan a los especialistas en Patrimonio. El Augusto Prima Porta, frente al Mercado Central, vuelve a lucir estos días entre verjas y andamios, dado que se han iniciado una serie de trabajos de limpieza de la estatua. Las unidades técnicas de Restauración y Patrimonio Cultural del servicio de Cultura tratarán de dejar la efigie como nueva, después de que se hubiera acumulado sobre ella “mucho polvo con motivo de las obras del Mercado Central y del desmontaje de la carpa provisional”, explican fuentes municipales.

Es la de César Augusto uno de los monumentos de la ciudad que más cuidados recibe por la importancia de su simbología y, también, porque su ‘gestación’ no fue precisamente sencilla. La estatua fue un regalo de Mussolini a la ciudad en 1941 y cuando se quiso hacer una réplica en Fundiciones Villaguz, en Villanueva de Gállego, se descubrió que no era completamente de bronce, sino que al aplicar los óxidos y el fuego del proceso surgían una serie de agujeros en la estatua. ¿El motivo? Durante la Primera Guerra Mundial, las aleaciones de cobre y estaño eran muy deseadas por lo que se debió recurrir a la fundición con plomo (metal de menor valor) para confeccionar el regalo. De ahí también la pátina del color verdoso que presenta la escultura.

No es este el único monumento que al estar a la intemperie en plena calle sufre deterioro tanto por la contaminación o la humedad como por el vandalismo. De hecho, los técnicos de Cultura conocen a la perfección cómo funcionan los anclajes de muchos de ellos porque en infinidad de ocasiones han tenido que llevárselas a los talleres municipales para limpiarlas. “Hay algunos tan delicados que hay que restaurarlos casi cada año porque son muchos agentes externos los que los ponen en jaque”, comentan desde el Consistorio, donde lamentan que hay que invertir cada vez más para, por ejemplo, limpiar los grafitis de las más de 200 esculturas esparcidas por toda ciudad.

El vandalismo es el enemigo número uno del arte en la esfera pública, pero es cierto que otros agentes tampoco ayudan a frenar el deterioro. Las cotorras, por ejemplo, puede hacer sus nidos en lo alto de las esculturas de los parques y esto es un riesgo no solo por sus excrementos corrosivos sino también porque el peso de los nidos puede hacer colapsar algunas estructuras.

Fuentes de los niños con peces
La antigua fuentes de los Niños con peces ya es sólo un grupo escultórico.
Heraldo

Por el contrario, también se han dado en los últimos años modelos de éxito y, por ejemplo, se ha restaurado y recuperado con eficiencia ‘la Siesta’ del paseo de Sagasta, que en su momento se planteó retirar de la vía pública para ser admirada en la intimidad interior de un museo. La escultura, obra del turolense Enrique Galcerá, se retiró en 2018 con numerosas grietas debido a la humedad que absorbía de los jardines cercanos. Cuando casi se daba por perdida, la solución pasó por incorporar un pedestal metálico que la separara de la vegetación y por rellenar todas las fisuras, además de eliminar líquenes y chicles pegados.

‘La Siesta’, como el Augusto Prima Porta, podrían optar al podio de las estatuas que más veces han tenido que ser restauradas, en donde rivalizarían con otro viejo conocido por los zaragozanos: el Neptuno del parque Grande. Cuando no es el tridente es que le falta una mano, cuando no es la mano lo que pierde es la corona, el caso es que hace años que no se puede ver la estatua en su integridad. Esta fuente, que estuvo en su día en la plaza de España, se dedicaba a Isabel II (de hecho, la fuente se llama ‘de la princesa’) y desde que se trasladó al parque el tridente le ha desaparecido, al menos, en tres ocasiones.

'La Siesta', en su regreso a Sagasta, ya con su nueva plataforma.
'La Siesta', en su regreso a Sagasta, ya con su nueva plataforma.
Heraldo

Otras esculturas que aparecen en los álbumes familiares de casi todos los zaragozanos son las fuentes de los niños con peces de la plaza del Pilar. Hace dos años se retiraron, muchos pusieron el grito en el cielo, pero a los pocos meses regresaron restauradas y, eso sí, perdieron su condición de fuente. El grupo escultórico, parte imprescindible de la memoria de la ciudad desde 1979, luce ahora sin agua pues esta era una de las responsables de la corrosión del bronce. Francisco Rallo es el autor de este símbolo, al igual que de los leones que custodian el puente de Piedra o de las musas que coronan Teatro Principal, que han sido las últimas en pasar por la ‘chapa y pintura’ de los talleres municipales.

En realidad, aunque en el Coso solo se ven cuatro alegorías, son ocho estatuas en total si se cuentan también las de la esquina de la plaza de José Sinués. Todas presentaban pérdidas de material compositivo, “con elementos próximos al desprendimiento”, según los informes de Urbanismo. Y si ocho parecen muchas, cabe comentar que en el momento de su creación se hicieron hasta 16 esculturas de este estilo, en piedra y de 2,3 metros de altura, pero la mitad se repartieron por el interior del edificio y, también, se llevaron dos a la plaza de Santo Domingo, donde escoltan la entrada del Teatro del Mercado.

'Unidad Yunta' requirió una compleja restauración en 2011.
La pieza 'Unidad Yunta' requirió una compleja restauración en 2011.
Heraldo

A pocos metros del Principal, en la citada plaza de José Sinués, está la obra ‘Unidad Yunta’, que muchos desconocen que se trata de una pieza original de Pablo Serrano. Es una “composición de acero compleja y muy difícil soldarla sin dañar sus formas esenciales”, comentan los especialistas, que indican también que, en muchas ocasiones, si el autor de la pieza es una artista aún vivo pueden dar pautas sobre cómo llevar a cabo los trabajos. Es lo que sucede, sin ir más lejos, con el aragonés Alberto Gómez Ascaso, cuyas esculturas en la plaza de España fueron repetidamente vandalizadas y, finalmente, se optó por dejar solo una, la titulada ‘Mujer con manto azul’, fabricada ya no en fibra de vidrio como sus antecesoras sino en bronce fundido para resultar más duradera.

La ‘Maternidad’ de Orensanz del parque Grande, las instalaciones en la ribera con motivo de la Expo de 2008 (de las ranitas de Arrudi al carro Water-Wagon de la Almozara) o el homenaje al Royo del Rabal del parque de la Jota han sido otras de las obras con las que habitualmente la ha tomado los vándalos. De hecho, esta última escultura, de casi tres metros y obra de Carlos Ochoa Fernández se retiró en 2017 y no volverá a la vía pública porque la continua exposición al sol y los cambios bruscos de temperatura de Zaragoza han degradado la obra por fuera y por dentro.

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